sábado, 25 de mayo de 2019

FERROL Y EL FUTURO

Artículo publicado en Diario de Ferrol el 25 de mayo de 2.019


Es una realidad conocida el hecho de que a día de hoy un ayuntamiento necesita una gestión profesional, pues no deja de ser una empresa, en este caso pública.

Una empresa que paga nóminas, contrata servicios, gestiona recursos humanos y materiales, recauda ingresos vía impuestos, tiene presupuestos, objetivos; debe tener un plan de negocio, en este caso un programa de gobierno;  regularmente  rendir cuentas    al contribuyente  -el accionista-. Es además una empresa especial  al gestionar la seguridad ciudadana, vía policía local y ser su objetivo prestar los servicios básicos para mejorar la vida del ciudadano.

Atendiendo a estas circunstancias, estaríamos equivocados si pensamos que cualquier persona, por el hecho de estar en política,  es válida  para  administrar recursos millonarios aportados por   todos. Si la formación de un alcalde y tipo de la misma, reglada o no reglada,  es una de las cuestiones a valorar; la experiencia es el factor clave a tener en cuenta.

Ninguna empresa  contrata a un gestor  sin un perfil profesional adecuado. No todos valemos para dirigir, asumir responsabilidades y gestionar equipos de personas; no todos valemos para ser alcaldes aun siendo activistas  destacados en la política, sus mítines o sus ideas de uno u otro signo.

Es evidente que a un candidato no  se le pueden pedir beneficios y mejoras para la ciudad cuando  en muchos casos superan el ámbito local trascendiendo al provincial, al autonómico o estatal; pero sí su interés, seguimiento y gestiones para impulsarlas y lograrlas, sin olvidar  responsabilidades directas como saneamiento, tráfico o urbanismo.

Si la labor de un alcalde es compleja y fundamental  para la prosperidad de una ciudad, más lo es en una urbe donde históricamente se capean crisis y últimamente está instalada en una de largo recorrido.

Ferrol, una vez creada y ya no necesitada por el Estado, es una ciudad olvidada a su suerte, vilipendiada y engañada sistemáticamente por la clase política en general, tanto nacional como autonómica a lo que también coopera un porcentaje significativo de ciudadanos  con una mentalidad negativa que se regodea en el victimismo; ante la conocida afirmación de que aquí “no hacen nada” habría que pensar en “que hago yo, que hacemos cada uno de nosotros” para mejorar, emprender y lograr de una vez por todas salir del tobogán del pesimismo.

En estos años  los avances,  puramente de ámbito local “ni están ni se les esperaban”. Una peatonalización del centro incompleta con actuaciones ya planificadas como las de las calles San Francisco, Espartero, Iglesia, Pardo Bajo sin realizar; una total pasividad   a la hora de buscar alternativas para el vehículo, incluso cerrando aparcamientos, circunstancia imposible en cualquier otra ciudad,  son muestras, aunque no las únicas, de que los problemas empiezan por la dejadez y desinterés por Ferrol de una buena parte de nuestros propios políticos actuales.

Mantenimiento de zonas verdes, limpieza y recogida de basuras, oficina de atención ciudadana y más servicios en el aire, por carecer de un contrato actualizado, son más ejemplos.

Un recorrido por el  parque del Montón, paseo marítimo de Caranza, Acuaciencia, mercados municipales, Ferrol Vello, abandonadas instalaciones feriales  –las primeras que se crearon en Galicia-  nos mostrará la cruda realidad. En esta situación, al ciudadano, sin ser Aristóteles, le cuesta entender que el Ayuntamiento presente “superávit en sus cuentas”.

Sí  ya en cuestiones puramente locales vemos la situación, habría que preguntarse, aun no siendo una competencia exclusiva de la Corporación,  que gestiones se hicieron y sus frutos respecto a abrir Ferrol al mar  –recordemos que dentro de esta actuación el derribo de la nave provisional del mercado central es una cuestión puramente local-   reurbanización del entorno del Sánchez Aguilera y estaciones de tren y autobuses, reconversión de la avenida de As Pías, mejoras en el trazado ferroviario, etc.

En los próximos cuatro años, si una vez más no nos engañan,   la construcción de las nuevas fragatas para la Armada  –ahora nos dicen que hay un retraso de casi dos años- serán un punto de inflexión para poder abandonar la crisis y buscar la ansiada diversificación industrial.

Un alcalde profesional, con experiencia en gestionar, que sufra por su ciudad, que tenga claro su programa, propuestas  y que las de a conocer será imprescindible si queremos avanzar. Una vez más depende de nosotros, depende de nuestro voto.

