miércoles, 23 de septiembre de 2020
CORONAVIRUS, EXPERIENCIA Y ESPERANZA
El “pequeño gigante” nos revela las debilidades humanas y abre los ojos a los otros virus, la política que soportamos y el que viene: el económico.
La pandemia es una catástrofe más de la que el mundo está salpicado en la historia: terremotos, erupciones, guerras, la amenaza atómica, meteoritos, tormentas solares, etc.
La experiencia -despreciada por el “joven e inteligente progresismo” que gestiona con “abrumadora sabiduría y acierto” todos nuestros problemas- nos ayudará a salir del actual problema una vez más.
El empirismo “el conocimiento se adquiere por medio de la experiencia y la práctica” siempre impulsó al mundo. Superamos la fiebre de 1918, observando y con medidas que se fueron descubriendo.
Estos meses, ya han servido para que la medicina avance, se tengan más conocimientos y métodos hospitalarios, que han reducido la mortalidad.
En el 2.012, también con origen China, distintos tipos de coronavirus aparecieron. En ese año el virus traspasó fronteras, afectando a Corea o Taiwán. Reaccionaron empíricamente -experiencia y practica-. Tomaron nota de efectos y medidas de contención que aplicaron hoy al covid-19. “Sabían exactamente lo que tenían que hacer y lo riguroso y draconianos que tenían que ser”
Taiwán, con 23,6 millones de habitantes registra 509 contagios y 7 muertos. Corea del Sur con 51,8 millones, 23.216 contagiados y 388 fallecidos. China, la cuna del “bicho”, con más de 1.300 millones de ciudadanos: 85.307 contagios, 4.634 defunciones. España, 47,3 millones, 694.000 contagiados y 31.034 entierros.
El mundo avanza con la experiencia. -Tan cierto es que un joven no puede tenerla porque no ha tenido tiempo, como que un adulto no tiene por qué tenerla por el hecho de serlo-.
El joven pude ser una persona excepcional y alcanzarla a edad temprana, una excepción a la regla.
El maduro, depende de cómo invirtió su tiempo; sí fue rutinario, no se preocupó del estudio y evolucionó con los cambios, tampoco la tendrá.
Un labrador por la observación y transmisión de sus ancestros, sabe cuándo hay que plantar, cuando lloverá y cuando recoger el fruto.
Los países avanzan con gobernantes de experiencia, formación -reglada o no reglada- y principios. Retroceden aquellos gobernados por políticos de verbo fácil, caraduras y sin escrúpulos. En la empresa se dan las mismas circunstancias.
Decía Nelson Mandela: “Las mentes que buscan venganza destruyen los Estados, mientras las que buscan la reconciliación construyen Naciones”.
A pesar de nuestro Gobierno pensemos como los padres de la Transición y miremos al futuro con esperanza.
Una de barcos y Ferrol
Ya es hora, de momento, dejar de comentar los tres virus que padecemos: el natural, el económico y el de los políticos y a propósito de cumplirse el quinto centenario de la primera vuelta al mundo hablar de barcos y astilleros, algo que toca de cerca a Ferrol.
En 1.492 Cristóbal Colón descubrió el nuevo continente utilizando para ello tres carabelas, navíos de escaso porte y de origen portugués, lo que supuso un gran esfuerzo de navegación y marinos.
Ahora celebramos la terminación, en 1.520, de la primera vuelta al mundo emprendida por Magallanes y culminada por Elcano.
En esta ocasión se emplearon cinco naos, también de origen portugués, pero de características más robustas y de mayor envergadura que las carabelas; aun así, la aventura no debió de ser tarea para inexpertos. De hecho acabó la misma un solo buque.
A mediados del siglo XVI, se impuso un nuevo navío, está vez español: el galeón, de mayores dimensiones, se podía utilizar tanto como barco mercante como de guerra, su rendimiento fue extraordinario y copiado por múltiples países.
De 334 toneladas, 35 metros de eslora y 10 metros de manga. Su aparejo constaba, (además del bauprés) de trinquete, palo mayor y mesana. Prestaron servicio durante más de 150 años hasta la aparición de los grandes buques de línea, que por cierto son los que empezaron a construirse en nuestra ciudad con los famosos doce apóstoles ya en el siglo XVIII.
En el XIX, con la entrada de la máquina de vapor y la hélice; para competir con las nuevas tecnologías, los todavía convencidos de la vela, construyeron los Clíper, buques de menor manga, de mayor eslora y en consecuencia más mástiles y superficie velica. En un principio compitiendo en velocidad con la propulsión mecánica teniendo en cuenta que estos últimos debían de hacer escalas para embarcar carbón. Lógicamente fue cuestión de tiempo la imposición de la máquina.
La historia naval es un continuo progreso de las técnicas de navegación, lo buques y por supuesto de los astilleros.
Los nuestros también evolucionaron; cascos de hierro, máquina de vapor, construcción por bloques, etc.
Ahora se debe dar otro nuevo paso, el ya muy leído pero poco avanzado astillero 4.0, que además de nuevos talleres, necesita imperiosamente pasar a la construcción en dique cubierto para poder competir con el resto de astilleros en calidad, ahorro de tiempo, y en consecuencia precio.
Los políticos tienen la palabra -el astillero es público- esperemos que esta vez no nos dejen en la estacada, repitiendo los fracasados intentos de reconversión de los años ochenta del pasado siglo.
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