Hace unas semanas leía un interesante artículo en un periódico políticamente incorrecto para muchos y que yo mismo he acabado leyendo a diario debido a que me lo regalan con otro, pero principalmente por la calidad de sus articulistas, independientemente de la acción de marketing mencionada.
Se hablaba en este artículo de la mucha importancia que tiene y la poca que se le da en este país a la publicación del “Índice de la percepción de la corrupción”.
En esta lista, de ámbito mundial, hemos pasado del puesto 22 igualados a Francia en el año 2004 al 31 de este finalizado 2011. “Ya estamos a la altura de Botswana por poner un ejemplo” Francia se ha situado en el 7,
Este índice tiene su importancia porque es clave para muchas empresas a la hora de valorar sus inversiones. Así un país corrupto es desechado por multinacionales y además lastra la evolución de su economía, pues lógicamente malgasta los recursos de muchos en el beneficio de unos pocos.
A pesar del manido progresismo y demás virtudes que se nos vendieron a los españoles en estos últimos ocho años las cifras y los datos una vez más hacen agua por todas partes y certifican la tozuda realidad.
Este dato refleja de nuevo lo ya sabido por todos; una banca politizada y negligente que ha tenido que ser rescatada con el dinero de todos. Políticos malgastando el dinero en obras faraónicas y sin sentido alimentando los nichos del voto localista. Autonomías en una alocada carrera de gastos con tal de resaltar las diferencias. E incluso falsificación de las cuentas publicas; el déficit del 6% que los honrados científicos y eruditos gobernantes nos juraban hasta hace unos días resulta del 8,2. “Ligero error” de unos 22.000 millones de euros del que, por supuesto, nadie es responsable, si acaso usted y yo que estamos compartiendo estas líneas. Una situación más cercana a la bancarrota de Grecia que al famoso “estado de bienestar”
Teniendo en cuenta que manejamos fondos europeos, no es de extrañar que nuestros socios nos exijan medidas y control. Y por supuesto no es de extrañar que el gobierno lo traslade y lo exija a las autonomías, aunque los de siempre se rajen las vestiduras por perder la independencia fiscal
Admitir la corrupción impide la recuperación económica y uno de los síntomas de que esta postura todavía no ha cambiado es los pocos políticos, banqueros y empresarios que llegan a la cárcel.
El corrupto, también llamado “trepa” llega al poder pisando a personas validas y cuando se instala es todavía peor. El miedo y la seguridad que él mismo tiene de que es un inútil le impide rodearse de profesionales y busca validos que le cuenten lo que quiere oír y no la realidad, así es totalmente imposible enmendar un problema que ni siquiera se conoce.
El empleo adecuado de recursos, tanto materiales pero sobre todo humanos, es fundamental si queremos cambiar el rumbo del país. Un país donde cada vez más se establecen dos tipos de sociedades, una la del ciudadano con trabajo, compórtese como se comporte y otra de cinco millones de personas sin él, también comportándose como se comporten, independientemente de su esfuerzo o valía.
Volviendo al comentado índice, es clarificador. Los países en la cúpula del mismo no están por casualidad, Nueva Zelanda, Dinamarca, Suecia, Singapur, son sociedades donde no existe el paro ni crisis de valores. Países donde la norma es para todos y donde, probablemente, en una crisis como la nuestra los ciudadanos no le reirían las gracias al político de turno aunque fueran del partido.