 

28 de abril, política y sociedad


Políticamente hablando, en las venideras elecciones decidiremos Parlamento, Gobierno y afrontaremos el fin   del bipartidismo; socialmente hablando nos jugaremos bastante más.

Una reflexión sobre la actual situación política, como siempre convulsa, no ahora más que otras veces, nos lleva a pensar que el ciudadano va a decidir -más que sobre siglas, partidos, la izquierda o la derecha-  dos claras posturas que marcarán nuestro futuro. La Historia es recurrente.

“Han pasado casi tres años con momentos complicados y consciente de que todos hemos hecho un esfuerzo siempre con el objetivo de “mejorar la vida de los ciudadanos”.

Son palabras del discurso de despedida de la Presidenta del Congreso, Ana Pastor. ¿Podemos creer   que toda la clase política se ha esforzado para mejorar la vida   del ciudadano medio defendiendo los intereses de la mayoría y aparcando los suyos?

“Es obvio que habría que parar el proceso que no está siendo de descentralización sino de deconstrucción total del Estado”. “Yo propondría que tomemos medias de integración, puesto que lo que nos amenaza es la desintegración,  en referencia explícita a la lengua y la educación”.

Son palabras del recientemente fallecido José Pedro Pérez-Llorca, uno de los padres de la Constitución, con un expediente académico y sobre todo profesional, prácticamente imposible de encontrar en la política actual.

La sociedad clama que se luche contra la corrupción y el nepotismo, instalados en todos los partidos políticos que tocan poder, destacando “los  maestros  del tres por ciento”. Una sociedad ya harta de la corrección política de la “España de todos y todas”  que empieza a ser  una verdadera mordaza a la libertad de expresión de muchos ciudadanos.

El 28 se va a decidir entre un país unido, con una mínima uniformidad en normas, educación sanidad,    seguridad jurídica,  respetuoso con las leyes  y los cambios consensuados u otro donde los intereses de unos pocos impongan sus criterios.

Se decidirá  entre un Gobierno que busque  instituciones  inclusivas donde la mayoría de la población tenga su espacio y oportunidades  u otro que facilite las extractivas, compuestas por  los  apellidos de siempre, para elevar la presión fiscal sobre el ciudadano medio y paliar así el gasto público desbocado, que roza el despilfarro.

Se decide entre unos políticos que se esforzarán en lograr un mejor nivel de vida para sus ciudadanos o los  que se afanaran en buscar nuestras diferencias para dividirnos y alcanzar sus propias y minoritarias aspiraciones.

Se tendrá que elegir entre  un populismo que  dispara el déficit público con gastos innecesarios concediendo prestaciones sociales que sabe que no podrá pagar -como advierten tanto la  la Comisión Europea como  el propio Banco de España-  o una gestión económica real y rigurosa, que contemple el  crecimiento económico, no sin reconocido esfuerzo, y  prioridades como las prestaciones de dependencia, pensiones o sanidad.

Habrá que decidir entre un posicionamiento constitucional, que respetando el pasado sepa perdonar y buscar la unión para mirar hacia delante logrando la mejora de la mayoría u otros que escudándose en los problemas, lógicos de los tiempos actuales, anhelan  desmantelar  al Estado minando sus  instituciones  claves como  la Corona, las Fuerzas Armadas y  de Seguridad o  el Poder Judicial y su independencia.

En   cualquier lugar de la Unión Europea, en momentos difíciles, veremos a partidos políticos defender sus diferentes puntos de vista para superar crisis, pero siempre pensando en el beneficio  del  conjunto de la sociedad, no el de unos pocos y nunca intentando desmantelar su país

En todos los países de la Unión Europea se respetan sus instituciones y las Fuerzas Armadas son bienvenidas a todo evento. Aquí la política localista excluyente le pone trabas a la presencia del Ejército en una feria de enseñanza enfocada a los jóvenes.

Días atrás miles y miles de ciudadanos visitaban al buque insignia de la Armada, mientras los mismos políticos localistas y lo más grave el propio partido en el gobierno, ponía trabas a la entrada en puerto. ¿Representan realmente estos políticos el sentimiento ciudadano o persiguen sus propios intereses?

Las urnas dirán si queremos continuar e incluso mejorar una Constitución que dio paso a la etapa más prospera de la historia de este país o por el contrario volvemos a mirar atrás y a las dos Españas

El próximo 28 de abril, decidirá la política o la sociedad, es nuestro turno.