sábado, 7 de junio de 2014

FERROL Y SU URBANISMO (I) (Articulo publicado en Diario de Ferrol 03.06.2014)


Pasear por La Magdalena  nos permite contemplar  edificios de galerías, otros por cierto  magníficos, del estilo  Modernista y  algunos ya “no magníficos” del desarrollismo posterior.

En los primeros, veremos  la  planta principal con  galerías  laterales y balcón al medio de hierro forjado, el resto de alturas, hasta cuatro en algunos, son de fachada corrida. Observándolos detenidamente, nos daremos cuenta de que,  en la  mayoría de los casos,  son añadidos posteriores a la obra original.

El urbanismo de una ciudad suele ser el espejo del alma y de su historia.

Las calles, plazas, edificios y estructura de Ferrol nos dicen que fue concebida como una “ciudad practica” sin concesiones a la monumentalidad y grandes espacios, al contrario de otras como Aranjuez, Madrid o La Granja  pensadas como capitales o  residencia de gobiernos y reyes, independientemente del tamaño.

Dejando a un lado  el primitivo Ferrol Vello y la primera expansión de la ciudad, que en realidad fue el  barrio obrero y Cuadro de Esteiro,   La Magdalena se ideó y construyó con los más avanzados  conceptos de la Ilustración, pero también con significativas mermas del proyecto original; la inversión estatal se dirigía mayoritariamente a las instalaciones navales.

Los planos  de Francisco Llobet –uno de los primeros ingenieros que trabajaron el tema- ya contemplaban la actual “tableta de chocolate” aun de mayores dimensiones, que sufrió cambios y sobretodo recortes   que  a punto estuvieron de “dar al traste” con una de sus dos emblemáticas plazas.

En un principio, en el más puro estilo neoclásico,  se proyectan edificios de fachadas uniformes de un primer piso y tejado abuhardillado con tres ventanas por casa y tres arcos en sus bajos, pues toda la ciudad, debido al lluvioso clima, estaría porticada.

La falta de dinero público para la compra de  terrenos, dejó la urbanización en manos de la iniciativa privada y provocó la suspensión de esta norma;  eliminando las aceras porticadas y  mermando, en la práctica, la anchura de   las calles,  obligando al peatón  a compartir  lo que iba a ser la calzada exclusiva para carruajes de diez “varas”, aproximadamente  ocho metros.

La espaciosa franja de terreno entre las instalaciones navales y la ciudad, -del ancho de tres manzanas- pensada  como una separación verde en forma de gran alameda, se irá reduciendo drásticamente con el paso del tiempo. Tanto por la construcción del dique de la Campana, como por la paulatina ubicación de edificios públicos como El Jofre, Correos, la  cárcel,  escuela, mercado central y   San Julián.

En la segunda mitad del siglo XIX,  los planes de modernización de la Armada llevados a cabo por el Marqués de Molins –de ahí el nombre de los actuales jardines del Cantón- , generan crecimiento  y el lógico incremento de vivienda, cuestión esta que se resuelve en altura y no en espacio. Una vez más la especulación impide la expansión horizontal  rompiendo la planificada y básica  norma urbanística  que dicta la relación entre  ancho de calles y altura de edificios.

Es en esta época donde mayoritariamente a los primitivos edificios de bajo y primera planta le son añadidas  más alturas dejándolos como ahora los vemos.

Como se puede deducir a lo largo del tiempo hay un constante “aprovechamiento”  de espacios públicos y privados, evitando en la practica la urbanización de nuevas zonas, que  supondrían una ciudad más habitable y cómoda, pero también mayor inversión.

A pesar de esta “cultura” y aun sin abandonarla, el importante crecimiento de la población forzará, durante el siglo pasado la planificación, como en el resto de España, de los famosos  “ensanches”. En esta etapa, arquitectos como Rey Pedreira podrían haber tenido mucho que decir.

Posteriormente vendrán ampliaciones como Recimil, Caranza, el nuevo Esteiro o las actuales del Berton,  O Boial y otras que están en  espera.

El análisis de estas nuevas actuaciones nos mostrará que la “cultura” heredada está vigente, que las planificaciones continúan basándose en la “ciudad practica” y no “monumental” pensando más en la mínima inversión que en el urbanismo de calidad. Tratamiento que por supuesto no se da a otras ciudades  tanto vecinas como de igual tamaño. Pero esto ya será cuestión de otro capítulo.