Además de una
exclamación, que hoy una vez más esta en uso, es el titulo de un libro del
historiador y periodista francés, especializado en nuestro país, Jean Descola.
Cayó en mis manos
cuando contaba con apenas veinte años.
A esa edad empezaba a
recorrer el mundo como aprendiz de marino y era un devorador de libros.
En las largas travesías
del atlántico en un vejestorio y pequeño buque, además de espartano, distinguía
los domingos del resto de la semana en que solo trabajaba las ocho horas de
guardia en el puente y dedicaba el resto
del día a la lectura convulsiva, sin despreciar tanto el hojeo de cientos de libros como el ojeo y rastreo en
la pequeña biblioteca de abordo.
Naturalmente eran otros
tiempos, a nadie le daban todo hecho y a la inmensa mayoría de los jóvenes nos
enseñaban que una vez finalizada nuestra formación la vida y comodidades había que
ganárselos con esfuerzo, trabajando donde fuera y como fuera.
La lectura de este y muchos
más libros sobre nuestras azarosas vicisitudes, sin poder olvidar la Orteguiana
España invertebrada, ya en aquella época, me lleva a la conclusión de que no
hay nada nuevo bajo el sol.
El separatismo recurrente se continúa basando en los
intereses particulares de unos pocos para enmascarar su desastrosa
administración y escandaloso gasto además de la corrupción que asoma a cada paso. No esta tan lejos el
último episodio y resultados de la intentona en la, no tan lejana, Segunda
Republica.
Hoy más que nunca, para
el ciudadano normal de este país, no es difícil llegar a la conclusión de que
nuestro verdadero problema es una casta política
y económica, en donde no falta la banca, que hace y deshace a su antojo al
margen de los más elementales principios, reglas e incluso leyes.
Sin escrúpulos
se despilfarran recursos en obras faraónicas y de dudosa rentabilidad como
puertos, aeropuertos, auditorios; con el único objetivo del voto localista y
por supuesto, sin olvidar un tren de vida que sonroja a la mayoría de los
administrados.
El objetivo de un
importante porcentaje de políticos y sindicalistas no tiene nada que ver con
estar en el gobierno o en la oposición, la cuestión es estar ahí donde se
reparten privilegios y un ostentoso nivel de vida que les mantiene al margen
de una realidad social decadente que ellos mismos han logrado con su falta de
eficiencia y ética.
Estas reflexiones y el
recuerdo del autor francés me llegaron a la mente leyendo la traducción de un
articulo que la periodista alemana afincada en Madrid, Stefanie
Claudia Müller, escribió con ocasión de la visita el pasado mes de Angela
Merkel.
Hay momentos que parece que tienen que venir personas de otras
nacionalidades, en donde no faltan los ingleses, para abrirnos los ojos de los
problemas claves de nuestra cruda realidad.
Es algo extenso pero no
me puedo resistir a dejar de compartir aquí el mencionado trabajo.
Traducción del
artículo publicado el jueves 6 de Septiembre en varios periódicos económicos alemanes,
por su corresponsal en España.
Hoy,
6 de septiembre, se encuentran en Madrid los gobiernos de Alemania y España,
acompañados de un nutrido grupo de empresarios, y donde seguro hablarán sobre
las condiciones para poder otorgar más ayudas financieras a España o a su
sistema bancario. En los dos lados se ha elevado el tono en los últimos meses
y es con gran expectación que España espera ahora la decisión que va a tomar
el Tribunal Constitucional alemán, que esa sí es crucial, el día12, sobre la
conformidad o no del rescate europeo y las obligaciones derivadas para los
alemanes.
En
Alemania crece la critica contra la supuesta "mentalidad de fiesta"
de los españoles; en España los medios cada vez son más negativos con la
supuesta dureza de la canciller Merkel. Pensamos que la situación es mucho
más compleja de lo que presentan ambos gobiernos y la mayoría de los medios.
España no es Grecia, pero España puede ser un paciente crónico si Alemania,
junto con Europa, no contribuye a solucionar sus verdaderos problemas.
