sábado, 3 de mayo de 2014

SAN FELIPE Y CIERRA ESPAÑA (Articulo publicado en Diario de Ferrol 20.02.2014)


Durante los siglos XVI, XVII y parte del XVIII la flota de guerra de la corona española invernaba en el desprotegido puerto de A Coruña.

Esta circunstancia era bien aprovechada por “los amigos ingleses” que en un abrir y cerrar de ojos, con vientos a favor y todo el trapo desplegado, se plantaban aquí desde sus no lejanas bases de Londres, Portsmouth y Plymouth al sur de la isla, arrasaban todo lo que podían y regresaban tranquilamente de “la cacería” aun con  viento en contra, sabiendo que ya no serían perseguidos por una flota que había quedado fuera de combate.

Esto ocurría con insoportable regularidad y con cierto éxito, siempre publicitado y algún que otro revés, siempre ocultado, como el que tuvo Sir Drake a manos de una pescantina llamada María Pita, que supuso para su graciosa Majestad –la de ellos- además de  una dura humillación militar,  una importante pérdida de tesorería.

Así las cosas, en la segunda mitad del siglo XVI el rey Felipe II se fija en la cercana y naturalmente protegida Ría de  Ferrol y decide comenzar la construcción del castillo que llevará su nombre y que si no cerro España, sí, al menos  la Ría y protegió a las naves.

Fue el principio de una nueva etapa que marcaría para siempre el destino, no pensemos si mejor o peor pero desde luego si distinto, de estas tierras.

Y se preguntarán ustedes a que viene todo esto y en estos momentos.

En primer lugar puede ser un buen arranque de una nueva etapa de colaboraciones que me vuelve a brindar este periódico  ya    símbolo y testigo de Ferrolterra y  sus vicisitudes.

También viene bien para recordar  una reciente visita en la que tuve la oportunidad de hacer de cicerone y ejercer de ferrolano.

Mi empresa, de capital francés, me pidió organizar el recibimiento de dos intrépidos marinos de aquella nacionalidad que eran patrocinados para dar la vuelta al mundo en un catamarán “de seis metros de eslora”; para más datos sin G.P.S. y con sextante, es decir como los de antes.

La primera etapa transcurría desde Les Sables d´Olonne en la costa norte del Cantábrico galo hasta la Coruña.

La tarea encomendada en una ciudad como la herculina es bien sencilla; Escuela Técnica Superior de Náutica, Ayuntamiento, Autoridad Portuaria, Club Náutico están siempre dispuestos a agasajar a visitantes y vender las excelencias de la urbe.

Enseguida -a uno le tira su tierra- pensé en una alternativa mucho más acorde con el evento e incluso más marinera.

En un informe, basado en las virtudes y olvidando las carencias, ejercicio que aquí nos cuesta practicar, propuse el desplazamiento a una ciudad cercana llamada Ferrol y visitar la única Exposición de la construcción naval que hay en Europa.

La “venta” salió bien y la sugerencia llegó a buen puerto, aunque en este caso fuera Paris.

En fecha prevista aunque con  E.T.A. totalmente desfasada (no es la banda, viene de las iniciales en  inglés: hora esperada de llegada) los exhaustos marinos dieron señales de vida. Debido a un error de navegación recalaron en la costa asturiana y costearon hasta la Torre de Hércules.

 Más de cincuenta personas, incluidos los aventureros, navegamos por el golfo Artabro   -ahora en un buque de pasajeros- adentrándonos entre castillos, disfrutando en un espléndido e infrecuente día de octubre, admirando Ría, ciudad, astilleros e instalaciones militares.

La colaboración de la concejala de turismo del Ayuntamiento, Armada y ni qué decir, del director y personal de Exponav fue exquisita.

La mayoría de visitantes franceses, portugueses y españoles “descubrieron” un Ferrol inesperado y admirable muy lejos de la imagen que se le proyecta, o quizá habría que matizar que le proyectamos.

En su ánimo cuajó la idea de volver pensando en el Museo Naval el de Historia Natural o el barrio de la Magdalena, que también fueron convenientemente vendidos.

Y lo que también no deja de ser importante, el barco de pasajeros, autobús y catering eran ferrolanos. El dinero por una vez se quedó aquí.

El buen hacer y trabajo en equipo de la concejalía de turismo, el resto de las instituciones públicas y empresas ferrolanas que participaron en el evento, se deben resaltar y no olvidar.

Los éxitos, por pequeños que sean, incrementan la autoestima y la   motivación para superar momentos convulsos como los actuales.

 

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