domingo, 9 de diciembre de 2012

MI PRIMA LA SEPARATISTA


Sin saber exactamente por qué, hay episodios de nuestra vida que nos quedan grabados y no olvidamos nunca a pesar del tiempo.

En mi infancia, se pueden imaginar que ya llovió, estaba en una fiesta familiar, no recuerdo si cumpleaños, santo u otra historia. Era el encargado del reparto de los dulces. Viendo que una de mis muchas primas no paraba de comer lo de ella y lo de los demás, decidí, pensado en todos, no darle más comestible. A pesar del pataleo  mantuve firme mi postura. Al cabo de un tiempo  me comunico solemnemente  que desde ese momento dejábamos de ser primos…….

El episodio lo recuerdo ahora con sonrisa amarga, pensado en que la reacción de algunos políticos a pesar de su “conocimiento, sentido de la responsabilidad, madurez y entrega al pueblo”  es igual de absurda que la de mi querida prima de la infancia.

Un político pide y pide sin descanso para su región, dinero que gasta, pensando que “su fin justifica los medios”, en tergiversar la historia, manipular la enseñanza y los medios,  crear cadenas de comunicación al servicio de sus intereses, embajadas, subvenciones arbitrarias a organizaciones afines hasta llevar la economía de todos a  límites insostenibles.

El Gobierno central, pensando en todos los españoles,  después de una década “dejando hacer”,  se harta y cierra el grifo.  Momento en que el político adueñándose de la opinión  de todos, aunque ni mucho menos representa a la mayoría, “ decide dejar de ser  primo……..”

Si hacemos una reflexión fría y con sentido común de los actuales intentos de quebrar la convivencia del conjunto de los españoles veremos que una inmensa mayoría es contraria a esta postura incluyendo los ciudadanos de las propias comunidades “inquietas”.

Podemos empezar por algo tan fundamental como ver la experiencia en casos  ajenos pero  semejantes social, política y económicamente, como es el litigio de Canadá con su región de Quebec.

Su tribunal constitucional fue meridianamente claro en la sentencia:

"Bajo la Constitución o las leyes internacionales, no existe derecho a una secesión unilateral", dijo la Corte. "Es secesión sin una negociación."

 El máximo tribunal indicó que una mayoría simple, es decir, 50 por ciento más un voto, no era suficiente para destruir el país. "Los canadienses nunca han aceptado que el nuestro es un sistema de un gobierno de mayoría simple” sería necesaria, para empezar a hablar, al menos una amplia mayoría.

Esta sentencia es todo sentido común, pero además en nuestro caso hay más “madera”.

En el caso catalán, después de una década despilfarrando en manipular enseñanza, historia, costumbres, tradiciones, lazos con el resto de España, medios de comunicación y publicidad en todos los ámbitos llegando a las famosas embajadas  los  resultados de las elecciones no se pueden manejar en la misma línea.

Partiendo de la base cierta de que la línea separatista deja muy claro que esta al margen de la ley –ellos mismos lo dicen- incumpliendo compromisos de Estado y la propia  Constitución, se deslegitima en si misma y por supuesto  no se puede entender que a manifestaciones más o menos  populares se le quiera dar más valor que al voto en las urnas.

Para empezar la sentencia canadiense y su razonamiento tienen  aquí todavía más sentido.  La secesión en un país con siglos de convivencia, de un territorio que jamás fue independiente, es un tema tan importante que no sería suficiente una simple votación como si se fuera a decidir un gobierno que se cambia cada cuatro años, aun incluso de que esa votación diera un resultado de amplia mayoría. Pero es que además las últimas elecciones nos demuestran  que no se alcanza ni la simple del cincuenta más uno.

Es evidente que un tema de esta calado se deben tener en cuenta los ciudadanos con derecho a voto en el territorio y no solamente los votantes.

La abstención en las últimas elecciones catalanas fue del 30,4%, es decir mayor que en las elecciones nacionales y lejos de la aprobación de la Constitución donde ese territorio supero el 90 % de participación, lo que da a entender menor interés de sus ciudadanos por el hecho  diferencial de lo que nos quieren hacer ver.

Si unimos los votos de los partidos nacionalistas catalanes veremos que ni siquiera llegan a la mayoría simple, representan el 38,82% de los ciudadanos con derecho a voto y esto después, como ya hemos comentado, de una década de "propaganda del régimen”.

Por otra parte también habría que ver si llegada la hora de la verdad la totalidad de esos 38 % estaría dispuesta a separarse, pues se puede ser nacionalista y no separatista.

En resumen, una vez más estamos asistiendo a una clara manipulación de “unos muchos” por los intereses particulares “de unos pocos”

Por el bien de todos esperemos que el sentido común se imponga y “simplemente se cumpla la Ley”

De momento, que sepan, que mi  prima y yo seguimos siendo familiares.

 

 

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muy divertida comparación pero te has callado que tu prima fue la que llevó los dulces a la fiesta...

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