sábado, 28 de septiembre de 2019

De buenos, malos y tontos


Publicado en Diario de Ferrol el 28 de septiembre de 2.019
 
Hace ya bastantes años  –cuando uno va cumpliendo prefiere no hacer cálculos- con diecinueve afronté la experiencia clave en la vida de cualquier persona: el salto del estudio al primer trabajo.

Aunque debo de reconocer que fue una experiencia compartida, `pues empezar a navegar de Alumno de Náutica no significa que se haya terminado el estudio y ya se dedique uno solo a trabajar,  realmente lo que se hace son las prácticas de navegación; todavía quedan bastantes años para compaginar ambas actividades y terminar la carrera.

Pasado el tiempo,  me ha llamado la atención  como en tampoco,  se haya ido retrasando este paso  a  la actividad profesional. Es un cambio clave principalmente porque por primera vez entramos en el mundo de las responsabilidades, teniendo que afrontarlas lo que implica asumir errores y sus consecuencias.

A día de hoy, por poco que nos interesemos, se pueden ver determinadas casusas y circunstancias que provocan esta situación. En nuestros tiempos, por lo menos en muchos casos, había una verdadera inquietud en dejar la casa familiar, la  dependencia económica  y abrirse al mundo para  valerse por sí mismo. Está claro que ahora las prisas son menores y también esto se debe a variados factores.

La sociedad  ha cambiado y en consecuencia las normas a la hora de convivir en la casa familiar: horarios, flexibilidad, independencia, mayor intimidad, etc.  disminuyen las prisas a la hora de “volar” del nido.

Para algunos,  el estudio también puede ser un buen refugio para retrasar la entrada -tarde o temprano inevitable-  en el mundo del trabajo: terminado el grado, el master, en algún caso otro más, quizás un segundo grado, etc.

Pero es evidente que una situación determinante para esta tardía incorporación, que pesa como una losa en esta sociedad  -con abundantes mediocres en puestos de responsabilidad-  es soportar una tasa de desempleo vergonzosa que en el caso del  juvenil es indignante.

También las circunstancias han cambiado y ahora hay esa posibilidad de apostar a política desde joven, no haber pisado una empresa en tu vida y acabar asumiendo puestos de enorme responsabilidad  y bien remunerados que posiblemente influyan en la situación social y política en la que nos encontramos.

Volviendo al principio, en mis primeras navegaciones, tuve la fortuna de tener a un Capitán  gran persona y mejor profesional. Cuando el estado de la mar lo permitía, en   guardias de puente  tranquilas cruzando al Atlántico, las conversaciones –debido a sus amplios conocimientos y cultura- resultaban francamente interesantes y provechosas. Aun con nuestras discrepancias  políticas.

Entre muchas sugerencias y consejos nunca olvidé aquel que venía a decir que sí hay que tener mucho cuidado a la hora de relacionarse con  los malos,  con los tontos  hay que tomar extremas precauciones, pues mientras que los primeros no te harán daño si no les interesa, los segundos lo hacen indiscriminadamente.

Tomé buena nota y seguí  el consejo siempre que pude, pero la verdad en más de una ocasión, a lo largo de la vida, tuve que lidiar con individuos que en una misma persona lucían ambas “cualidades”.

En otra ocasión, también me llamó la atención otra conclusión, esta vez de la boca de un abogado penalista que insistía que en el mundo nos encontramos siempre con personajes malos y buenos, y que los primeros lo son de verdad,  por propia naturaleza, sin escrúpulos, por lo que es fundamental , para la sociedad, la actuación dura y contundente de la vía penal de un poder judicial independiente y fuerte, no caben en estos casos las medias tintas ni atenuantes por creencias religiosas, costumbres o ideas políticas, está en juego la defensa del ciudadano  normal que cumple las normas, es decir la Ley  que un Estado avanzado, democrático y fuerte está obligado a imponer

Esquivar a los malos y tontos es posible en una relación da amistad, basta con enfriarla o romperla; en una familiar más difícil por los vínculos, pero no imposible; en una profesional  la dificultad aumenta,  dejar una empresa puede considerarse como una  heroicidad en una sociedad con un desempleo humillante.

