A PROPOSITO DEL CORONAVIRUS
Vaya por delante estando en grupo
de alto riesgo, mi más profundo pesar por las personas tan injustamente
fallecidas y en estas dramáticas condiciones; así como la solidaridad con sus
familiares y allegados.
Nos ha tocado vivir una nueva
amenaza mundial después de mucho tiempo, desde 1.918 en que surgió la fiebre
española. Pues ni la Segunda Guerra Mundial, según expertos, alcanzó las proporciones
de fallecidos de esa epidemia.
Una pandemia no respeta grandes
ejércitos, poderosas economías ni siquiera a las “razas superiores” ni al “hecho
diferencial”, esperemos que una de sus consecuencias positivas sea que los
políticos y el ser humano en general se hagan más solidarios; buena falta hace,
tanto en el mundo, como en nuestro país.
La comentada fiebre española, no
tiene que ver con su nombre y sí con la trasparencia informativa de España que
en todo momento ofreció datos de la situación, surgiendo así su adjetivo. Nació
en EE.UU. terminada la Primera Guerra Mundial, ocultando la situación todos los
países beligerantes pensando en no desmotivar más a la sufrida población, lo
que supuso una virulencia jamás esperada.
Afortunadamente hoy el mundo ha
avanzado en su conjunto y tenemos más medios científicos y materiales para combatir
esta nueva amenaza, cuyos efectos no llegarán ni de lejos a las proporciones de
la ya mencionada.
Hay sin embargo, hoy en día, dos
circunstancias significativas. En el año 2.015 Bill Gates, un verdadero
visionario, al que nadie prestó atención, predijo “exactamente” lo que ahora
está ocurriendo. Aunque antes ya se veía venir, la OMS declaró la probabilidad
de una pandemia el 24 de febrero. Algunos tomaron nota y otros como nuestro
Gobierno, alentaron la asistencia a grandes manifestaciones.
Después de leer todo lo que ha caído
en mis manos y consultar a familiares, alguna muy allegada, y sus colegas del
sector de la salud, aun siendo ajeno al mismo y con la única herramienta propia
del sentido común, me arriesgaré, a día 25 de marzo, a reflexionar sobre el
hecho de que tengamos muchísima más mortalidad, en porcentaje sobre contagios,
que otros países.
A pesar de la advertencia de la OMS,
España no hizo acopio de materiales, otros hicieron caso y compraron.
La calve, por lo visto en estos
últimos países, está en la aplicación masiva y en todas partes de test rápidos
y el consiguiente control de población afectada; acción que aquí no se pudo
llevar a cabo por falta de existencias para realizarlos. En esos países se
hacen múltiples controles a cualquier ciudadano, se toma la temperatura y se
hace el test, siendo confinada inmediatamente la persona que da positivo.
En esos países se somete al test
a todo el personal sanitario y si da positivo deja su trabajo y se aisla para
evitar la expansión del virus. Al personal sanitario en España no se le hace el
test mientras no tenga síntomas, confirmado por las fuentes consultadas. El
problema surge cuando el posible contagiado es asintomático -no presenta
síntomas- y los mismos pueden aparecer hasta dos semanas más tarde.
Aquí esta el quiz de la cuestión;
durante quince días el mismo personal médico puede estar infectando a cientos
de personas, así llegamos a los resultados de que España es el país del mundo
con más personal sanitario contagiado.
Lógicamente este mismo caso, el
desconocimiento de quien sufre el virus, se dará en las personas que siguen yendo
a las empresas, a comprar o en los que trabajan en supermercados, donde la
afluencia es masiva.
Según muchos profesionales el
confinamiento es imprescindible, pero para cortar la expansión epidémica hay
que combinarlo con la realización de test masivos para saber quien realmente
esta contagiado y transmite, actuación que aquí, hasta la fecha, no se realiza,
por falta de medios y material.
Una empresa privada logró, en
mínimo tiempo, poner 300.000 mascarillas en España. Habrá que preguntarse qué
hace un Gobierno, en teoría con muchos más medios y poder.
Hay opiniones en que insisten en
la necesidad de ser solidarios y dejar hacer a los responsables, pues esto
podría pasar con un Gobierno de cualquier signo político, comparto el
razonamiento, hay que dejar gestionar pero también opinar y lógicamente sobre
lo que hacen los que ahora están, pues es su responsabilidad.
Para más adelante quedaran muchas
preguntas sobre su actuación y sus responsabilidades, también lamentablemente
muchas defunciones, mientras, no lo dudemos y quedémonos en casa, como
ciudadanos de a pie poco más podemos hacer
