lunes, 31 de octubre de 2011

FERROL Y SUS MUROS


Hace ya décadas    -sobre todo desde que se puede opinar-   hay un continuo debate, por no decir un clamor, demandando el cambio del famoso muro.
Cada cierto tiempo el tema se pone de moda y vuelve a los periódicos y discursos de los políticos.
Si bien es cierto que una mínima parte ya se ha derribado, también lo es él que solo en estas dos últimas corporaciones se habla de un proyecto de conjunto, más ambicioso y coherente.
El muro no deja de ser la punta del iceberg. Hay otros muros como el sicológico o mentalidades con prejuicios que hacen mucho más daño a Ferrol que el propio de hormigón.
Estos últimos días se anunciaba un nuevo proyecto, con cierta semejanza al anterior,  que muestra un sentido de hacer ciudad   que es de aplaudir y apoyar.
En todos estos años Ferrol y su estructura cambió radicalmente y los tiempos actuales exigen soluciones ambiciosas que logren seguir los pasos del cambio.
Al nuevo plan lo titularía: abrir Ferrol al mar y a la tierra.
Hoy en día la principal entrada a la urbe es el final de la AP 9 y acceso norte que acaban precisamente en el puerto  interior.
Un gran número de personas embarcadas en cruceros turísticos entran  por la misma dársena.  Incluso prolongando la línea del ferrocarril de FEVE hasta la plaza de Galicia, sería  también la entrada por este medio.
Esta nueva puerta, da una digna bienvenida en lo que respecta al baluarte de San Juan,   jardines de la Ranita, paseo de la Marina, dársena de Curuxeiras y antigua Sala de Armas, hoy residencia.
Esta sensación se va diluyendo cuando se continua por el maltrecho Paseo de Irmandiños, carretera de circunvalación para que nos entendamos todos,    con un firme irregular y angosto rodeado a su derecha por un muro insostenible hoy en día y a su izquierda por una maltratada Alameda llena de edificios que en algunos casos no pueden recibir otro adjetivo que el de galpones.
Estamos hablando, no solamente de una entrada sino de un corredor que nos conduce hasta el mismo corazón de la ciudad: La plaza de Galicia con edificios significativos, el centro del barrio de la Magdalena, los Cantones -la zona de la Alameda mejor conservada-  los dos museos más importantes, los jardines de las Angustias y una de las principales avenidas como es la de Esteiro.
Es en consecuencia un verdadero acierto tratar toda esta trama urbana en su conjunto, siendo una de estas actuaciones el dichoso muro pero no la única ni mucho menos. Estamos hablando de la imagen que toda la ciudad proyectará al visitante.
Tendríamos que empezar por lograr que el estamento oportuno escuche las sugerencias de señalización de la propia autopista y además la dote de iluminación como en el resto de las ciudades.
Ni una de las salidas de la misma indica zonas urbanas a las que se puede acceder. Para colmo de males, si hacemos caso a la señalitica, nunca entraríamos al centro por el puerto; dos salidas anteriores se nos desvía por Canido. Si estos problemas los tiene un ferrolano, ¿nos imaginamos donde puede acabar el turista desconocedor del entramado urbano? ¡Puede que  en Coruña,  muchas salidas indican esta dirección!
A pesar de las reticencias, un centro comercial en el puerto –de baja altura como el previsto- supondría un valor añadido importante, no solo para Ferrol Vello, también para La Magdalena. Sería el polo de atracción necesario para equilibrar los flujos comerciales que en estos momentos están marcadamente orientados hacia el polígono comercial de la Gándara.
Lejos de perjudicar a nadie, se lograría un equilibrio  que beneficiaría algo más a las zonas ahora más marginadas como son Magdalena y Ferrol Vello. Sencillamente consolidaría otra zona atractiva para el disfrute de los ciudadanos.
Supondría la progresión de un barrio en alza y de cara al mar que poco a poco incrementa sus servicios pero que necesita otros muchos y los  ejemplos son bien claros: intentemos en la zona portuaria, comprar un periódico, retirar dinero de un cajero, buscar una oferta diversificada en restauración o dormir en un hotel.
La rehabilitación –en lo posible-  de la Alameda hasta el teatro Jofre y del resto del Cantón,  hasta integrarlo con los jardines de las Angustias sería otro paso importante. Y por supuesto el cambio del propio paseo de Irmandiños, haciéndolo de doble dirección única de entrada y añadiéndole un firme digno y acorde a la  función de paseo y vía de penetración.