Pero lo que ya puede ser de “Premio Nobel” es  evitar que personas sin haber trabajado o con una catadura moral lamentable; véanse plagios, mentiras, manipulaciones de la enseñanza, la Historia, los Medios etc. gobiernen un país, teniendo en cuenta que en la política, habiendo muchos buenos,  abundan bastantes malos y tontos o individuos con ambas “virtudes”

 

 

 

sábado, 31 de agosto de 2019

La empresa España (2)

Diario de Ferrol, 01/09/2.019



En el ámbito doméstico, la familia; en la empresa, ya sea grande o pequeña, y en la propia política, ya sea nacional o autonómica, hay criterios, como no gastar más de lo que se ingresa, que ninguna persona cabal puede saltarse. Y  además aptitudes -como el liderazgo-  son fundamentales para salir adelante ante  dificultades y desafíos.

Cuando por necesidades profesionales, tuve que profundizar en el conocimiento de los números empresariales, un compañero y gran profesional, me dio una sugerencia que no se olvida.

Decía que cuando tenía que analizar una empresa lo primero que hacía, “al llamar a la puerta” era ver la diferencia entre gastos e ingresos, los fríos grupos contables sexto y séptimo, de entonces.

Sí este último era superior, para él siempre era una buena señal, aun sabiendo que todo se podía maquillar; ingresos extraordinarios por venta de activos, amortizaciones elevadas, reservas, dividendos, etc. Pero, en una palabra, era un buen comienzo.

Es una realidad qué sí cualquier persona o estamento gasta más de lo que ingresa y además lo hace sistemáticamente y aun encima se endeuda para poder sostener la situación es cuestión de tiempo llegar a la suspensión de pagos, hoy Ley Concursal, o a la dura quiebra definitiva.

En el siglo pasado, los anglosajones eran bastante aficionados a realizar exploraciones geográficas embarcándose en heroicas aventuras, que no siempre acababan bien, a menudo por una errónea planificación. Caroline Alexander describe  en su libro “Atrapados en el hielo” el intento de Ernest Shackleton y veintisiete hombres más, de llegar al Polo Sur.

Shackleton, un marino mercante irlandés, reclutó tripulación -un conjunto de buenos profesionales tanto militares como civiles- y partió de Londres en agosto de 1.914,  rumbo al Atlántico Sur con el fin de llegar al helado mar de Weddell , en la Antártida y desde sus costas, en trineo, a su objetivo para plantar la Unión Jack.

La expedición termino en un rotundo fracaso; su buque “Endurance” se hundió, atrapado y “estrujado” por las placas de hielo. El episodio no es demasiado conocido, pues los “amigos ingleses” no acostumbran -al contrario que los españoles y los propios ferrolanos- a airear sus fracasos, buscando únicamente exaltar y exagerar sus logros.

Lo que sí hicieron fue divulgar la épica resistencia de estos expedicionarios que después de luchar contra el hielo y los duros elementos durante prácticamente dos años lograron sobrevivir y ser rescatados, sin ninguna pérdida humana.

Esta “milagrosa” salvación no hubiera sido posible sin el marcado carácter de líder de Shackleton. Logró animar a sus hombres y convencerlos para mantener una férrea disciplina, espíritu de sacrificio y esfuerzo sobrehumano, no pidiéndoles algo que él mismo no pudiera hacer y estando siempre a la cabeza para afrontar las múltiples dificultades.

El liderazgo de una persona es la clave para solventar problemas y convencer a su gente para superarlos en equipo, pensando en las expectativas del conjunto y no solo en las ambiciones de uno mismo.

El líder es una persona con metas claras, transparentes y sólidas -sin bandazos-  que las transmite para motivar a su grupo. Invierte y cree en las personas, potenciando su talento, las escucha, respeta y jamás las decepciona.

