Sin saber exactamente
por qué, hay episodios de nuestra vida que nos quedan grabados y no olvidamos
nunca a pesar del tiempo.
En mi infancia, se
pueden imaginar que ya llovió, estaba en una fiesta familiar, no recuerdo si cumpleaños,
santo u otra historia. Era el encargado del reparto de los dulces. Viendo que
una de mis muchas primas no paraba de comer lo de ella y lo de los demás, decidí,
pensado en todos, no darle más comestible. A pesar del pataleo mantuve firme mi postura. Al cabo de un tiempo
me comunico solemnemente que desde ese momento dejábamos de ser
primos…….
El episodio lo recuerdo
ahora con sonrisa amarga, pensado en que la reacción de algunos políticos a
pesar de su “conocimiento, sentido de la responsabilidad, madurez y entrega al
pueblo” es igual de absurda que la de mi
querida prima de la infancia.
Un político pide y pide
sin descanso para su región, dinero que gasta, pensando que “su fin justifica
los medios”, en tergiversar la historia, manipular la enseñanza y los
medios, crear cadenas de comunicación al
servicio de sus intereses, embajadas, subvenciones arbitrarias a organizaciones
afines hasta llevar la economía de todos a
límites insostenibles.
El Gobierno central,
pensando en todos los españoles, después
de una década “dejando hacer”, se harta
y cierra el grifo. Momento en que el
político adueñándose de la opinión de
todos, aunque ni mucho menos representa a la mayoría, “ decide dejar de
ser primo……..”
Si hacemos una
reflexión fría y con sentido común de los actuales intentos de quebrar la
convivencia del conjunto de los españoles veremos que una inmensa mayoría es
contraria a esta postura incluyendo los ciudadanos de las propias comunidades
“inquietas”.
Podemos empezar por
algo tan fundamental como ver la experiencia en casos ajenos pero
semejantes social, política y económicamente, como es el litigio de
Canadá con su región de Quebec.
Su tribunal
constitucional fue meridianamente claro en la sentencia:
"Bajo la
Constitución o las leyes internacionales, no existe derecho a una secesión
unilateral", dijo la Corte. "Es secesión sin una negociación."
El máximo tribunal indicó que una mayoría
simple, es decir, 50 por ciento más un voto, no era suficiente para destruir el
país. "Los canadienses nunca han aceptado que el nuestro es un sistema de
un gobierno de mayoría simple” sería necesaria, para empezar a hablar, al menos
una amplia mayoría.
Esta sentencia es todo
sentido común, pero además en nuestro caso hay más “madera”.
En el caso catalán, después
de una década despilfarrando en manipular enseñanza, historia, costumbres,
tradiciones, lazos con el resto de España, medios de comunicación y publicidad
en todos los ámbitos llegando a las famosas embajadas los
resultados de las elecciones no se pueden manejar en la misma línea.
Partiendo de la base
cierta de que la línea separatista deja muy claro que esta al margen de la ley
–ellos mismos lo dicen- incumpliendo compromisos de Estado y la propia Constitución, se deslegitima en si misma y
por supuesto no se puede entender que a
manifestaciones más o menos populares se
le quiera dar más valor que al voto en las urnas.
Para empezar la
sentencia canadiense y su razonamiento tienen
aquí todavía más sentido. La
secesión en un país con siglos de convivencia, de un territorio que jamás fue
independiente, es un tema tan importante que no sería suficiente una simple
votación como si se fuera a decidir un gobierno que se cambia cada cuatro años,
aun incluso de que esa votación diera un resultado de amplia mayoría. Pero es
que además las últimas elecciones nos demuestran que no se alcanza ni la simple del cincuenta
más uno.
Es evidente que un tema
de esta calado se deben tener en cuenta los ciudadanos con derecho a voto en el
territorio y no solamente los votantes.
La abstención en las
últimas elecciones catalanas fue del 30,4%, es decir mayor que en las
elecciones nacionales y lejos de la aprobación de la Constitución donde ese
territorio supero el 90 % de participación, lo que da a entender menor interés
de sus ciudadanos por el hecho
diferencial de lo que nos quieren hacer ver.
Si unimos los votos de
los partidos nacionalistas catalanes veremos que ni siquiera llegan a la
mayoría simple, representan el 38,82% de los ciudadanos con derecho a voto y
esto después, como ya hemos comentado, de una década de "propaganda del
régimen”.
Por otra parte también
habría que ver si llegada la hora de la verdad la totalidad de esos 38 %
estaría dispuesta a separarse, pues se puede ser nacionalista y no separatista.
En resumen, una vez más
estamos asistiendo a una clara manipulación de “unos muchos” por los intereses
particulares “de unos pocos”
Por el bien de todos
esperemos que el sentido común se imponga y “simplemente se cumpla la Ley”
De momento, que sepan,
que mi prima y yo seguimos siendo
familiares.


Muy interesante. ¡Enhorabuena!
ResponderEliminarMuy divertida comparación pero te has callado que tu prima fue la que llevó los dulces a la fiesta...
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