miércoles, 30 de noviembre de 2011

BUSCANDO LA FELICIDAD


-Los ilustrados del siglo XVIII, pensaban que el progreso se debía emplear para buscar la felicidad del hombre.  Aunque ni antes ni ahora se ha logrado; tenemos que pensar en encontrarla valorando sencillos momentos como puede ser una reunión de amigos    -Decía mi buen amigo Pepe.

Los muros de piedra, altos techos de madera con sus vigas a la vista y los enormes murales de Collado daban más sabor al ambiente solitario y silencioso del lugar, donde apenas se escuchaba el leve murmullo de nuestras dos únicas voces.

-Bueno Pepe, no sé si a estas alturas de la vida y con la que está cayendo la encontraremos, buscándola o por casualidad,  pero ésta claro que en momentos como este nos estamos acercando….

-La casualidad es el nombre que se le da a  la ignorancia de los humanos –me interrumpió Don Justo.

Los dos,  entrados en la cincuentena, ya nos sorprendíamos de pocas cosas incluso de ésta.

Son momentos de la vida en que ya se va a más entierros que a bodas y en estas tierras, que decir de bautizos. Familiares y amigos empiezan a desfilar hacia el otro lado de la frontera.

Aun así, todavía nos negábamos a la lectura diaria de las esquelas.

-A la puerta que llamáis muerte se le tiene miedo porque desconocéis lo que hay al otro lado –insistió Don justo.

-¡Ya estamos!  –exclamó Pepe. Aun no se da cuenta que estos pensamientos profundos ya no interesan en la sociedad actual, es más, la mayoría ni los entenderían.

Menos mal que no está siempre, es capaz de machacarnos estos momentos que al final nos sirven más que las pastillas del psiquiatra  o las palabras del psicólogo.

A estas alturas, los buenos y malos momentos pasados  ya  nos daban la suficiente experiencia para reconocer   como en pocas décadas había cambiado la sociedad, sus metas y sus  valores, pero continuaba lejos de la felicidad.

 La falta de solidaridad de muchos da más valor a la ética de unos pocos.

Continuábamos solos y era tarde por lo que decidimos marcharnos, los dos salimos a la calle  –Don Justo nunca abandonaba la pintura y menos el local- 

Era una buena noche, subimos San Francisco, pasamos por Capitanía y cruzamos Amboage, bajo  la atenta mirada del marques. Un día más enfilábamos la calle Dolores rodeados del ambiente tranquilo y quieto, mientras sin saberlo, como nos habían venido se nos iban a ir   serios problemas de nuestras vidas.

Quizás por casualidad habíamos estado buscando la felicidad y menos mal que ahora no nos oía D. Justo.