Tiene principios que no cambia de la noche a la mañana, mantiene sus promesas y predica con el ejemplo; en una palabra logra que todo el mundo luche por mejorar la situación común y además lo haga por convencimiento y no solo por obligación.

España, está en una situación “al menos delicada” el crecimiento económico se ralentiza, cae la producción industrial y exportaciones, continuamos sin afrontar seriamente la inversión en investigación, las pensiones “tiemblan” y el desempleo sigue siendo una abrumadora realidad que ningún gobierno, de cualquier signo, ha sido capaz de atajar.

Volviendo a habar del control presupuestario, el déficit y crecimiento de deuda del Estado continúa mientras no para el despilfarro en sueldos, viajes, subvenciones o incluso la clara malversación de fondos de algunas autonomías, ya por todos conocidas.

Buscar personas, entre los políticos actuales, con el perfil de líder no es tarea fácil y no creo merezca más comentarios.

Si finalmente volvemos a las urnas, es el momento de pensar seriamente en el voto útil y responsable para evitar una clase política que ya cansa, que no es capaz de llegar a pactos, como sería su obligación, y sigue buscando su sitio en la cúpula del poder.

sábado, 27 de julio de 2019

La empresa España

                
  • Diario de Ferrol
 

Ángel Anidos Nogueira

domingo, 30 de junio de 2019

Ferrol, su alcalde y el futuro

Diario de Ferrol

Ferrol, su alcalde y el futuro

Artículos atrás comentábamos a la vista de los datos publicados por los organismos de la Unión Europea respecto a poblaciones españolas, que Ferrol, aun con su crisis “navegaba” por el medio de la lista en cuanto a renta, desempleo y población. La situación no es caótica e irá a mejor, por mucho que se empeñen los que todo lo ven peor y transmiten una nefasta publicidad causando un profundo daño a los intereses de todos los ferrolanos.
Poco tiempo atrás saltaba la noticia, prácticamente desapercibida, de que dejábamos de ser el farolillo rojo en el porcentaje de desempleo de las ciudades gallegas, cediendo el testigo a Ourense y teniendo los mismos datos que Vigo. Una vez más parece que las buenas noticias no interesan, se las lleva el viento.
Artículos atrás hablábamos de una nueva oportunidad de prosperar y afrontar tiempos mejores. En la historia local habría que retroceder al año 1909 del pasado siglo, la época de la constitución de la Sociedad Española de Construcción Naval –la Constructora-, para encontrar unas circunstancias y una inversión estatal, tanto en medios materiales como técnicos y humanos, de semejante envergadura; aun así muy inferior a la que vamos a poder ver en un futuro cercano.
En estos venideros años tendremos una situación única para avanzar y alejar viejos fantasmas basándose en la gran inversión, aun con retrasos, que supondrá el nuevo programa de fragatas para la Armada. Ya en estos momentos se afronta una verdadera revolución industrial y tecnológica para renovar totalmente los astilleros y entrar de lleno en la era digital. Las construcciones en dique seco y cubierto, los modelos en 3 D, el astillero 4.0, en breve, serán conceptos que nos resultarán familiares.
Las múltiples acciones comerciales en marcha para la venta de buques, que serán una verdadera revolución, darán sus frutos que se materializarán en nuevos pedidos para marinas foráneas. Ya no será necesario importar técnicos irlandeses e ingleses como ocurrió en los tiempos de la Constructora. Por primera vez, el cambio tecnológico es respaldado por un campus universitario en la propia ciudad, por primera vez exportamos talento y por primera vez, en muchos años, no se habla solo de prejubilaciones.
La incorporación paulatina de seiscientas personas, en los astilleros públicos, es una novedad impensable hasta hace bien poco tiempo. En contadas ciudades veremos implantarse empresas con esta numerosa plantilla. Sí las prejubilaciones no suponen una merma en la economía local al corto y medio plazo, pues los ingresos se mantienen, las incorporaciones significan crecimiento y sostenibilidad en el largo futuro. Es un primer paso para el cambio de tendencia en la pérdida de población.
Tengamos en cuenta que además de otros avances como el tirón turístico de la mano de una nueva imagen más positiva, unos museos únicos, el tráfico de cruceros y el siempre pujante puerto comercial, hay dos columnas que sostienen la economía local como son la Armada y los astilleros y esperemos que lo sigan siendo en un futuro con más y nuevos compañeros de viaje.
Estamos frente a no una ni dos, estamos frente a un gran abanico de circunstancias y oportunidades que no podemos dejar pasar de largo.
Artículos atrás, también comentábamos que el final del bipartidismo es una realidad y no tiene por qué ser una catástrofe. La nueva situación política obliga a un mayor control, a negociaciones y consensos que repercutirán en la mejor gestión de los recursos y respeto a los intereses de todos los ciudadanos.
Europa encara esta nueva etapa plural y tiene como ejemplo los años del gobierno alemán en estas circunstancias con los resultados de todos conocidos del motor económico teutón.
Para nuestros vecinos, la madurez democrática cuenta a favor y esperemos que de una vez por todas también en España se respeten las nuevas reglas de juego. Tan sencillas como que el político no ponga por delante los intereses personales y partidistas y se plantee gestionar como verdadero estadista.
La política local no es una excepción, el reto es ambicioso en momentos como este. Todos los ciudadanos desean no volver a vivir otros cuatro años de desencuentros y bochornosos espectáculos.
En estos momentos son muchas circunstancias a favor que, por una vez, no deberíamos desperdiciar. Por esta vez, pensemos primero en Ferrol y aparquemos otros intereses.
El futuro alcalde tendrá mucho que decir en este futuro mejor para Ferrol.

