En la década de los ochenta del siglo pasado, cuando la
debacle económica arrasaba, un político de un partido de los que no me acuerdo
ni quiero acordarme sentenció: «A Ferrol
con Bazán y medio polígono de la Gandara le llega».
Políticos de los municipios limítrofes,
aprovecharon las ventajas de la “reconversión naval de Ferrol” y fueron
rodeando la ciudad de polígonos industriales, todos fuera de nuestros límites
municipales. Con el tiempo los mismos se llenaron de empresas y esta
circunstancia favoreció la estabilidad económica, asentamiento de habitantes, y
en algún caso incremento.
Aquí llevamos veinte años hablando de los
terrenos de Mandia y Leixa y seguimos esperando el primer metro cuadrado de
suelo industrial. Esto supuso una de las mayores crisis ―exceptuando algún
repunte― y una emigración de treinta y tres mil ciudadanos desde que Felipe V,
Fernando VI y Carlos III levantaron arsenal y astilleros.
A pesar de la vuelta atrás de una empresa de
autos para almacenamiento y distribución, debido a la guerra de aranceles; estos
años están suponiendo un excepcional cambio de tendencia en varios aspectos: la
buena labor urbanística y turística del presente mandato municipal, la diversificación
con la eólica marina que esperemos continue, unos buenos resultados del puerto
comercial y la vuelta a la construcción naval militar, debido a la difícil
situación mundial, no por otro motivo ―no nos engañemos―
A la incipiente diversificación eólica se
puede unir en estos momentos una empresa automovilística que resultaría
definitiva a la hora de esquivar crisis cuando baje la naval. Por supuesto ante
esta noticia ya empezaron “los peros de costumbre” por parte del “grupo
sincronizado de descalificación de Ferrol” (GSDF), y la redacción de un
periódico local del sur de Galicia, que prefiero no nombrar. Y curiosamente “el
desinteresado interés” de una autoridad portuaria cercana ofreciendo sus
instalaciones por si nuestro suelo se queda pequeño.
Esta claro que el pastel es muy apetitoso no
solo para Ferrol; siendo sensatos es importante, pero no esencial, que la actividad
comience fabricando coches enteros no montando piezas. La clave está en que
empiece de una u otra forma y vaya incrementando la producción, el “saber y
cómo”, y la industria auxiliar para lograr una zona empresarial fuerte en una
nueva actividad.
¡Por cierto! Qué bien vendría tener suelo
industrial en Madia o Leixa, pero aquí las cosas van despacio, ahí tenemos la
trasformación del Sánchez Aquilera en suelo urbano que solo llevamos treinta
años esperándola. Y no hablamos del tren.