El famoso muro es evidente que también entra en la remodelación, se ha escrito tanto que para no redundar podríamos hacer una revisión de  los argumentos que se pueden esgrimir a favor y en contra.
En primer lugar, como no podía ser menos, están los intereses militares. 
Desde el siglo XVIII los enemigos  y el ingenio de la guerra han cambiado sensiblemente y medidas que antes eran eficaces se demuestran hoy  menos efectivas; el propio Ministerio de Defensa se ha pronunciado en más de una ocasión y admite que el muro es sustituible, el problema sería presupuestario. Tal y como esta la economía es evidente que la financiación deberá venir de otros estamentos.
El muro como su propio foso o la cadena entre castillos, estos últimos ya desaparecidos, es sustituible por cierres diáfanos.  Hoy en día si se quiere ver una panorámica de las instalaciones, a pesar del hormigón, no hace falta más que recurrir a Google Earth, las casas  colindantes, con alturas nunca pensadas en el XVIII, o a las nuevas galerías del Teatro Jofre.
¡Si se tira la muralla  solo se verán edificios!, es un argumento escuchado más de una vez.
De cualquier forma la ganancia es notable,  siempre será mejor, estéticamente y sicológicamente,  ver edificios significativos del siglo XVIII, que tener delante un parapeto ciego de 4 o 5 metros de alto.
Mentalmente se rompe con la sensación de que la ciudad se acaba ahí. Hay en este sentido actuaciones destacables. Hace años se retiró la parte que ocultaba la antigua Sala de Armas. No se ve el mar pero vemos un impresionante edificio de hace dos siglos. Hace menos tiempo se retiro una parte a la altura del edificio de Herrerías, se ve  el mar,  edificaciones que muchos ni conocían y estéticamente la sensación de continuidad urbana es evidente.
Fuera de este ámbito tenemos otros  ejemplos  destacables: dos años atrás se desmantelaba la muralla que rodeaba el Instituto Concepción Arenal. El resultado salta a la vista descubriendo un gran edifico oculto para muchos ferrolanos. Otro tanto ocurre con la parte trasera de la Biblioteca Central. El puerto comercial esta rodeado de una valla diáfana. Se rompe con la sensación de término, se ven los almacenes y en parte la Ría.
Además reflexionemos: ¡si se verá el mar!  Basta un ejemplo, en la plaza de Galicia, se apreciará en todo su esplendor el dique de la campana y detrás la dársena.
Se argumentan también razones como dificultades de desniveles ó, a  la altura de los diques secos,  problemas con el alcance de pinturas o chorreados. Seamos serios, hoy en día el nivel de  soluciones arquitectónicas con que cuenta nuestro país ofrece múltiples respuestas a estos temas, solo es cuestión de escuchar a los técnicos.
También se apunta que podemos destruir parte de la historia como consecuencia del derribo.
Leyendo los informes que han trascendido, queda bien claro que la actuación consistiría en desmantelar la parte de hormigón puro y duro, levantada a finales del siglo XIX, desde la puerta del dique hasta las inmediaciones del edificio de enfermería. Desde aquí hasta la puerta del parque se respetaría el muro original, de piedra a la vista y de mucha menos altura que el actual.
En toda esta actuación, estamos hablando de un significativo cambio desde la entrada de la autopista hasta la Avenida de Esteiro, se necesitará una financiación importante. El comentario ha surgido ya en   reiteradas  ocasiones. ¡No nos engañemos! en  un país que a pesar de su crisis, se permite el Monte Gaias, paseos marítimos de quince kilómetros, aeropuertos inoperativos o claramente infrautilizados, a la hora de contemplar esta inversión estamos hablando del “chocolate del loro”
Este importante proyecto, a mayores de todas las ventajas enumeradas, supondría un escalón más en el  cambio de mentalidad que necesita nuestra ciudad, supondría un incremento importante de nuestra  autoestima, hoy por los suelos,  que es uno de los principales problemas de Ferrol.
Una vez más no estamos ante ningún imposible, una vez más y es reticente,  solamente es necesario buscar los apoyos y tener la misma  voluntad política que se tiene para inmensas inversiones realizadas en otras ciudades, algunas bien cercanas.