sábado, 25 de mayo de 2019

FERROL Y EL FUTURO

Artículo publicado en Diario de Ferrol el 25 de mayo de 2.019


Es una realidad conocida el hecho de que a día de hoy un ayuntamiento necesita una gestión profesional, pues no deja de ser una empresa, en este caso pública.

Una empresa que paga nóminas, contrata servicios, gestiona recursos humanos y materiales, recauda ingresos vía impuestos, tiene presupuestos, objetivos; debe tener un plan de negocio, en este caso un programa de gobierno;  regularmente  rendir cuentas    al contribuyente  -el accionista-. Es además una empresa especial  al gestionar la seguridad ciudadana, vía policía local y ser su objetivo prestar los servicios básicos para mejorar la vida del ciudadano.

Atendiendo a estas circunstancias, estaríamos equivocados si pensamos que cualquier persona, por el hecho de estar en política,  es válida  para  administrar recursos millonarios aportados por   todos. Si la formación de un alcalde y tipo de la misma, reglada o no reglada,  es una de las cuestiones a valorar; la experiencia es el factor clave a tener en cuenta.

Ninguna empresa  contrata a un gestor  sin un perfil profesional adecuado. No todos valemos para dirigir, asumir responsabilidades y gestionar equipos de personas; no todos valemos para ser alcaldes aun siendo activistas  destacados en la política, sus mítines o sus ideas de uno u otro signo.

Es evidente que a un candidato no  se le pueden pedir beneficios y mejoras para la ciudad cuando  en muchos casos superan el ámbito local trascendiendo al provincial, al autonómico o estatal; pero sí su interés, seguimiento y gestiones para impulsarlas y lograrlas, sin olvidar  responsabilidades directas como saneamiento, tráfico o urbanismo.

Si la labor de un alcalde es compleja y fundamental  para la prosperidad de una ciudad, más lo es en una urbe donde históricamente se capean crisis y últimamente está instalada en una de largo recorrido.

Ferrol, una vez creada y ya no necesitada por el Estado, es una ciudad olvidada a su suerte, vilipendiada y engañada sistemáticamente por la clase política en general, tanto nacional como autonómica a lo que también coopera un porcentaje significativo de ciudadanos  con una mentalidad negativa que se regodea en el victimismo; ante la conocida afirmación de que aquí “no hacen nada” habría que pensar en “que hago yo, que hacemos cada uno de nosotros” para mejorar, emprender y lograr de una vez por todas salir del tobogán del pesimismo.

