Si ya es una suerte tener amigos, es una fortuna que además lean tu blog.
Me comentaba uno de ellos del otro lado del Atlántico que últimamente notaba cierto pesimismo y desanimo en mis escritos.
Agradeciendo su interés y comentarios, no dejo de darle la razón y también apuntar que con la que esta cayendo no hay muchas opciones al optimismo. Da la sensación de que, aunque tenemos, no queremos abrir el paraguas.
Cuando los vientos son favorables, es fácil sonreír y más fácil hablar exclusivamente de lo positivo. Cuando pintan bastos es el momento en que se refleja nuestra verdadera personalidad el momento de asumir la realidad y el momento de tener paciencia, aunque se vean algunos políticos, banqueros y empresarios que además de contribuir sensiblemente al deterioro social son premiados con generosos retiros dorados.
Da la sensación que la gente normal, la que trabaja, se esfuerza y además lo hace bien, se queda sola.
A propósito de esto, hoy leía a Pérez Reverte -un escritor que no deja indiferente a nadie-
“Siempre estuvimos solos. Ser español y lucido aparejó siempre una seca soledad. Lo que pasa es que en otros tiempos era más fácil soportarlo, porque los idiotas y los malvados no se mostraban, como ahora, tan públicamente satisfechos de serlo”
Yo añadiría que estamos llegando a una situación social en que lo único que se valora es el dinero y poder que ostentan, sin preguntar de donde vino y menos los meritos.
Continuando sobre el tono pesimista que se pueda apreciar en el ánimo de mucha gente también el escritor respondía:
“…Comprobar que algunos artículos escritos hace dos décadas siguen teniendo plena vigencia desmonta muchas viejas ilusiones y esperanzas. Por eso la antigua ironía cede paso a un desencanto más feroz….”
En estos momentos el problema para unos muchos, a los que nos enseñaron los mínimos principios de la ética, no es luchar contra los elementos, es defenderse de unos pocos, que cuentan con la ventaja de no tener limites en sus ambiciones que anteponen a las más elementales reglas del juego.
En momentos en que no hay para todos, es cuando más “destacan” los que hunden entidades de crédito, países o autonomías, rozan la corrupción y además se les aplaude y festeja; salen por la puerta grande con indemnizaciones millonarias y -en este caso algunas- solicitan la prestación de desempleo.
Da la sensación de que -los de a pie- llevamos “una carga extra” que nos hace luchar en inferioridad de condiciones. El escritor la describió:
“El haber sido educado por caballeros y gente honrada, para un mundo que ya no existe. Que supongo ni siquiera existía mientras me educaban. Y que tal vez no existió nunca”
Si bien es cierto, que siempre hubo y habrá un tiempo en que a la verdad se la confunda con el pesimismo y al decirla abiertamente con el abatimiento o resquemor. ¡Nada más lejos! La sinceridad es la única formula de acercarse a la siempre difícil justicia, aunque a muchos les de pánico, porque se les puede mover la silla y ¡no hay más!
Yo también te veo pesimista y tu justificación no me sirve, es como si en algún momento de tu vida hubieras conocido tiempos mejores. No los ha habido, simplemente hemos estado peor informados (?) o directamente engañados.
ResponderEliminarLa situación es y ha sido siempre la misma aquí y en Suecia (cuando parecía que habían legado a una sociedad ejemplar asesinaron a su presidente. Un presidente que iba al trabajo en bicicleta). Una casta dominante, otra intermedia más o menos amplia que hace el trabajo y un resto de escoria y marginados. Cambiar este orden significa un montón de muertes para llegar al mismo resultado final en donde gobierna la escoria y trabajan los de siempre.
Ahora estamos en un punto que -como Suecia- habiamos llegado a un nivel de bienestar preocupante. Ha pasado lo que tenía que pasar, hay que poner a cada uno en su sitio y volver a empezar, faltaría más.