Hace ya décadas -sobre todo desde que se puede opinar- hay un continuo debate, por no decir un clamor, demandando el cambio del famoso muro.
Cada cierto tiempo el tema se pone de moda y vuelve a los periódicos y discursos de los políticos.
Si bien es cierto que una mínima parte ya se ha derribado, también lo es él que solo en estas dos últimas corporaciones se habla de un proyecto de conjunto, más ambicioso y coherente.
El muro no deja de ser la punta del iceberg. Hay otros muros como el sicológico o mentalidades con prejuicios que hacen mucho más daño a Ferrol que el propio de hormigón.
Estos últimos días se anunciaba un nuevo proyecto, con cierta semejanza al anterior, que muestra un sentido de hacer ciudad que es de aplaudir y apoyar.
En todos estos años Ferrol y su estructura cambió radicalmente y los tiempos actuales exigen soluciones ambiciosas que logren seguir los pasos del cambio.
Al nuevo plan lo titularía: abrir Ferrol al mar y a la tierra.
Hoy en día la principal entrada a la urbe es el final de la AP 9 y acceso norte que acaban precisamente en el puerto interior.
Un gran número de personas embarcadas en cruceros turísticos entran por la misma dársena. Incluso prolongando la línea del ferrocarril de FEVE hasta la plaza de Galicia, sería también la entrada por este medio.
Esta nueva puerta, da una digna bienvenida en lo que respecta al baluarte de San Juan, jardines de la Ranita, paseo de la Marina, dársena de Curuxeiras y antigua Sala de Armas, hoy residencia.
Esta sensación se va diluyendo cuando se continua por el maltrecho Paseo de Irmandiños, carretera de circunvalación para que nos entendamos todos, con un firme irregular y angosto rodeado a su derecha por un muro insostenible hoy en día y a su izquierda por una maltratada Alameda llena de edificios que en algunos casos no pueden recibir otro adjetivo que el de galpones.
Estamos hablando, no solamente de una entrada sino de un corredor que nos conduce hasta el mismo corazón de la ciudad: La plaza de Galicia con edificios significativos, el centro del barrio de la Magdalena, los Cantones -la zona de la Alameda mejor conservada- los dos museos más importantes, los jardines de las Angustias y una de las principales avenidas como es la de Esteiro.
Es en consecuencia un verdadero acierto tratar toda esta trama urbana en su conjunto, siendo una de estas actuaciones el dichoso muro pero no la única ni mucho menos. Estamos hablando de la imagen que toda la ciudad proyectará al visitante.
Tendríamos que empezar por lograr que el estamento oportuno escuche las sugerencias de señalización de la propia autopista y además la dote de iluminación como en el resto de las ciudades.
Ni una de las salidas de la misma indica zonas urbanas a las que se puede acceder. Para colmo de males, si hacemos caso a la señalitica, nunca entraríamos al centro por el puerto; dos salidas anteriores se nos desvía por Canido. Si estos problemas los tiene un ferrolano, ¿nos imaginamos donde puede acabar el turista desconocedor del entramado urbano? ¡Puede que en Coruña, muchas salidas indican esta dirección!
A pesar de las reticencias, un centro comercial en el puerto –de baja altura como el previsto- supondría un valor añadido importante, no solo para Ferrol Vello, también para La Magdalena. Sería el polo de atracción necesario para equilibrar los flujos comerciales que en estos momentos están marcadamente orientados hacia el polígono comercial de la Gándara.
Lejos de perjudicar a nadie, se lograría un equilibrio que beneficiaría algo más a las zonas ahora más marginadas como son Magdalena y Ferrol Vello. Sencillamente consolidaría otra zona atractiva para el disfrute de los ciudadanos.
Supondría la progresión de un barrio en alza y de cara al mar que poco a poco incrementa sus servicios pero que necesita otros muchos y los ejemplos son bien claros: intentemos en la zona portuaria, comprar un periódico, retirar dinero de un cajero, buscar una oferta diversificada en restauración o dormir en un hotel.
La rehabilitación –en lo posible- de la Alameda hasta el teatro Jofre y del resto del Cantón, hasta integrarlo con los jardines de las Angustias sería otro paso importante. Y por supuesto el cambio del propio paseo de Irmandiños, haciéndolo de doble dirección única de entrada y añadiéndole un firme digno y acorde a la función de paseo y vía de penetración.
