lunes, 29 de diciembre de 2014

EL CUADRO REAL (Articulo publicado en Diario de Ferrol 24.12.2014)


A primera vista, no deja de llamar la atención por su sencillez y realismo - especialidad del artista- y nos puede sugerir,  en los rostros, sobriedad y posturas, lo difícil que resulta la vida reciente de este país del siglo XXI.

A uno, que le gusta la pintura como neófito e inexperto, le sorprende, en cierta medida que el  pintor empleara veinte años en su obra, pero la vorágine de acontecimientos en ese tiempo la convertirán en el mejor testigo. Los expertos en arte nos explicarán  la inmensa lectura que se puede sacar de un cuadro y la intensidad del mensaje que el autor quiere trasmitir.

Un recorrido por  pintores y pinturas Reales de nuestra España convulsa nos puede guiar por la sinuosa trayectoria de un país que no dejará  de sorprender a propios y extraños en cuanto se empieza a profundizar en su azarosa vida.

Ya desde los Reyes Católicos los pintores de La Corona destacan por su excelente calidad. Entre otros muchos y quizás por más conocidos, podemos citar a Pedro Pablo Rubens y Diego Velázquez en la corte de Felipe IV o al mismísimo Francisco de Goya en los tiempos de Carlos III y Carlos IV.

La Familia de Felipe IV, más conocida como Las Meninas de Velázquez  -tiene entre otros méritos el de recopilar todas las técnicas pictóricas en un solo lienzo- es representativa del siglo XVII.  Goya, con el majestuoso retrato de la Familia de Carlos IV, nos deja una de las mejores obras de la pintura de cámara española dos siglos después en el XIX.

Los críticos de arte no dudan en afirmar que los retratos reales son una fuente de conocimiento de las circunstancias históricas de cada momento. Se dice que las Meninas reflejan tiempos difíciles para la Monarquía, tiempos en los que se pierden territorios y se asiste a su reparto entre Inglaterra y Francia como ocurrió con los de Flandes.

En la pintura de Goya,  destaca la figura de la Reina sobre el mismo Rey y refleja por la regia vestimenta, condecoraciones y joyas el ambiente burgués y al mismo tiempo trasmite la tranquilidad de la sucesión real que representan los  más jóvenes de la composición. Tampoco los ojos de los personajes dejan de ser comentados.

En estos días estamos asistiendo al nacimiento de una obra que se unirá a las dos mencionadas, otros dos siglos después,  por su oportunidad en el tiempo histórico que vivimos y por la innegable calidad. En pocas palabras un lienzo que marcará historia en un futuro; un cuadro que será testigo de  continuidad de unión y esfuerzo común de una mayoría para superar otros duros momentos o de un fracaso guiado por unos pocos dispuestos a imponer criterios e intereses personales y su propia minoría excluyente, xenófoba y reaccionaria.

El cuadro -volviendo al mismo y aun viéndolo en lejanía fotográfica-  desborda sobriedad, paciencia, sinceridad; en una palabra serenidad, trabajo y esfuerzo por un futuro posible.

En el  retrato de la familia real, nos podemos  ver  representados   una mayoría de españoles que busca ansiosamente un mañana  digno, que no se basa más que en una convivencia tranquila y la posibilidad de un trabajo también digno que ahora se resiste.  Que quieren vivir  y progresar asumiendo las reglas de juego que han aprendido -e intentan trasmitir a las nuevas generaciones-  en una juventud no muy lejana y que ahora ven que un mínimo porcentaje de  gobernantes, políticos y “gente de cartel” dejan a un lado con fines personales y de lucro.

Sentencia una teoría sociológica que de no existir políticos este país es tan homogéneo que  “el hecho diferencial”, la superioridad y los privilegios por nacimiento y circunstancias sociales no merecerían atención. No deja de ser una triste paradoja que paguemos a políticos empeñados en buscar y afianzar nuestras diferencias, ignorando y ocultando lo que nos une.

Antonio López ha plasmado  en este lienzo un episodio más de nuestra historia. Es cuestión de tiempo para que cantidad de expertos nos enriquezcan con sus comentarios.

Lejos de la distante suntuosidad de escenarios y vestimentas de los siglos pasados, la sencillez actual no puede pasar desapercibida. Contraste que rezuma cercanía, humanidad y trasparencia ante errores reconocidos  en un momento, desde la transición a nuestros días futuros, que sentará las bases de convivencia en uno de los países llamados a ser ejemplo de tolerancia, progreso social y desarrollo humano a pesar de la intransigencia de unos pocos.

