A pesar de tener miles de kilómetros de costa, 28 puertos de
interés general, así como 7 escuelas técnicas superiores de Náutica y Maquinas
en las universidades de A Coruña, Gijon, Santander, Bilbao, Barcelona, Cádiz y La
Laguna en la isla de Tenerife; España lleva muchos años de espaldas a la mar.
A principios de la década de los 90
del siglo pasado, el Gobierno acabó dando la puntilla a una de las flotas más
numerosas del mundo, primero creando la fallida bandera de Canarias y
finalmente dejando a su suerte, en banderas de conveniencia, a marinos y
armadores.
También es cierto que debido al
ámbito en que se desarrolla la actividad, principalmente la navegación, provoca
bastante desconocimiento, que de esta profesión tiene la sociedad en general.
Enumerar conflictos bélicos o guerras
hibridas sería imposible; según la IA hay actualmente más de 110, y alguno muy
cerca como es el caso de Ceuta. Los medios de comunicación dan cuenta de la
mayoría, pero hay una dura situación que prácticamente pasa desapercibida, a
excepción de ataques que de vez en cuando se producen, como el ocurrido hace
pocas fechas a tres petroleros en el golfo Pérsico.
También según la IA, hay unos 1.100
buques fondeados en la ratonera que supone el estrecho de Ormuz en esas aguas.
Haciendo una estimación, aproximada, de 25 tripulantes por buque sale un
colectivo de 27.500 marinos civiles; incluso habrá españoles, envueltos en una
guerra en la que nada tienen que ver.
Un principio básico en esta profesión
es que las empresas son rentables cuanto más tiempo estén sus buques navegando,
circunstancia que obviamente no se da.
A partir de esta premisa empiezan los
problemas; si no hay fletes falta el dinero para el pago de combustible,
salarios, víveres, atención médica, consignatarios, etc. Analizando el primer
caso ―falta de combustible― es interesante conocer que ocurre
abordo. Aunque el buque no navega y el motor principal no se usa, también
fallan los generadores esto supone: caída del agua corriente, fría y caliente,
sanitaria, aire acondicionado ―conveniente en esas latitudes― cámaras frigoríficas de alimentos, y cocina, electricidad y
en consecuencia perdida de comunicaciones, luz e instrumentos de navegación.
No sé exactamente si se da esta situación,
pero es probable que suceda tarde o temprano. A todo esto, hay otros factores
como la indefensión, el alejamiento familiar y dificultades para los cambios de
tripulación atendiendo a los periodos de descanso; angustia constante por
posibles ataques… Otro caso, poco conocido, como consecuencia de los conflictos
actuales.