domingo, 20 de noviembre de 2011

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL CAMBIO

Cuando escribo estas líneas ya se ha consumado el cambio en España. Uno más.
Afortunadamente despilfarro y cambio no dejan de tener un nexo mucho más fuerte de lo que se pudiera pensar.
Cuando el despilfarro es de dinero público, además de una nefasta gestión, es en la práctica un delito. Alguien dilapida la riqueza de un país, que no olvidemos es la de todos nosotros.
Si hay una característica con la que pudiéramos definir los momentos actuales, esta sería la de los cambios vertiginosos. Casi sin darnos cuenta un día nos despertamos y tenemos un nuevo gobierno, las cajas de ahorros ya no existen y en cuestión de un mes una entidad crediticia pasa de tener un moderado beneficio a unas perdidas catastróficas.
Lo que no puede  cambiar son los principios y la ética. No deja de ser, al menos, inquietante que los máximos responsables  de quiebras de entidades  se vayan para sus casas con su generoso “premio” y lo que es peor aún  que poco tiempo atrás recibieran el titulo de “doctor honoris causa” de una universidad o el de economista del año de un colegio profesional.
Como decíamos los cambios superan toda expectativa, al de hoy que nos toca cerca, hay que añadir en poquísimo tiempo muchos otros: Portugal, Grecia, Irlanda, Islandia, Italia, Egipto, Libia Túnez y quizás mañana Siria. Por una vez nos da la sensación de que se cumple aquello del que la hace la paga, aunque sea tarde y en algunos casos sangrante.
En todos hay un denominador común: el despilfarro  por unos pocos del dinero de todos, en algunos casos con legitimidad democrática, en otros con la  fuerza de las armas y en general, aun encima, con  ostentación.
Si hay una frase más destacada que otras, en esta última campaña electoral, esta  sería: NO SE PUEDE GASTAR MAS DE LO QUE SE INGRESA.
Esto es así desde siempre y a todos los niveles: individual, en pareja, familia, empresa, negocio, gobiernos de estado y aunque algunos no quieran verlo también de gobiernos autonómicos y municipales.
No falta quien dice y con cierto sentido, que el problema esta en que si no se gasta el ciclo económico se corta. Hay ejemplos sencillísimos que ocurriendo a diario casi ni nos enteramos.
Un señor ve disminuido sus ingresos y decide “meter la tijera” a sus gastos domésticos; en vez de sus tres cafés diarios decide tomar uno, vamos a suponer que compra barato y ahorra dos euros al día, pero también los deja de gastar. En España somos 48 millones de habitantes, no sería descabellado pensar que esa decisión la pueden tomar 10 millones de personas, teniendo en cuenta que 5 ya están en situación de desempleo, hablamos de un recorte de ingresos de 10  millones de euros “al día”. Evidentemente alguien lo va ha pagar: el camarero, el trasportista, el dueño de la cafetería el vendedor del café, el importador y desde luego hacienda con menos ingresos vía impuestos.  Este ejemplo se puede multiplicar en infinidad de casos de consumo: coches, ropa, calzado, cultura. También en inversión: infraestructuras publicas, bienes de equipo en la empresa, etc. Esta claro el ciclo se rompe. Aun así no hay más cera que la que arde, no se puede gastar lo que no tienes, al menos eternamente aunque seas un gobierno.
¡Claro que hay que intentar mantener el sistema del bien estar! ¡Todos lo queremos! Siempre y cuando tengas dinero para hacerlo. Por muy progresistas que seamos los servicios sociales generan gastos y más si los queremos gratuitos.
La clave estará en la gestión adecuada del gasto y la fiscalidad.
Un gobierno tiene además la gran ventaja del endeudamiento que moderadamente es aceptable para regir un país. Pero la emisión de deuda publica no se puede convertir en “el mana del cielo” tiene límite y hay que utilizarla precisamente en los conceptos que al medio plazo pueden contribuir a mantener el famoso estado del  bien estar: salud –incluyendo dependencia-  educación,  incentivación de empresas e innovación. Todo esto produce puestos de trabajo.
Cualquier ciudadano con sentido común quiere que el Estado gaste en crear trabajo, no en subsidiar el desempleo.
Reordenar la función pública puede evitar las bajadas de salarios o los despidos y además incrementar la eficiencia. Pero desde luego no se puede estar pagando a alguien que no trabaja. Algo se tiene que hacer.
Regular la función política, creo que no es necesario ni comentarlo.
Buena labor queda para pensar que hacer con aeropuertos y universidades a la carta del localismo de turno, museos, centros culturales, palacios de congresos, auditorios, coches oficiales, viajes, dietas, pensiones vitalicias - Italia ya reaccionó- asesores, despachos,  etc.
Incentivar al emprendedor y a la empresa privada es una de las claves de reactivación ¡al verdadero emprendedor y al verdadero empresario!  La mala gestión de un individuo, que lleva años sin pisar una escuela de negocios no la puede pagar el  Estado  en  prestaciones de desempleo a  los trabajadores que deja en la calle.
Las prejubilaciones de una entidad bancaria, que aun encima ha sido saneada con dinero publico, no las podemos pagar el resto de los ciudadanos. Una entidad que ha sido rescatada de la quiebra con el dinero de todos tiene un compromiso con todos que el Estado debe establecer.
Puede que todo esto se pueda resumir en profesionalidad, eficiencia, esfuerzo, responsabilidad y sentido común, cualidades difíciles de encontrar en cualquier persona y más si carece de experiencia.
Hace años este país llegó a tener una importante tradición marítima. El profesional pasaba por la escuela, hacia prácticas –donde aprendía del veterano- volvía a la escuela, más prácticas, más escuela y después de años de navegación –donde seguía aprendiendo- podía mandar un buque, era realmente un Capitán.
Hoy, todo cambia, no solo se puede ser Capitán, también ministro o presidente de gobierno ¡sin escuela ni prácticas!
El político, como el conferenciante, son importantes cuando hablan; cuando no cumplen frustran. Una, dos, tres veces hasta que el ciudadano se cansa, se desilusiona y “pide el cambio” Hablar, aunque necesario,  no es suficiente.
En una ocasión, una persona callada y prudente rechazaba  un puesto publico,  agradecía el ofrecimiento y reflexionaba en voz alta: de cualquier forma y visto lo visto si yo fuera político hablaría más y seguiría cumpliendo como lo hago.
Todavía queda mucho por hacer, empezando  por ponerse de acuerdo en  la propia Unión Europea; los resultados no se van a ver mañana  y se tendrán que tomar muchas y más rotundas medidas, pero al menos, hemos dado un paso más.
Mientras deberemos seguir padeciendo “la insoportable levedad del cambio”.
 (Socorro el banco se hunde. -Dirá barco Capitán. -¿Tu quieres que nos rescaten o no?)
 (Autor Kiko da Silva, La Voz de Galicia 20/11/11)