En estos años  los avances,  puramente de ámbito local “ni están ni se les esperaban”. Una peatonalización del centro incompleta con actuaciones ya planificadas como las de las calles San Francisco, Espartero, Iglesia, Pardo Bajo sin realizar; una total pasividad   a la hora de buscar alternativas para el vehículo, incluso cerrando aparcamientos, circunstancia imposible en cualquier otra ciudad,  son muestras, aunque no las únicas, de que los problemas empiezan por la dejadez y desinterés por Ferrol de una buena parte de nuestros propios políticos actuales.

Mantenimiento de zonas verdes, limpieza y recogida de basuras, oficina de atención ciudadana y más servicios en el aire, por carecer de un contrato actualizado, son más ejemplos.

Un recorrido por el  parque del Montón, paseo marítimo de Caranza, Acuaciencia, mercados municipales, Ferrol Vello, abandonadas instalaciones feriales  –las primeras que se crearon en Galicia-  nos mostrará la cruda realidad. En esta situación, al ciudadano, sin ser Aristóteles, le cuesta entender que el Ayuntamiento presente “superávit en sus cuentas”.

Sí  ya en cuestiones puramente locales vemos la situación, habría que preguntarse, aun no siendo una competencia exclusiva de la Corporación,  que gestiones se hicieron y sus frutos respecto a abrir Ferrol al mar  –recordemos que dentro de esta actuación el derribo de la nave provisional del mercado central es una cuestión puramente local-   reurbanización del entorno del Sánchez Aguilera y estaciones de tren y autobuses, reconversión de la avenida de As Pías, mejoras en el trazado ferroviario, etc.

En los próximos cuatro años, si una vez más no nos engañan,   la construcción de las nuevas fragatas para la Armada  –ahora nos dicen que hay un retraso de casi dos años- serán un punto de inflexión para poder abandonar la crisis y buscar la ansiada diversificación industrial.

Un alcalde profesional, con experiencia en gestionar, que sufra por su ciudad, que tenga claro su programa, propuestas  y que las de a conocer será imprescindible si queremos avanzar. Una vez más depende de nosotros, depende de nuestro voto.

 

28 de abril, política y sociedad


Políticamente hablando, en las venideras elecciones decidiremos Parlamento, Gobierno y afrontaremos el fin   del bipartidismo; socialmente hablando nos jugaremos bastante más.

Una reflexión sobre la actual situación política, como siempre convulsa, no ahora más que otras veces, nos lleva a pensar que el ciudadano va a decidir -más que sobre siglas, partidos, la izquierda o la derecha-  dos claras posturas que marcarán nuestro futuro. La Historia es recurrente.

“Han pasado casi tres años con momentos complicados y consciente de que todos hemos hecho un esfuerzo siempre con el objetivo de “mejorar la vida de los ciudadanos”.

Son palabras del discurso de despedida de la Presidenta del Congreso, Ana Pastor. ¿Podemos creer   que toda la clase política se ha esforzado para mejorar la vida   del ciudadano medio defendiendo los intereses de la mayoría y aparcando los suyos?

“Es obvio que habría que parar el proceso que no está siendo de descentralización sino de deconstrucción total del Estado”. “Yo propondría que tomemos medias de integración, puesto que lo que nos amenaza es la desintegración,  en referencia explícita a la lengua y la educación”.

Son palabras del recientemente fallecido José Pedro Pérez-Llorca, uno de los padres de la Constitución, con un expediente académico y sobre todo profesional, prácticamente imposible de encontrar en la política actual.

La sociedad clama que se luche contra la corrupción y el nepotismo, instalados en todos los partidos políticos que tocan poder, destacando “los  maestros  del tres por ciento”. Una sociedad ya harta de la corrección política de la “España de todos y todas”  que empieza a ser  una verdadera mordaza a la libertad de expresión de muchos ciudadanos.