DICHOSO 25 POR CIENTO (Articulo publicado en Diario de Ferrol 02.11.2014)


Con alguna frecuencia se suele escuchar que España -o este país para que cada uno elija- es tan grande, fuerte, extraordinaria o rica, que a pesar de los muchos intentos a lo largo de la historia y con pena de una parte del mundo anglosajón, no hay forma de tumbarla.

Lo que sí es un hecho reconocible es que la Nación, envidia de unos pocos y admiración de muchos, ha evolucionado  tanto que   ha logrado una de las sociedades con  mayor  bienestar  y  más liberal del mundo.

Precisamente esta última circunstancia, la sociedad tolerante, permite que unos pocos con posiciones personales y viscerales destaquen y abusen de “unos muchos”  inmensa mayoría silenciosa de población paciente  dedicada a su trabajo y esfuerzo contribuyendo  al progreso común.

La más profunda y prolongada -van siete años- crisis económica y también moral, no nos engañemos. Los intereses personales de una minoría soberanista y sus manipulaciones, los “muy honorables”, los referendos del “no al petróleo” y el otro, las tarjetas opacas, el episodio del ébola afortunadamente ya encauzado, el perro Excalibur, el político que suprimirá el Ministerio de Defensa,  el turismo sanitario, la burbuja inmobiliaria, la bancaria y la próxima que será la del futbol; aun siendo una gran preocupación tampoco tumbarán esta gran empresa, insisto, llamada España.

También es cierto,  que aunque los múltiples problemas no nos tumben nos complican la existencia y en consecuencia hay que solucionarlos; unos tienen fecha de caducidad cercana, como los comentados, pero otros, quizás  más importantes, no la tienen tan cerca y abordarlos puede ser la clave para ver  “futuro”.

Después  de los cuantiosos rescates, con el dinero de todos, la continuista y admitida política bancaria difícilmente tiene explicación. La siempre esperada reforma de la administración, entendiéndola como una adecuada utilización de sus recursos buscando la eficiencia, continúa pendiente. La apuesta por el emprendedor y el I + D + i es testimonial.

 Llevando ya años con la reforma laboral, que también nos cuesta a todos, habría que preguntarse para cuando la reforma  de la patronal. La pérdida de competitividad y fracaso empresarial tienen mucho más que ver con una gestión deficiente y poco con el trabajo de profesionales que obligados por las circunstancias triunfan en la emigración.

Tampoco olvidemos otra burbuja: la política.

Por el mundo adelante no deja de sorprender el enorme contraste que supone una sociedad con el mayor desempleo y emigración de talento de los países desarrollados, conviviendo con las mejores infraestructuras, sistema sanitario ejemplo de muchos, calidad de vida en general envidiable o grandes empresas multinacionales que triunfan en todo el planeta, gestionando concesiones estatales, construyendo infraestructuras del mañana o  vistiendo a medio mundo.

Aquí también nos deberían de sorprender otras cifras que dan vértigo. Los españoles, con nuestros impuestos mantenemos más de 445.000 políticos, más de 5.000 empresas públicas y 8.120 ayuntamientos.

Alemania, país federal, necesita 150.00 políticos para administrar una población de cerca de 82 millones de personas, nosotros somos 47.

A pesar de los sacrificios en carga fiscal, pensiones, salario mínimo (el  nuestro, 785 € es el 63% de la media de la UE de los quince, en Irlanda es de 1.653 €),  el déficit y la deuda pública son escalofriantes. Es decir, para entendernos, el aparato del Estado incluyendo todas las administraciones, debe prácticamente tanto como la riqueza de todo el país y además continua gastando más que lo que ingresa, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta el “personal en nómina” a mantener.

El actual sistema público estatal, autonómico, provincial y local, ha servido en su momento, pero es ahora de plantear cambios, no es cuestión de rebajar libertades y si de gestionar bien.

El conjunto de la sociedad debe ser consciente de que mientras no abordemos estos   problemas,  el drama de la falta de oportunidades, la pérdida de calidad de vida, la cada vez mayor desigualdad social, no acabarán.

“Pinchar la burbuja” es el principio de la  solución para una situación que atenta directamente contra la dignidad personal de casi cinco millones de personas -1/4 de la población activa-. Mientras no atajemos esta escandalosa y vergonzosa cifra viviremos  en continua angustia debido al “dichoso 25 por ciento”.