domingo, 13 de noviembre de 2011

PIRATAS Y CORSARIOS

Vaya por delante mi solidaridad  con todos los marinos que han sido atacados y especialmente con los colegas españoles del buque tanque MATTHEOS I, abordados en el Golfo de Guinea.
Si ya  es duro luchar contra los elementos  –véase el ejemplo-  mucho más lo es jugarse la vida expuesto a este tipo de delincuencia. Y lo dice  alguien que ha sufrido tres asaltos que “afortunadamente” se quedaron en intentos.
Lamentablemente  la piratería, como cualquier oro tipo de delincuencia, existió, existe y existirá. El problema esta en la frecuencia,  aumento de la misma y sus bases  en tierra, es decir el origen.
Se vivió un auge especial en los siglos XVI y XVII, cuando berberiscos, franceses y especialmente ingleses  se dedicaban a la caza de los tesoros españoles.
Destacó en esos tiempos Francis Drake, singular personaje que empezó su carrera profesional como marinero de cubierta en buques mercantes, ejerció como tratante de esclavos, pirata y  corsario por la gracia de la Reina Isabel I de Inglaterra que acabó nombrándolo vicealmirante y poniéndolo al mando de la mayor flota inglesa de toda la historia con el objetivo de destruir la ya maltrecha armada española; empresa que afortunadamente derivó en el más estrepitoso de los fracasos, incluyendo su encuentro con la heroína Maria Pita.
La figura de corsario, aquel buque civil que ejerce la piratería bajo la patente de un gobierno, es una constante a lo largo de la historia, incluyendo las guerras mundiales.
La piratería pura y dura se reproduce incluso en el siglo XX, en las costas africanas del Mediterráneo, donde en las décadas de los 50 y 60 desaparecían  cargueros de mediano porte –entre 60 y 80 metros de eslora- incluyendo su tripulación y carga.
Una vez asaltados los buques, conducidos a alguna de las infinitas y desiertas calas de la costa, eran trasformados y reutilizados con otro nombre y documentación, su tripulación desaparecida y su carga vendida.
Los electrodomésticos de línea blanca eran el cargamento más apreciado por su fácil y rápida colocación en el mercado.
Episodios parecidos se dieron en el estrecho de Malaca, Indonesia, Filipinas y zonas  de Brasil.
En estos momentos somos testigos, en diferentes versiones, de lo que ocurre en las costas somalíes y en el ya mencionado Golfo de Guinea.
Dicen los militares que en una buena Armada es tan importante la flota como las bases navales para su armamento y mantenimiento.
En la piratería, siempre detrás de un asalto hay un gobierno cómplice, por acción u omisión,  que permite la actividad inicial en sus costas y puertos, esto es el origen.
Es inviable, en múltiples aspectos,  proteger a toda  la flota mundial de buques mercantes o pesqueros con navíos de guerra,  los hombres armados a bordo no deja de ser una solución transitoria; la clave –como ha sido siempre- esta en afrontar el problema en el origen tanto social como político y en tener la suficiente ética para poner por encima del dinero la vida y seguridad de los marinos.