España
no debería recibir más dinero sin que se cambie a fondo el sistema político y
económico, hoy en manos de una oligarquía política aliada con la oligarquía
económica y financiera, y sin que se aumente la participación ciudadana real
en las decisiones políticas. Para no perpetuar la crisis y endeudar a los
españoles durante generaciones, el Gobierno español debe reformar a fondo la
administración de las comunidades autónomas y los ayuntamientos, en su
mayoría en bancarrota y completamente fuera de control, sometiendo a
referéndum el modelo de Estado.
Este
tema es la clave del futuro de España, porque las regiones, ayuntamientos y
diputaciones son los responsables de los dos tercios del gasto público -
234.000 millones frente a 118.000 el Estado en 2011-, excluyendo la Seguridad
Social -23.000 millones-, y este gasto se realiza en condiciones de
descontrol, despilfarro y corrupción totalmente inaceptables. Las razones
verdaderas de la crisis del país, en consonancia con lo dicho, nada tienen
que ver con salarios demasiado altos -un 60 % de la población ocupada gana
menos de 1.000 euros/mes-, pensiones demasiado altas -la pensión media es de
785 euros, el 63% de la media de la UE-15- o pocas horas de trabajo, como se
ha trasmitido a veces desde Alemania. A España tampoco le falta talento, ni
capacidad empresarial ni creatividad. Tiene grandes pensadores, creativos,
ingenieros, médicos excelentes y gestores de primer nivel.
La
razón de la enfermedad de España es un modelo de Estado inviable, fuente de
todo nepotismo y de toda corrupción, impuesto por una oligarquía de partidos
en connivencia con las oligarquías financiera y económica, y con el poder
judicial y los organismos de control a su servicio. En España no existe
separación de poderes, ni independencia del poder judicial, ni los diputados
representan a los ciudadanos, solo a los partidos que los ponen en una lista.
Todo
esto lleva también a una economía sumergida que llega al 20% del PIB y que
frena la competencia, la eficacia y el desarrollo del país. Además, detrae
recursos con los que podrían financiarse educación y sanidad.
Las
ayudas para España, igual que para otros posible candidatos de rescates, no
deben ir a bancos ya casi en bancarrota y fuertemente politizados. En la CAM,
el Gobierno ha comprometido 16.000 millones de dinero público en lugar de
cerrarla; en Bankia, 23.000, y el Ejecutivo acaba de darle 5.000 millones
urgentemente para cubrir pérdidas en vez de cerrarla, y además de forma tan
extraña que despierta todo tipo de recelos. ¿Por qué se ha utilizado el
dinero de los españoles (FROB) en vez de esperar los fondos de la UE? Es
lícito suponer que la razón es la siguiente: los bancos no quieren que la UE
investigue sus cuentas.
Control
estricto y duras condiciones. Ya el caso de Grecia ha demostrado que las
ayudas europeas tienen que estar vinculadas a un control estricto y
condiciones duras. Esas condiciones no pueden solamente representar recortes
sociales o subidas brutales de impuestos, como hace ahora el Gobierno de
Mariano Rajoy con la excusa de Europa. Se tiene que cambiar más en España que
cortar gasto social, que de todos modos es mucho más bajo que en Alemania, y
hay otros gastos infinitamente más relevantes que se pueden eliminar. Además,
los casos de corrupción resultan tan escandalosos, incluso en el propio
Gobierno, que uno solo puede llegar a una conclusión: el dinero de Europa no
puede ser manejado por personas tan increíblemente venales.
La
pasada semana el ministro de Industria Soria -imputado también por corrupción
urbanística en Canarias- acusó al ministro de Hacienda en el Consejo de
Ministros de favorecer descaradamente a la empresa líder de renovables,
Abengoa, de la que había sido asesor, en la nueva regulación de estas
energías, que reciben más de 7.000 millones de euros de subvenciones
anualmente. Y Rajoy, al que entregó una carta probatoria, ni dijo ni hizo
absolutamente nada.