El 28 se va a decidir entre un país unido, con una mínima uniformidad en normas, educación sanidad,    seguridad jurídica,  respetuoso con las leyes  y los cambios consensuados u otro donde los intereses de unos pocos impongan sus criterios.

Se decidirá  entre un Gobierno que busque  instituciones  inclusivas donde la mayoría de la población tenga su espacio y oportunidades  u otro que facilite las extractivas, compuestas por  los  apellidos de siempre, para elevar la presión fiscal sobre el ciudadano medio y paliar así el gasto público desbocado, que roza el despilfarro.

Se decide entre unos políticos que se esforzarán en lograr un mejor nivel de vida para sus ciudadanos o los  que se afanaran en buscar nuestras diferencias para dividirnos y alcanzar sus propias y minoritarias aspiraciones.

Se tendrá que elegir entre  un populismo que  dispara el déficit público con gastos innecesarios concediendo prestaciones sociales que sabe que no podrá pagar -como advierten tanto la  la Comisión Europea como  el propio Banco de España-  o una gestión económica real y rigurosa, que contemple el  crecimiento económico, no sin reconocido esfuerzo, y  prioridades como las prestaciones de dependencia, pensiones o sanidad.

Habrá que decidir entre un posicionamiento constitucional, que respetando el pasado sepa perdonar y buscar la unión para mirar hacia delante logrando la mejora de la mayoría u otros que escudándose en los problemas, lógicos de los tiempos actuales, anhelan  desmantelar  al Estado minando sus  instituciones  claves como  la Corona, las Fuerzas Armadas y  de Seguridad o  el Poder Judicial y su independencia.

En   cualquier lugar de la Unión Europea, en momentos difíciles, veremos a partidos políticos defender sus diferentes puntos de vista para superar crisis, pero siempre pensando en el beneficio  del  conjunto de la sociedad, no el de unos pocos y nunca intentando desmantelar su país

En todos los países de la Unión Europea se respetan sus instituciones y las Fuerzas Armadas son bienvenidas a todo evento. Aquí la política localista excluyente le pone trabas a la presencia del Ejército en una feria de enseñanza enfocada a los jóvenes.

Días atrás miles y miles de ciudadanos visitaban al buque insignia de la Armada, mientras los mismos políticos localistas y lo más grave el propio partido en el gobierno, ponía trabas a la entrada en puerto. ¿Representan realmente estos políticos el sentimiento ciudadano o persiguen sus propios intereses?

Las urnas dirán si queremos continuar e incluso mejorar una Constitución que dio paso a la etapa más prospera de la historia de este país o por el contrario volvemos a mirar atrás y a las dos Españas

El próximo 28 de abril, decidirá la política o la sociedad, es nuestro turno.

 

 

domingo, 3 de marzo de 2019

TERGIVERSA, MIENTE; ALGO QUEDA


Aun cansados del desencuentro al que nos han llevado nuestros políticos, es difícil obviar la lamentable situación en que nos encontramos, que de nuevo aflora con el proceso judicial de los “progresistas y democráticos” independentistas.

Hartos de escuchar la descarada manipulación de todo lo que cae a su alcance; hasta la razón de la muerte de Sócrates, convenientemente aclarada por el conocido columnista Pérez Reverte en uno de sus artículos.

Hastiados de escuchar que “amo a España” y que el intento independentista es pacífico. Cansados de ver acosos  a políticos constitucionalistas, descalificaciones, agresiones y escraches a líderes, periodistas, jueces e incluso instituciones públicas de rango nacional y europeo, sencillamente por el hecho de pensar diferente.

Intentan una vez más manipular la historia con respecto a personajes como Luis Companys o las “pacificas” acciones de las Juventudes de Esquerra Republicana de Cataluña, fundadas en 1931 por José Dencás y Miquel Badía.

El independentismo, no fue, no es y jamás será pacifico debido a que no le asiste la razón y una minoría trata de imponerse a la mayoría.