En Vigo entrando el mes de octubre del año 1.979, la tripulación de un pequeño carguero frigorífico español con ruta habitual al sur de África, era sorprendida con la orden de su armador de proceder a Kyle of Lochalsh en Escocia para estibar  caballa congelada con destino al puerto de Lagos en Nigeria.
Se pertrechó el buque, actualizaron cartas marinas y derroteros partiendo casi de inmediato el día 11 del mismo mes.
En aquellos años la explotación del recién descubierto “oro negro” y en consecuencia las divisas frescas, habían  convertido a Nigeria en un importador convulsivo que saturaba sus escasos puertos de mercancías  provocando largas fondeadas de buques en espera de atraque y descarga.
Ante las noticias que llegaban del caos que se estaba produciendo el capitán advirtió a fletadores y armadores de la situación.
Lejos de tomar cualquier precaución, ambos insistieron en que no habría ningún retraso más allá de dos semanas debido a que se trataba de descarga de alimentación y además la seguridad estaba garantizada. Es más, teniendo en cuenta días de navegación, espera indicada, carga y descarga se le dio la orden de hacer acopio ajustado de combustible, agua y víveres para  transportar el máximo de toneladas posibles de pescado.
Después de navegar  hasta  Escocia y cargar el buque al disco se ponía rumbo al Golfo de Guinea; el día 2 de noviembre se echaban al agua siete grilletes del ancla de estribor en el fondeadero de Lagos. Como se sospechaba había cerca de unos “doscientos” buques en espera.
 Pronto la tripulación fue consciente de que las tranquilas aguas del Golfo se convertían en un infierno con la caída del sol. Era el momento en que numerosos cayucos surgían de la costa y comenzaban la “cotidiana labor” de asalto a los inmovilizados navíos fondeados.
Objetivos preferidos: Los barcos de menor porte, cargados a reventar y como consecuencia con el mínimo francobordo (distancia desde la línea de flotación a la cubierta principal) siendo así las presas más asequibles.
En el carguero español el establecimiento de guardias durante toda la noche y de prácticamente toda la tripulación, no impidieron tres intentos de abordaje que afortunadamente no se consumaron.
La escasez de armas de fuego entre los piratas  –eran otros tiempos y la herramienta más utilizada era el machete-  daba alguna opción a las barras de hierro y bengalas con las que se defendía la tripulación.
La clave del éxito: descubrir al intruso antes de que lograra escalar a la cubierta del buque.
Vigilar e iluminar la cadena del ancla -escalada más común del pirata- así como el resto de la borda del buque combinando la acción con gritos, golpes de las barras contra el caso  y bengalas dirigidas a sus embarcaciones establecían la frontera entre la libertad o el secuestro
 En caso contrario, una vez en cubierta, la lucha cuerpo a cuerpo solía decantarse por el avezado profesional del arma blanca. Ya se conocían abordo noticias de muertos y heridos en otros buques.
Pasada una semana, el cansancio y estado de ánimo  eran insostenibles por lo que se optó por levar anclas a diario, adentrarse veinticinco millas mar adentro y esperar al alba para retornar. Allí no llegaban los cayucos, al menos se podía dormir, pero la decisión no dejaba de ser kafkiana.
Las navegaciones y prolongada espera -no previstas- pronto confirmaron lo que se veía venir: escasez de agua, víveres y combustible, esto último supondría a corto plazo  la falta de  propulsión, luz, comunicaciones, agua corriente y el frio para la caballa congelada. El duro calor y humedad –el buque carecía de aire acondicionado- tampoco eran buenos aliados.
Por si fueran pocas las complicaciones, se recibió aviso del agravamiento de la esposa de un tripulante, que finalmente falleció, por lo que se procedió a su evacuación, no exenta de dificultades.
Ante la falta de respuesta y soluciones,  el capitán  decidió navegar rumbo a Cotonou, principal puerto del vecino país la Republica Popular de Benín, antigua Dahomey.
Hacer combustible y agua  no fue fácil en un país en plena revolución armada. No había alternativa era el puerto mas cercano y al único que se podía llegar con las reservas que quedaban a bordo.
El día 5 de diciembre, ya en Lagos, se logra atracar a muelle, donde las dificultades  ni mucho menos terminaron.
 En uno de los días de huida hacia alta mar, al levar el ancla y dar avante las fuertes corrientes y la cantidad  de buques fondeados fueron factores determinantes para colisionar levemente con el buque griego Rio Bravo. Lo que en principio pareció una leve avería fue lo suficiente para forzar la estructura del buque lo que impedía abrir una de sus bodegas para realizar la descarga. Con medios de abordo se trabaja y consigue cortar plancha y librar las tapas.
Las operaciones de  descarga se realizaron con múltiples incidentes como constantes robos de la carga e incluso con un registro armado de la propia policía que se negoció con tabaco y whisky.
El 12 de diciembre acabo la pesadilla, zarpando del puerto de Lagos, aunque no hubo descanso ni regreso a casa.
Oficialmente no había pasado nada, después de hacer víveres en Abidjan se procedió a Walvis Bay,  regresando cargado de pescado congelado al puerto de Vigo el 18 de enero de 1.980.
Nadie olvidará a los piratas, algunos tampoco olvidaremos al armador y fletador y sus “acertadas informaciones”.
La aventura prácticamente ni transcendió en ningún medio, no había internet  y la noticia no interesaba. Muchos ni lo contamos a nuestras familias y amigos ¿para qué?
Había sido un viaje al infierno de más de tres meses, que solo la madurez, sacrificio, experiencia y sentido común de los 19 tripulantes –valores,  hoy en día, poco  apreciados-  hizo posible que lo pudieran contar y uno de ellos, el Alumno de Náutica de 21 años, ahora lo escriba.