miércoles, 26 de octubre de 2011

FERROL Y SU TREN


La relación de nuestra ciudad con el ferrocarril siempre se ha caracterizado porque todo llega tarde. Siempre perdemos el tren.
El primer ferrocarril en la Península, de Barcelona a Mataró, se inauguró en 1848.
Renfe llegó a Ferrol en 1.913. Hemos esperado 65 años.
Feve llegó en 1.972; en completar las vías hasta Gijón se emplearon 86 años.
Ahora nos toca esperar tanto por el AVE como por un cercanías acorde a los tiempos y la conexión del Puerto Exterior.
En mayo de este año el ministro de Fomento firmaba en la ciudad un protocolo con Adif, Feve y el propio Ayuntamiento para adaptar la estación a las líneas del AVE y construir una para mercancías en la zona del futuro polígono industrial de Leixa. Fue como un rayo de esperanza que poco duró.
La definición del proyecto de tren al puerto exterior sigue estancada y teniendo en cuenta la futura estación de Leixa el trayecto por La Malata –el que más suena y por supuesto el más barato- no parece ser el más idóneo.
El ferrocarril en los tiempos actuales se ha ido posicionando como el mejor medio de comunicación por seguridad, rapidez, comodidad y ecología.  Cualquier  ciudad que se precie no puede perder el tren, nunca mejor dicho.
Para un ferrolano, que con cierta frecuencia recorre el Eje Atlántico no es agradable ver como las obras avanzan a pasos de gigante en todo el trayecto hecha la excepción del ramal a nuestra ciudad, donde no se ha movido ni una traviesa. El haber tenido partidas en los presupuestos generales del Estado para la adecuación de las vías y la estación fue otro espejismo.
Por mucho que las cifras no reflejen la verdadera realidad, la ciudad que se asienta en tres municipios, Ferrol – Narón – Fene, cuenta con 126.015 habitantes y hablo solo de ciudad, si nos referimos a área metropolitana o comarca los números rebasan las 200.000 personas.
Es la tercera zona de Galicia más poblada y la primera razón de peso para “no perder el tren”.
Industrialmente hablando y a pesar del contexto generalizado de la crisis, la consolidación de los astilleros, el puerto comercial –a la cabeza de Galicia en trafico- y los dos anillos de polígonos industriales que nos rodean hacen del entorno un punto de referencia y suman  una razón más en nuestros argumentos.
Si un país como el nuestro, a pesar de la crisis, tiene 745 millones para construir una autovía a la Costa da Morte, se permite invertir otras cantidades millonarias para remodelar aeropuertos o construir otros como el de Castellón donde nunca ha aterrizado un avión, esta claro que también puede invertir en nuestro ferrocarril. Una vez más es “cuestión de voluntad política” y de dejar a un lado las  continuas promesas siempre incumplidas.
Cuando el ministro de Fomento habla de solucionar el aislamiento histórico de Galicia habrá que recordarle que Ferrol también es gallego. Las recientes noticias que nos dejan fuera de los planes europeos de comunicación ferroviaria vuelven a echar por tierra promesas y esperanzas.
Esperemos que las circunstancias políticas actuales con la primera mayoría municipal y gobierno provincial, autonómico y probablemente central del mismo signo cambie el curso de la historia.


domingo, 23 de octubre de 2011

RESPUESTA A UN BUEN AMIGO

Si ya es una suerte tener amigos, es una fortuna que además lean tu blog.
Me comentaba uno de ellos del otro lado del Atlántico que últimamente notaba cierto pesimismo y desanimo en mis escritos.
Agradeciendo su interés y comentarios, no dejo de darle la razón y también apuntar que con la  que esta cayendo no hay muchas opciones al optimismo. Da la sensación de que, aunque tenemos, no queremos abrir el paraguas.
Cuando los vientos son favorables, es fácil sonreír y más fácil hablar exclusivamente de lo positivo. Cuando pintan bastos es el momento en que se refleja nuestra verdadera personalidad  el momento de asumir la realidad y el momento de tener paciencia, aunque se vean algunos políticos, banqueros y empresarios que además de contribuir sensiblemente al deterioro social son premiados con  generosos retiros dorados.
Da la sensación que la gente normal, la que trabaja, se esfuerza y además lo hace bien, se queda sola.
A propósito de esto,  hoy leía a Pérez Reverte -un escritor que no deja indiferente a nadie-  
“Siempre estuvimos solos. Ser español y lucido aparejó siempre una seca soledad. Lo que pasa es que en otros tiempos era más fácil soportarlo, porque los idiotas y los malvados no se mostraban, como ahora, tan públicamente satisfechos de serlo”
Yo añadiría que estamos llegando a una situación social en que lo único que se valora es el dinero y poder que ostentan, sin preguntar de donde vino y menos los meritos.
Continuando sobre el tono pesimista que se pueda apreciar en el ánimo de mucha gente también el escritor respondía:
“…Comprobar que algunos artículos escritos hace dos décadas siguen teniendo plena vigencia desmonta muchas viejas ilusiones y esperanzas. Por eso la antigua ironía cede paso a un desencanto más feroz….”
En estos momentos el problema para unos muchos,  a los que nos enseñaron los mínimos principios  de la ética, no es luchar contra los elementos, es defenderse de unos pocos, que cuentan con  la ventaja de no tener limites en sus ambiciones que anteponen a las más elementales reglas del  juego.
En momentos en que no hay para todos, es cuando más “destacan” los que hunden entidades de crédito, países o autonomías, rozan la corrupción y además se les aplaude y festeja; salen por la puerta grande con indemnizaciones millonarias y -en este caso algunas- solicitan la prestación de desempleo.
Da la sensación de que -los de a pie-  llevamos “una carga extra” que nos hace luchar en inferioridad de condiciones.  El escritor la describió:
“El haber sido educado por caballeros y gente honrada, para un mundo que ya no existe. Que supongo ni siquiera existía mientras me educaban. Y que tal vez no existió nunca”
Si bien es cierto, que siempre hubo y habrá un tiempo en que a  la verdad se la confunda con el pesimismo  y al decirla abiertamente con el abatimiento o resquemor. ¡Nada más lejos! La sinceridad es la única formula de acercarse a la siempre difícil justicia, aunque  a muchos les de pánico, porque se les puede mover la silla y ¡no hay más!

