sábado, 19 de julio de 2025

¿QUÉ MÁS HACE FALTA?

 

«Me elegisteis como capitán de este barco, y el capitán no se desentiende cuando viene mala mar. Se queda a capear el temporal, a salvar el rumbo y a ganar el puerto»


     Al escuchar esto, un colega y amigo me comentó: «Sé que ni tú ni yo, en nuestra etapa profesional, hubiéramos abandonado el barco, pero también sé que si supiéramos que la tripulación estaba llena de corruptos y contrabandistas no hubiéramos embarcado, a no ser que fuéramos como ellos»

     En estos años, en la política española asistimos a un esperpento que ni el más lucido Valle-Inclán hubiera escrito; retrocediendo a la etapa del felón Fernando VII, podríamos ver algo así. Hoy internet ―con sus ventajas y desventajas― nos introduce en un sistema global en donde toda información falsa o verdadera se conoce al momento.

     Pero, precisamente, ese flujo masivo de noticias puede hacer que “los árboles no dejen ver el bosque” puede lograr desviar la atención sobre hechos trascendentales que intencionadamente se intentan ocultar.

     A estas alturas, denunciar todavía más la situación de corrupción, despilfarro, nepotismo, “cambios de opinión” (ahora se llama así) acoso del Poder Ejecutivo al Judicial y las fuerzas de seguridad del Estado, una presión fiscal que abrasa, es necesario pero hay algo más…

     La transición en España fue el inicio de una prosperidad sorprendente y esperanzadora para la mayoría. En poco tiempo el país se enriqueció con modernos aeropuertos, una red ferroviaria admirada en todo el mundo y un amplio desarrollo de autopistas, autovías y carreteras; herramientas fundamentales para el crecimiento social y económico.

     Ahora la realidad nos enseña, casi a diario, además de un enorme problema de vivienda, un deterioro masivo de estas costosas infraestructuras: aeropuertos colapsados, trenes parados a medio trayecto, apagón general en toda la península y unas vías de circulación deterioradas hasta grados insospechados. Técnicos de todos estos servicios no dejan de denunciar que la altísima falta de mantenimiento es la consecuencia de esta situación. Y también expertos avisan que las inversiones necesarias de conservación se están desviando a otros capítulos.

     Además de hacer política, en general sucia y descalificatoria, un Gobierno tiene la obligación inexcusable de gestionar el país; estas maltrechas infraestructuras son el pilar básico, no solo para los negocios e industria en general, también para mantener una fuente de ingresos esencial como es el turismo que supone más del 12% del PIB y el empleo. Para cambiar de rumbo ¿Qué más hace falta?