 

FERROL Y LA POLITICA (Artículo publicado en Diario de Ferrol 27.11.2014)


Los pronunciamientos y buenas intenciones de los  políticos, sea cual sea su ideología,  ante las recurrentes crisis  de la ciudad se repiten en el tiempo prácticamente desde que el Estado la fundó.

En épocas democráticas suelen coincidir con las campañas electorales y sistemáticamente las palabras no se traducen en realidades, las pronuncie quien las pronuncie, pues todas las tendencias  han tenido la oportunidad de gobernar  en algún momento.

En los precedentes tiempos de bonanza hemos podido ver como la mayoría de las ciudades, aun teniendo una buena salud  económica y ajenas a  una profunda crisis estructural como aquí ocurre, eran receptivas de fuertes inversiones de la administración, tanto estatal como autonómica, que en bastantes casos han llegado a bochornosos despilfarros.

Llovían millones para  ciudades de las artes, de la cultura, paseos marítimos o puertos  en lugares imposibles.  Costosas ampliaciones de aeropuertos, o incluso nuevas terminales algunas con la amenaza de la llegada del AVE  y la consecuente  caída de usuarios en favor de este último transporte.

Observar  el desarrollo reciente del país  lleva a la conclusión de que no abordar seriamente nuestra particular y constante crisis, no es cuestión de recursos y si de voluntad política.

Días pasados las instalaciones de una emblemática empresa “privada” de Burgos desparecían bajo un pavoroso incendio.

Apresuradamente  las autoridades se han volcado para solventar el desastre. El Ayuntamiento exonerará a la empresa del pago de impuestos y el Estado Central estudia ayudas excepcionales.

La reacción es inmediata y extraordinaria como consecuencia de  la perdida de cerca de 900 empleos directos en una ciudad de   179.097 habitantes.

En las reconversiones navales, en tiempos de  gobiernos progresistas, en Ferrol se perdieron cerca de 6.000 puestos de trabajo directos en empresa “publica”. La ciudad aun sumando su expansión en  los vecinos municipios de la Ría, tiene 135.204 habitantes. Es fácil deducir las diferencias en cuanto al impacto económico  y no hace falta recordar el resultado de las medidas “extraordinarias” que adoptaron las autoridades.

Actualmente la media de desempleo en la Unión Europea  ronda el 11%, en las  ciudades vecinas; Coruña, Lugo y Santiago hablamos de un 16.

La media en España está en el 24. Ferrol llega al 30%. Tampoco hacen falta más comentarios.

Ante el vencimiento del veto, también “hazaña progresista” a la actividad del astillero de Fene, surgen dos oportunidades de la mano de multinacionales españolas en el sector de la eólica marina. Significan 400 y 700 puestos de trabajo, estos últimos dependiendo de un acuerdo de concesión de instalaciones, que imperando el sentido común se puede contemplar como beneficioso para ambas  partes.

La Armada ha planteado  la necesidad de una segunda unidad de buque multipropósito, teniendo en cuenta su falta de presupuesto y el hecho de estar ofertando Navantia este modelo en varios concursos internacionales, es más que razonable la idea de comenzar su construcción contra almacén.

Al finalizar la misma, se podría entregar a la Armada si la economía lo permitiera o venderse en el caso de ganar alguno de los concursos donde se jugaría con la ventaja de tener la obra más avanzada que cualquier otro competidor.

Una unidad de estas características esta presupuestada en unos 700 millones de euros que pueden convertirse en una inversión, en caso de izar nuestra bandera, o una gran exportación en el caso de venta a una armada foránea.

Los astilleros de la Ría continúan posicionándose como los mejores del mundo en reparación de gaseros. La construcción del dique flotante cobra fuerza, ahora que sabemos que Europa no lo ve imposible.

Son tres iniciativas de sentido común y viables, que unidas a la construcción del flotel  y el BAM supondrían un punto de inflexión a la delicada situación actual.

Ferrol no es Detroit, esta última es una ciudad americana que creció y se derrumbó en el sector de la automoción, con iniciativas exclusivamente privadas. Aun así que a nadie le quepa duda que su gobierno se volcara y conseguirá soluciones.

Ferrol nació y se derrumba en el sector naval  con iniciativas exclusivamente públicas, el Estado tiene la obligación de asumir su responsabilidad.

Una vez más los políticos tienen la palabra y esperemos que esta vez también tengan la voluntad y la acción.