martes, 11 de octubre de 2011

LAS VERDADES DEL “EURO”

Con cierta sensación de lejanía,  recuerdo aquellas Navidades del 2.000, cuando       –para hacer prácticas-  recogíamos  unas bolsitas de plástico con un buen puñado de monedas nuevas y podríamos decir fascinantes.
Tampoco los billetes pasaban desapercibidos, sobre todo por su valor; sí uno era privilegiado y tenia un amigo banquero podía, incluso, -ver pero no tocar- uno de 500.
El “euro” hacia su presentación.
Algunos algo egoístamente, más jóvenes que ahora y sobre todo más inocentes, esperábamos una nueva época para nuestra inestable economía en donde las eternas y largas crisis casi desaparecerían o al menos serían reducidas en tiempo y calado.
¡Nada más lejos de la realidad!
En el clima de júbilo que nos envolvía, para los más reflexivos –agoreros para muchos-   no dejaba de haber una serie de cuestiones que no terminaban de encajar.
Países como Dinamarca o Suecia, con un nivel de bienestar indiscutible y también sin políticos corruptos, se desmarcaban de la fiesta.
Otros como Grecia, querían pero no podían –hoy vemos porque- y finalmente los Ingleses, haciendo gala de su estilo, “no entraban al trapo”
Era precisamente esto último, a pesar del esperado  “estilo antieuropeo”,  lo que más debería de preocupar, no por el hecho en sí, sino por las razones esgrimidas.
Decían estos señores que después de haber estudiado profundamente el tema, no podían entender una moneda única sin una unión fiscal, política y social previa. Daba la sensación de haber empezado por el final.
¡Cuanta razón tenían!
“La primera en la frente” para este país fue una profunda inflación encubierta que nos llevó en la practica a asimilar el Euro a las antiguas 100 pesetas. El resultado más de un 60% de subida de la carestía de la vida que nos llegó sin enterarnos.
La segunda fue una carrera desmedida en el gasto –que ahora pagamos-  de una sociedad, que sin poder permitírselo, pero animada por la banca, no hizo más que copiar de sus propios responsables políticos.
Como ahora se demuestra, la nueva moneda tampoco arreglo nuestras eternas crisis cíclicas.
Dicen de los americanos del norte –unión de 50 estados- que una de las facilidades que tienen para solventar sus problemas económicos es precisamente esa unión social política y económica, además de la lingüística.
La contraria  desunión europea no deja de ser inquietante, en momentos como los que vivimos, esperando tomas de decisiones de  gobiernos en eternas reuniones y discusiones –con sus correspondientes gastos- mientras asistimos  al festín de especuladores y premios escalofriantes a banqueros y políticos que han llevado a la quiebra entidades financieras y países enteros.
El sentido común nos dice que algo no puede ir bien cuando de 27 estados de la Unión solo 17 tenemos la moneda única.
En la  propia España -17 autonomías- tampoco deja de ser  inquietante la posición radical de algunos políticos, que lejos de aprender la lección, esgrimiendo razones históricas  de casta y hasta falsos privilegios, se dedican a profundizar  en esas desuniones que tamaño desastre han provocado.
Los mismos que aluden a la unión europea para pedir la solidaridad de los ricos alemanes y franceses, aquí predican las diferencias.
Algunos, a pesar se sus  cargos de responsabilidad, siguen sin enterarse de las verdades del “Euro”