Publicado en Diario de Ferrol el 28 de septiembre de 2.019
Hace ya bastantes años –cuando uno va cumpliendo prefiere no hacer
cálculos- con diecinueve afronté la experiencia clave en la vida de cualquier
persona: el salto del estudio al primer trabajo.
Aunque debo de reconocer que fue una
experiencia compartida, `pues empezar a navegar de Alumno de Náutica no
significa que se haya terminado el estudio y ya se dedique uno solo a trabajar, realmente lo que se hace son las prácticas de
navegación; todavía quedan bastantes años para compaginar ambas actividades y
terminar la carrera.
Pasado el tiempo, me ha llamado la atención como en tampoco, se haya ido retrasando este paso a la
actividad profesional. Es un cambio clave principalmente porque por primera vez
entramos en el mundo de las responsabilidades, teniendo que afrontarlas lo que
implica asumir errores y sus consecuencias.
A día de hoy, por poco que nos
interesemos, se pueden ver determinadas casusas y circunstancias que provocan
esta situación. En nuestros tiempos, por lo menos en muchos casos, había una
verdadera inquietud en dejar la casa familiar, la dependencia económica y abrirse al mundo para valerse por sí mismo. Está claro que ahora las
prisas son menores y también esto se debe a variados factores.
La sociedad ha cambiado y en consecuencia las normas a la
hora de convivir en la casa familiar: horarios, flexibilidad, independencia, mayor
intimidad, etc. disminuyen las prisas a
la hora de “volar” del nido.
Para algunos, el estudio también puede ser un buen refugio
para retrasar la entrada -tarde o temprano inevitable- en el mundo del trabajo: terminado el grado,
el master, en algún caso otro más, quizás un segundo grado, etc.
Pero es evidente que una
situación determinante para esta tardía incorporación, que pesa como una losa
en esta sociedad -con abundantes
mediocres en puestos de responsabilidad-
es soportar una tasa de desempleo vergonzosa que en el caso del juvenil es indignante.
También las circunstancias han
cambiado y ahora hay esa posibilidad de apostar a política desde joven, no
haber pisado una empresa en tu vida y acabar asumiendo puestos de enorme
responsabilidad y bien remunerados que
posiblemente influyan en la situación social y política en la que nos encontramos.
Volviendo al principio, en mis
primeras navegaciones, tuve la fortuna de tener a un Capitán gran persona y mejor profesional. Cuando el
estado de la mar lo permitía, en
guardias de puente tranquilas
cruzando al Atlántico, las conversaciones –debido a sus amplios conocimientos y
cultura- resultaban francamente interesantes y provechosas. Aun con nuestras
discrepancias políticas.
Entre muchas sugerencias y
consejos nunca olvidé aquel que venía a decir que sí hay que tener mucho
cuidado a la hora de relacionarse con
los malos, con los tontos hay que tomar extremas precauciones, pues
mientras que los primeros no te harán daño si no les interesa, los segundos lo
hacen indiscriminadamente.
Tomé buena nota y seguí el consejo siempre que pude, pero la verdad
en más de una ocasión, a lo largo de la vida, tuve que lidiar con individuos
que en una misma persona lucían ambas “cualidades”.
En otra ocasión, también me llamó
la atención otra conclusión, esta vez de la boca de un abogado penalista que
insistía que en el mundo nos encontramos siempre con personajes malos y buenos,
y que los primeros lo son de verdad, por
propia naturaleza, sin escrúpulos, por lo que es fundamental , para la
sociedad, la actuación dura y contundente de la vía penal de un poder judicial
independiente y fuerte, no caben en estos casos las medias tintas ni atenuantes
por creencias religiosas, costumbres o ideas políticas, está en juego la
defensa del ciudadano normal que cumple
las normas, es decir la Ley que un
Estado avanzado, democrático y fuerte está obligado a imponer
Esquivar a los malos y tontos es
posible en una relación da amistad, basta con enfriarla o romperla; en una
familiar más difícil por los vínculos, pero no imposible; en una profesional la dificultad aumenta, dejar una empresa puede considerarse como una heroicidad en una sociedad con un desempleo
humillante.
Pero lo que ya puede ser de “Premio
Nobel” es evitar que personas sin haber
trabajado o con una catadura moral lamentable; véanse plagios, mentiras,
manipulaciones de la enseñanza, la Historia, los Medios etc. gobiernen un país,
teniendo en cuenta que en la política, habiendo muchos buenos, abundan bastantes malos y tontos o individuos
con ambas “virtudes”







