(Publicado en Diario de Ferrol el 2 y 3 de julio de 2.020)
A principios del mes de junio, en
el Grupo de Trabajo de Sanidad y Salud Publica, habló sobre la pandemia el Dr.
Emilio Bouza. Explicó desde un punto de vista técnico y profesional su opinión
sobre el problema vírico, que actualmente padecemos.
Habló de cómo se está abordando
el desafío; aciertos y desaciertos y lo que es importante, de posibles
soluciones. De sus palabras se pueden extraer interesantes lecciones.
Por su currículo hay que destacar
que trabaja en hospitales desde los dieciocho años y continua su actividad como
catedrático emérito en la Universidad Complutense a sus setenta y tres. Fue
jefe de servicio de microbiología y enfermedades infecciosas del hospital
Gregorio Marañón, donde también continua como emérito; trabajó, además en la
clínica Puerta de Hierro y en el hospital de la Universidad de California.
Dividió su exposición en:
deficiencias estructurales del sistema, errores que hemos cometido en la pandemia,
conclusiones y soluciones.
Entre otras lecciones que podemos
extraer, aparte de las profesionales, destacaría la humildad de reconocer
errores, su experiencia, que en estos momentos de progresía una parte de la
sociedad no aprecia y sobre todo el hecho de aportar soluciones, hablando de un
tema tan complejo en un lenguaje que cualquier profano en el sector de la
sanidad puede entender.
El presidente Emmanuel Macron,
también pidió perdón y reconoció errores públicamente al pueblo francés; el
reconocimiento aquí, por parte del Gobierno, ni llega ni se le espera.
Como hemos visto en múltiples
ocasiones por estudios y estadísticas de numerosas entidades mundiales,
vivimos, o al menos vivíamos antes de esta pandemia y Gobierno actual, en uno
de los países con mayor nivel de bienestar.
Como el Dr. Bouza, tenemos miles
de excelentes profesionales en múltiples disciplinas como ingeniería,
investigación, la propia sanidad, empresas, finanzas, etc. Un porcentaje de
ellos formados aquí y por falta de oportunidades, trabajando en otros países contribuyendo
a su progreso.
Es evidente que no existe ni un
país ni un régimen político perfecto, pero creo que debemos aspirar como
españoles a tener lo mejor da cada uno y evitar lo peor.
Aspirar a lograr una cifra de
desempleo del 4%, como Corea del Sur, Inglaterra o EEUU, pero lógicamente querer
continuar y mejorar nuestro sistema sanitario, mucho mejor que el de ellos a
pesar de la precariedad en que desarrollan su trabajo los profesionales del sector,
mantener nuestras buenas comunicaciones o mejorar sensiblemente el sistema
educativo.
Querámoslo o no vivimos en un
sistema capitalista, quizás no sea el mejor, pero todavía no he visto un país
con régimen comunista que alcance nuestro bienestar, que al fin y al cabo es a
lo que aspira la humanidad.
Antes de terminar con el famoso
muro de Berlín, nadie arriesgaba su vida para establecerse en la Alemania del
Este. Ni nadie aspira a vivir en Corea del Norte.
Prestigiosos medios como The
Economist han analizado la eficacia en la gestión de esta crisis y llegan a la
conclusión de que las medidas tomadas por parte de PSOE y Podemos han sido de
las peores de la OCDE.
Hinchar pecho contra viento y
marea, sin reconocer los errores solo lleva a un camino: el fracaso. La
experiencia es trabajar, a veces triunfando y otras fracasando, es la forma de
aprender para seguir progresando.
Lo decía el propio Adam Smith:
“No hay más requisitos para llevar a un estado a la prosperidad, que la paz,
unos impuestos sencillos y una tolerable administración de la justicia”.
Es relevante que tengamos
miembros del Gobierno, que precisamente intenten tumbar estos principios: crispación
continua en el Congreso, que a veces parece un patio de colegio, incremento de
la carga impositiva para pagar déficit y subsidios, así como continuas dudas
sobre la independencia del poder judicial.
Asistimos a cambios de criterio
diarios, ceses, nombramientos dejando a un lado la meritocracia, basados en la
relación personal, no sabemos la mortalidad real por efecto de la pandemia, se
eluden responsabilidades continuamente, como en el caso de las residencias de
mayores y no entremos ya en la políticamente correcta post verdad, hasta hace
poco siempre llamada mentira.
Tendríamos que preguntarnos
porque las personas como la mencionada al principio y otras muchas con
capacidad probada no están en la política española.
Exceptuando a honrosas
excepciones, insistiendo en que las hay, ¿por qué tenemos la clase política que
tenemos? ¿Por qué están ellos?