El famoso muro es evidente que también entra en la remodelación, se ha escrito tanto que para no redundar podríamos hacer una revisión de los argumentos que se pueden esgrimir a favor y en contra.
En primer lugar, como no podía ser menos, están los intereses militares.
Desde el siglo XVIII los enemigos y el ingenio de la guerra han cambiado sensiblemente y medidas que antes eran eficaces se demuestran hoy menos efectivas; el propio Ministerio de Defensa se ha pronunciado en más de una ocasión y admite que el muro es sustituible, el problema sería presupuestario. Tal y como esta la economía es evidente que la financiación deberá venir de otros estamentos.
El muro como su propio foso o la cadena entre castillos, estos últimos ya desaparecidos, es sustituible por cierres diáfanos. Hoy en día si se quiere ver una panorámica de las instalaciones, a pesar del hormigón, no hace falta más que recurrir a Google Earth, las casas colindantes, con alturas nunca pensadas en el XVIII, o a las nuevas galerías del Teatro Jofre.
¡Si se tira la muralla solo se verán edificios!, es un argumento escuchado más de una vez.
De cualquier forma la ganancia es notable, siempre será mejor, estéticamente y sicológicamente, ver edificios significativos del siglo XVIII, que tener delante un parapeto ciego de 4 o 5 metros de alto.
Mentalmente se rompe con la sensación de que la ciudad se acaba ahí. Hay en este sentido actuaciones destacables. Hace años se retiró la parte que ocultaba la antigua Sala de Armas. No se ve el mar pero vemos un impresionante edificio de hace dos siglos. Hace menos tiempo se retiro una parte a la altura del edificio de Herrerías, se ve el mar, edificaciones que muchos ni conocían y estéticamente la sensación de continuidad urbana es evidente.
Fuera de este ámbito tenemos otros ejemplos destacables: dos años atrás se desmantelaba la muralla que rodeaba el Instituto Concepción Arenal. El resultado salta a la vista descubriendo un gran edifico oculto para muchos ferrolanos. Otro tanto ocurre con la parte trasera de la Biblioteca Central. El puerto comercial esta rodeado de una valla diáfana. Se rompe con la sensación de término, se ven los almacenes y en parte la Ría.
Además reflexionemos: ¡si se verá el mar! Basta un ejemplo, en la plaza de Galicia, se apreciará en todo su esplendor el dique de la campana y detrás la dársena.
Se argumentan también razones como dificultades de desniveles ó, a la altura de los diques secos, problemas con el alcance de pinturas o chorreados. Seamos serios, hoy en día el nivel de soluciones arquitectónicas con que cuenta nuestro país ofrece múltiples respuestas a estos temas, solo es cuestión de escuchar a los técnicos.
También se apunta que podemos destruir parte de la historia como consecuencia del derribo.
Leyendo los informes que han trascendido, queda bien claro que la actuación consistiría en desmantelar la parte de hormigón puro y duro, levantada a finales del siglo XIX, desde la puerta del dique hasta las inmediaciones del edificio de enfermería. Desde aquí hasta la puerta del parque se respetaría el muro original, de piedra a la vista y de mucha menos altura que el actual.
En toda esta actuación, estamos hablando de un significativo cambio desde la entrada de la autopista hasta la Avenida de Esteiro, se necesitará una financiación importante. El comentario ha surgido ya en reiteradas ocasiones. ¡No nos engañemos! en un país que a pesar de su crisis, se permite el Monte Gaias, paseos marítimos de quince kilómetros, aeropuertos inoperativos o claramente infrautilizados, a la hora de contemplar esta inversión estamos hablando del “chocolate del loro”
Este importante proyecto, a mayores de todas las ventajas enumeradas, supondría un escalón más en el cambio de mentalidad que necesita nuestra ciudad, supondría un incremento importante de nuestra autoestima, hoy por los suelos, que es uno de los principales problemas de Ferrol.
Una vez más no estamos ante ningún imposible, una vez más y es reticente, solamente es necesario buscar los apoyos y tener la misma voluntad política que se tiene para inmensas inversiones realizadas en otras ciudades, algunas bien cercanas.