No
puede permitirse por más tiempo este nivel de corrupción, y menos aún a 17
regiones funcionando como estados independientes, con todos los organismos
multiplicados por 17, desde 17 servicios meteorológicos a 17 defensores del
pueblo, con 200 embajadas, 50 canales de TV regionales en pérdida, 30.000
coches oficiales o 4.000 empresas públicas que emplean a 520.000 personas,
creadas específicamente para ocultar deuda y colocar a familiares y amigos
sin control ni fiscalización alguna. En conjunto, unos 120.000 millones,
equivalentes al 11,4% del PIB, se despilfarran anualmente en un sistema de
nepotismo, corrupción y falta de transparencia.
Y
con esto se tiene que acabar, entre otras cosas, porque ya no hay dinero. Los
últimos datos de las cuentas públicas conocidos la pasada semana son
escalofriantes. El déficit del Estado a julio ascendió al 4,62% del PIB,
frente a un déficit del 3,5% comprometido con la UE para todo el año (del 6,3%
incluyendo regiones y ayuntamientos). Pero lo realmente inaudito es que
España está gastando el doble de lo que ingresa. 101.000 millones de gasto a
julio frente a 52.000 millones de ingresos, y precisamente para poder
financiar el despilfarro de regiones y ayuntamientos, que no están en
absoluto
comprometidos
con la consolidación fiscal.
El
tema del déficit público es algo que roza la ciencia ficción, y que ilustra
perfectamente la credibilidad de los dos últimos gobiernos de España. En
noviembre de 2011, el Gobierno dijo que el déficit público era del 6% del
PIB; a finales de diciembre, el nuevo Gobierno dijo que le habían engañado y
que el déficit era superior al 8%, y que se tomaba tres meses para calcularlo
con toda precisión. A finales de marzo, se dijo que definitivamente era del
8,5%, y ésta fue la cifra que se envió a Bruselas. Dos semanas después, la
Comunidad de Madrid dijo que sus cifras eran erróneas y el Ayuntamiento de la
capital igual… el déficit era ya del 8,7%. Sin embargo, la semana pasada el
INE dijo que el PIB de 2011 estaba sobrevalorado y, con la nueva cifra, el
déficit era del 9,1%; dos días después, Valencia dijo que su déficit era de
3.000 millones más; o sea, que estamos en el 9,4% y las otras 15 CCAA y 8.120
ayuntamientos aún no han corregido sus cifras de 2011.
Lo
único que sabemos es que están todas infravaloradas. El déficit real de 2011
puede estar por encima del 11%, y en 2012 se esta gastando el doble de lo que
se ingresa. Como dice el Gobierno de Rajoy, “estamos en la senda de
convergencia”. Y es verdad… de convergencia hacia Grecia.
Claramente,
la joven democracia española tiene todavía muchos déficits de
representatividad y de democracia que deberían interesar a la canciller
Merkel y también a Europa, si queremos evitar una Grecia multiplicada por
cinco y salvar el euro. Esto es lo que ha hecho posible el despilfarro masivo
de las ayudas europeas, con una asignación disparatada de las mismas, a pesar
de que estas ayudas han supuesto una cifra mayor que la del Plan Marshall
para toda Europa.
Es
frustrante que a causa de este sistema oligárquico nepotista y corrupto se
destroce talento y creatividad y que ahora muchos jóvenes se vean forzados a
trabajar fuera, muchos en Alemania. Esa situación nos ha llevado a una
distribución de riqueza que es de las más injustas de la OECD. La antaño
fuerte clase media española está siendo literalmente aniquilada.
Resumiendo:
no es una falta de voluntad de trabajo, como se piensa tal vez en algunos
países del norte de Europa, lo que hace que España sufra la peor crisis
económica de su Historia. Es un sistema corrupto e ineficiente. La crítica
del Gobierno alemán y sus condiciones para un rescate de España se deberían
concentrar en la solución de esos problemas. En caso contrario, solo conseguirán
que una casta política incompetente y corrupta arruine a la nación para
varias generaciones.
*Stefanie
Claudia Müller es corresponsal alemana en Madrid y economista;
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