Siempre se ha dicho que es muy difícil explicar lo obvio y en estos momentos se demuestra una vez más.

Artículos atrás me comentaban, espero que con inocente desconocimiento de la realidad, que el derecho a decidir no puede ser perseguido penalmente; como ejemplos los casos -que en nada tienen que ver con nuestra situación- de Escocia, Nueva Caledonia y Quebec, Canadá.

Aunque insistan en lo contrario -no hay peor ciego que el que no quiere ver- en este país, con una democracia modélica -no vamos de nuevo a mencionar las organizaciones que así lo afirman-   todo el mundo puede opinar libremente. Declararse independentista, como así lo hacen personajes de todos conocidos, incluso descalificando al resto de los españoles y difamando al Estado, no implica entrar en prisión. En la cárcel están los que han pasado de las palabras a los hechos que el Poder Judicial ha considerado posibles delitos.

El que quiera puede votar por medios legales la separación de un territorio, para lo cual, primero tendrá que cambiar la Constitución. Proceso que a los independentistas les queda grande y se les va de las manos precisamente porque son minorías.

Nueva Caledonia, colonia francesa, es uno de los diecisiete territorios con derecho a la independencia incluidos en la lista del Comité Especial de Descolonización de la ONU. Absolutamente nada que ver con una región de un estado europeo. Este derecho lo ejercen las capas más pobres de su estatus social; en Cataluña, las demandas tienen su origen en una oligarquía de nivel económico alto, salpicada de variados casos de corrupción y prevaricación.

El reino de Escocia fue independiente hasta su unión en 1.707, con Inglaterra, Gales e Irlanda, el Reino Unido de la Gran Bretaña. Lógico que tenga todo el derecho a plantear su separación -nada que ver con nuestra historia- Por cierto, recordemos que Inglaterra invadió Irlanda. No hace tanto tiempo, su líder Tony Blair, mantenía en el Norte, cuarenta y cinco mil soldados ¡sí el Ejercito, no la Policía! para controlar su “pacifica convivencia” democracia donde las haya.

En Canadá, tampoco nada que ver con nuestra historia, ex colonia francesa e inglesa -el origen del problema- también cansados de referéndums que no pararían hasta obtener un mínimo resultado favorable al divorcio, su Corte Suprema estableció la “Ley de Claridad”.

Una ley que establece que no es suficiente una mayoría para demandar la independencia. Además garantiza el derecho a que determinadas partes de ese territorio quieran continuar en el Estado o separarse de los que la han pedido.  ¿Respetarían los independentistas que el Valle de Aran y “Tabarnia” quisieran a su vez separarse o continuar con el resto de España? No es necesario recordar en donde está la riqueza, desarrollo y mayoría de habitantes de Cataluña.

Vivimos una situación en la que el veintisiete por ciento de la población, dos millones dando por buenas sus cifras, pretenden imponerse a los cinco y medio restantes de la región y a los otros cuarenta y cuatro y medio del resto de ciudadanos del país.

Se puede objetar que en las elecciones la abstención y los menores no cuentan, cierto, pero se convocan legalmente para elegir el poder ejecutivo y legislativo durante cuatro años, no para llevar a cabo una secesión ilegal y rechazada por una inmensa mayoría. Tergiversa, miente; algo queda. 

 

sábado, 2 de febrero de 2019

LOS SESENTA


Artículo de Diario de Ferrol del miércoles, 30 de enero de 2.019


A raíz del título, alguien podría pensar que vamos a hablar de esa esplendida  década  y principios de los setenta del pasado siglo. Años de significativo crecimiento económico e industrial en toda España, y más en Ferrol, donde dos gigantes de la construcción naval no paraban de lanzar a la Ría grandes petroleros y buques de todo tipo.  

