sábado, 22 de septiembre de 2012

LONDRES 2012, REFLEJO DE LA REALIDAD


En los pasados juegos,  fuera de Europa –lo dicen ellos-  España   logró pasar de una sensación inicial decepcionante a un final agridulce.

17 medallas, 3 de oro y el puesto 21 entre  más de 200 participantes para un país de 47 millones largos de habitantes y una renta de 31.000 dólares puede ser razonable siempre dependiendo del prisma con que se mire.

Nuestros representantes paralímpicos, es significativo, bastante mejor: 42 metales, más del doble, 8 de oro y puesto decimoseptimo.  

Si nos comparamos con  países del entorno y circunstancias similares podemos  hablar de  Italia.

Consiguió 28 medallas, 8 de oro, siendo el octavo en el ranking. Son 61 millones de habitantes y su renta es de 30.900 dólares.

Aunque para  ejemplos significativos por número de habitantes o grado de desarrollo podríamos mencionar a Nueva Zelanda que con 13 metales,  6 de oro nos supero acabando en el puesto 15. Los neozelandeses son solamente 4,4 millones y su renta pasa ligeramente de los 29.000 dólares.

Aun sabiendo que los anfitriones olímpicos siempre se preparan intensamente para hacer un buen papel, véase España en el 92, la verdad es que los ingleses rompieron todos los pronósticos:

65 medallas con 29 oros lo que les permitió alzarse con el tercer puesto. Los ingleses son 63 millones y su renta es de 36.600 dólares.

¡Que cada uno juzgue!

El deporte, salvo raras excepciones, no deja de ser un significativo termómetro de la sociedad; nos marca su desarrollo, educación, estado de bienestar, esfuerzo, unión o trabajo en equipo, solidaridad, circunstancias de animo etc.

Evidentemente nuestro deporte no deja de ser un fiel reflejo de lo que durante esta última década nos esta ocurriendo.

Enfrentados a una crisis sin precedentes nos encontramos con una clase gobernante que continua sin rumbo, ajena a una  situación que ha provocado, pero que le cae lejos, vista desde su atalaya  de privilegios y nivel de vida muy superior a la realidad  

Vemos como con  pasmosa irresponsabilidad  esta clase dirigente antepone sus intereses personales al interés común, incentivando la desunión del territorio las luchas internas y empobreciendo soberanamente a una España que ha estado entre los diez países más desarrollados del mundo, algunos afirman que en el octavo puesto, algo impensable años atrás.

Agobiados  por exigencias nacionalistas, que no dejan de ser proclamadas por una casta minoritaria, han permitido la desvertebración de servicios básicos como son la educación, sanidad y justicia, además de un escandaloso descontrol presupuestario de territorios empeñados en gastos desaforados de  su gigantesco aparato propagandístico imprescindible para alimentar su demagogia.

Una clase dirigente que  no quiere enterarse de que las reformas de un sistema  con más de 400.000 políticos,  una función publica con alto grado de ineficiencia o un mundo financiero en quiebra y sospechoso, son imprescindibles para la salida de una crisis que va más allá de lo económico  alcanzando lo social, la ética y los valores.

En Londres el deporte ha sido, una vez más, fiel reflejo de la realidad.