Publicado en diario de Ferrol el 28 de mayo de 2.018
FERROL RECURRENTE
Corría el año 1.850 y sucesivos,
época de crecimiento y esplendor, se construía el primer buque a vapor, el “Jorge
Juan” -con maquinaria de diseño y
construcción inglesa-. Se creaban la Escuela de Maquinas y la de Ingenieros
Navales y para mayor realce la Reina Isabel II visitaba la población
concediendo el título de ciudad a la plaza de armas nombrada en su momento por
Carlos III.
Como es conocido, la historia
local está jalonada por consecutivas épocas de gran progreso y profundas crisis.
Una revisión de la misma nos permitirá apreciar una serie de circunstancias
recurrentes en todas las etapas de altibajos.
Los años de prosperidad siempre
han venido precedidos de profundas crisis militares o económicas, siempre fue
necesaria la importación de tecnología extranjera; estas etapas siempre
surgieron como consecuencia de la iniciativa estatal y siempre se continuó con
el monocultivo naval o en algún caso con una diversificación insuficiente.
La catástrofe de la Armada
Invencible fue el argumento para que Felipe II se fijara en nuestra Ría,
empezando la inversión por el castillo que lleva su nombre y culminado la obra
de astilleros, arsenal y ciudad sus predecesores Fernando VI y Carlos III.
Jorge Juan, mandado por el
Marques de La Ensenada, fue el encargado del espionaje industrial que nos aportó
la tecnología naval inglesa.
El desastre de la batalla de
Trafalgar en 1805 y la invasión napoleónica de 1809, fueron el desencadenante
de otra etapa oscura de nuestra historia. Sería necesario esperar a una nueva iniciativa
estatal, un nuevo proyecto de escuadra, de la mano del Marqués de Molins -de
ahí el nombre del paseo del cantón- para, apadrinado por Isabel II como contábamos al
principio del artículo, asistir a otra época brillante.
La perdida de la guerra de Cuba
en 1.898, desencadena una nueva etapa gris, no resuelta hasta que a partir de
1908 con el plan de escuadra de Maura y Ferrándiz -otra vez por el interés del
Estado- se logra una nueva recuperación. Una vez más es necesaria la aportación de tecnología extranjera
creándose la Sociedad Española de Construcción Naval (SECN) donde la inglesa
Vickers comanda las nuevas construcciones
y la modernización de astilleros y
arsenales, lo que provoca una nueva bonanza económica.
Ya mucho más cerca de la
actualidad, en las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo XX, asistimos a un
nuevo estallido de prosperidad, también con las mismas acotaciones: interés del
Estado en construir los primeros buques lanzamisiles -fragatas serie Baleares-,
apoyo en tecnología foránea, EEUU en este caso y crecimiento en base a
monocultivo naval, con una incipiente iniciativa privada, Astano y Fenya e
incipiente diversificación, Pysbe, Peninsular Madrera, Manufacturas Piñón, que
a la larga volverá a ser insuficiente
para impedir caer en una nueva crisis.
En las décadas siguientes, años
80, 90 y primera del año 2.000, la construcción de nuevos buques como las
clases Santa María y Álvaro de Bazán, así como como las primeras exportaciones
a Noruega y Australia o la nueva incipiente diversificación de iniciativa
privada basada en la construcción de polígonos industriales -todos fuera del
territorio municipal- son insuficientes
para paliar una nueva crisis que ahora mismo se muestra en toda su extensión.
Intentado ser objetivos, una
reflexión de la situación actual, nos permite cierto optimismo.
El comienzo de dos nuevas grandes
construcciones para la exportación -los buques australianos- la próxima firma
de una nueva serie de fragatas, y otros concursos internacionales que se puedan
ganar dan pie a pensar en otra época de crecimiento.
Las circunstancias se repiten: se
está saliendo de una gran crisis económica, nuevamente se cuenta con colaboración foránea de empresas de
Estados Unidos, hay y se vislumbra nueva cartera de pedidos y lo que es
trascendental se prevé una restructuración de las instalaciones para hacerlas
competitivas, el Astillero 4.0. Son síntomas, como hemos visto, esperanzadores.
Una vez más un futuro sin
sobresaltos dependerá, partiendo del empuje estatal, de una iniciativa privada
que diversifique las fuentes de ingresos. Suelo industrial, puerto exterior,
Plan Ferrol revisado, autopista; son ventajas añadidas que antes no existieron y
que pueden ayudar a romper el maléfico ciclo que caracteriza la existencia de
la ciudad desde sus orígenes.
Tener un poco de fe en nosotros mismos y lograr una clase
política local que luchara por Ferrol ya sería la guinda del pastel