lunes, 7 de noviembre de 2011

FERROL Y SUS CASTILLOS


De todas las fortificaciones, acuartelamientos y múltiples edificaciones, tanto militares, navales como civiles,  el castillo de San Felipe es –nunca mejor dicho-  la joya de la Corona.
Esta fortificación abaluartada como la definían técnicamente sus constructores, marcó el inicio de las defensas de una Ría y ciudad que estarían llamadas a jugar un papel fundamental en los intereses del Imperio Español, tanto en el reinado de los Austrias como en el de los Borbones.
Haciendo  un poco de historia, si el siglo XV, con los Reyes Católicos y el descubrimiento de América, fue el comienzo  del enorme  imperio español,  el XVI con Felipe II, fue  el de mayor apogeo y también el punto de inflexión.
En esta época, aunque la base de la Armada Real era el puerto de A Coruña, la Ría de Ferrol, con una protección natural inigualable, no pasaba desapercibida para los intereses del Estado.
Así  en el fondo de la misma, en  Neda, mucho más protegida que el abierto puerto antes mencionado,  se establecen las primeras fábricas de aprovisionamiento para la flota.
Durante esta época, un imperio de semejantes dimensiones, tiene también numerosos enemigos. Aparte de los alzamientos internos que se deben controlar, por el Mediterráneo es amenazado por los constantes avances del imperio turco. Por el Atlántico los franceses y sobre todo los piratas y corsarios ingleses, con el total beneplácito de su reina, no están dispuestos a renunciar a una parte de las riquezas que se traen del nuevo mundo.
Los constantes asaltos que   en cualquier momento lanzan los británicos sobre la base coruñesa hacen plantearse seriamente al estado español el traslado de su flota,  en un principio solo para las invernadas, a la más protegida Ría ferrolana.
Como consecuencia  de estas decisiones ya en el año 1580 los primeros ingenieros de la corona estudian detenidamente la ensenada y los sistemas de defensa a construir.
En 1.589, un año después de que la Armada Invencible se aprovisiona en la Ría para la invasión de  Inglaterra, se comienza la construcción del castillo, bautizado como San Felipe en honor al santo del Rey.
El baluarte se construye según los métodos más avanzados de la época que se basan en la escuela de fortificación Hispano–Italiana. Son estudios muy precisos que contemplan tanto la defensa por mar como por tierra y para este fin su planta se diseña en forma poligonal. Junto a numerosas fortificaciones, como la recién restaurada batería de Viñas en el cabo Prioriño, formó un impresionante sistema defensivo.
El castillo fue ampliado y mejorado a lo largo de los años y más en el siglo XVIII cuando se realizan arsenales, astilleros y nueva ciudad, conjunto que en nuestros días aspira a ser nombrado patrimonio de la humanidad
Atendiendo a  los estudios defensivos, en 1.590 se comienza la construcción en la orilla opuesta del fortín de La Palma, de forma cuadricular, posteriormente derribado y vuelto a reconstruir. Junto al de San Martin, hoy totalmente desaparecido, se creará un triangulo defensivo, que unido al cruce de una cadena entre éste último y el de San Felipe y a la propia forma de la canal, hacen del enclave una plaza totalmente inexpugnable en aquellos tiempos.
Buena prueba de ello son los intentos de asalto  como el del  ingles Conde de Essex en el año 1597, que se limita a un bloqueo marítimo ante la imposibilidad de cualquier otra hazaña.
En 1.639 es rechazado el ataque del almirante, en este caso francés, Henri D’ Escoubleau.
Y finalmente el más  conocido de agosto de 1.800 del vicealmirante ingles Warren, que ante la imposibilidad de entrar por la canal, desembarca en las norteñas playas de Doniños, San Jorge y Cobas cayendo en una calamitosa derrota en la no menos famosa batalla de los altos de Brión; 150 navíos con 15.000 hombres contra una pequeña guarnición de la ciudad, poco más de 3.000 incluidos los vecinos voluntarios.
Hoy en día, San Felipe, propiedad municipal y en rehabilitación –el castillo al lado del mar más grande de Europa según algunos autores- espera pacientemente con el resto de las construcciones del siglo XVIII, el reconocimiento que merecen.