También hubo progreso político con atrevidos pasos de apertura en los derechos civiles,  y una dictadura que tocaba a su fin culminado con la Constitución del 78, que algún día valoraremos en su justa medida lo que ha significado para la historia del país. Pero hoy no reflexionaremos sobre esa etapa  creyendo, además, en que al contrario de lo que se dice: “ningún tiempo pasado fue mejor”

En estas Navidades, como todos los años desde hace muchos, la cena anual del colegio de la infancia, me proporcionaba un gran argumento  para venir a  Ferrol y disfrutarlo,  el día entero, hasta la hora del encuentro.

El paseo recordando los ultramarinos de siempre, todavía vivos,  como el de Emilio el del “Rápido” o “Mundo”, el  ambiente festivo, la dársena de Curuxeiras, calles como San Francisco o Dolores, emblemáticos edificios hoy restaurados como el del “Café Cervantes” y entornos  mágicos –acertado adjetivo de Lola Becaría- como la plaza de Amboage o los Jardines de Herrera, son  buenos momentos para hacer balance de los tiempos mozos.

Ya en la cena, en los  preliminares saludos y reconocimientos, no siempre a primera vista debido al deterioro de los años,  hacía discretamente,  balance de la mella que el paso del tiempo  va dejando en cada uno y reconociendo, a un sin quererlo, que la juventud ya queda lejos.

Ojeando el folleto  del evento, para algunos  no pasó desapercibida la circunstancia de que esta vez se trataba del  50 aniversario del colegio. Teniendo en cuenta que habíamos entrado a los 10, pusimos los pies en la tierra  y fuimos conscientes de que ya estábamos en “los sesenta”

Esta etapa  supone un hito en la trayectoria vital de una persona por múltiples razones; empezando por que un camino pasado  con dificultades ya puede suponer factura en el estado físico y psíquico de cada uno. Recuerdos que nos traen emociones, días buenos y no tan buenos, personas de honra y no tan honra que afortunadamente, estas últimas, nuestra compleja mente arrinconó en su momento.

Llegada esta edad uno se da cuenta sí aprovechó el tiempo y la vida. Es la etapa en que ya no suelen estar los progenitores, tan criticados en su momento y tan admirados cuando ya se han ido. Es la etapa en que uno toma conciencia  de que se comporta y piensa, en muchas ocasiones, como el cuestionado mentor y agradece su esfuerzo y sacrificio y principalmente, si se ha tenido esa suerte, la educación y principios inculcados.

Es la etapa en que, sí uno  ha tenido principios, se da cuenta que en un país con una endémica precariedad laboral, en la empresa no triunfa el esfuerzo, la lealtad y la  inteligencia y sí los  que no tienen otro merito que adular al de arriba y vejar al subordinado, los abundantes  trepas y mediocres que contribuyen con fuerza a mantener tal situación.

Es la etapa en que uno se da cuenta de que el radical, que nunca hizo otra cosa que dedicarse a la política, se autodenomina demócrata y progresista, despreciando y tachando de intransigente al que no piensa como él. Es también la etapa en que uno se da cuenta de que, aun con un gran futuro por delante, empezamos a tener muchos más recuerdos que fuerzas para emprender y luchar, por lo menos con la intensidad del tiempo anterior.

Más de un compañero lamentaba  la sutil discriminación  profesional que actualmente supone el culto a la juventud. Escuchando con frecuencia los halagos al “joven y preparado” en claro desprecio al “maduro  y experimentado”.

En alguna ocasión he tenido que aclarar ante el pavoneo del “joven y preparado” que la juventud es una circunstancia y no  una virtud, lo que no es motivo de alarde y ojala tenga el joven la suerte de llegar a adulto como los que hemos llegado.

Afortunadamente, siempre hubo en la historia grandes cerebros, independientemente de la época y la edad. Como ejemplo de mis argumentos suelo recordar que Winston Churchill ganó la Segunda Guerra Mundial a los sesenta y cuatro años y que el fundador del mayor imperio mundial del textil no estudió.

Afortunadamente –animé- a nuestra edad todavía estamos a tiempo de fundar un gran imperio y ganar una tercera guerra mundial, aunque espero que esto último no sea necesario.