
Artículo de Diario de Ferrol de 15 de febrero de 2.018
LA ESPAÑA DESEMPLEADA
(1)
Comenzando el año la OCEDE
publicó las estadísticas de sus países
miembros a mes de septiembre, entre
otros datos destaca la tasa media de desempleo que se sitúa en el 5,7 %.
La OCEDE (Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos) aglutina a 35 países, incluyendo a
España, los más desarrollados económicamente y algunos en vías como Hungría,
Polonia o Méjico, este último con un desempleo del 3,3%; Estados Unidos está en el 4,1, Corea del Sur en el 3,7.
Los análisis de los expertos
coinciden en afirmar que la tasa de desempleo se redujo a los niveles pre
crisis del año 2.007.
Esta situación es de “pleno empleo” es decir son
registros de personas que están decidiéndose por un nuevo trabajo, que han
tomado un año sabático o que simplemente no quieren ocuparse.
La Ministra de empleo anunciaba
“satisfecha” que en nuestro país la tasa de desocupados había disminuido el 2%
anual hasta situarse en el 16,55 %.
Sería pretencioso descubrir y dar una solución al
problema que más preocupa a los españoles incluso por encima del desafío
golpista, pero al menos es interesante hacer alguna reflexión que pueda dar un poco de luz al asunto.
En plena vorágine de crecimiento
económico en los primeros años de los
2.000, una de las etapas de mayor gloria
de nuestra historia, logramos el mejor porcentaje de ocupados y situar el desempleo en el 8%. Es
decir el doble de la media actual de los países antes mencionados El siglo
anterior fue marcado por uno de los mayores movimientos migratorios de españoles a Europa y América.
La falta de oportunidades en nuestro país es endémica, no es coyuntural, es claramente estructural. La inexistencia de
un derecho fundamental e inalienable de los españoles no lo arreglará el paso
del tiempo hasta que no cambien las
estructuras económicas, políticas y sociales.
En la época colonial ya se le
echaba en cara al Reino de España que mientras otros países aprovechaban
las riquezas de sus colonias para
invertir en el progreso de la Metrópoli,
aquí se consumían en mantener los privilegios de hidalgos, cortesanos, clero y nobleza.
La revolución industrial nos pasó
prácticamente de largo y se fue formando una mentalidad que sería nefasta para
el futuro del país: “que inventen otros”
Alemania, locomotora
económica, tiene un importante déficit
de funcionarios, no resulta un trabajo atractivo. Cuando el español da el salto de la época de formación a la
productiva, un porcentaje muy superior al resto de Europa quiere ser
funcionario. Hay miles de aspirantes por puesto.
La actividad comercial es un
importante motor en la economía mundial, aquí todavía la venta está mal vista y en algunos círculos
menospreciada ¿Cuántas veces hemos oído la exclamación? “no me vendas la moto”
Un elevado porcentaje de
directivos y empresarios, contrariamente
a la corriente europea, busca el
beneficio inmediato, olvidando el medio y largo plazo y descuidando los bienes
más preciados como son los recursos humanos y la inversión en I + D + i.
El “que inventen otros” nos ha
llevado, en algunos sectores como la automoción, a situaciones grotescas
Nuestro país es el octavo
productor de automóviles en el mundo con 17 factorías de las que salen 2,9
millones de unidades al año. Evidentemente esta actividad mantiene miles de
puestos de trabajo y supone, aproximadamente, el 10 % de nuestro P. I. B. pero
ninguna de esas factorías es de propiedad
española y en consecuencia los beneficios anuales “vuelan” a los países
origen de los propietarios.
Estados Unidos es la tierra de
las oportunidades, todo son facilidades para el empresario, emprendedor o para
la investigación, el desarrollo y la innovación. Podríamos resumirlo en una
máxima: tú invierte, emprende e innova y ya pagaras impuestos sobre beneficios.
Un resultado práctico: las cinco mayores empresas americanas en el sector de la
informática –no vamos a nombrarlas por ya conocidas- suman más valor que el P.
I. B. de Alemania, la primera potencia europea.
Emprender aquí -experiencia vivida- supone una carrera
de obstáculos burocráticos, licencias varias, permisos, documentación,
impuestos, inseguridad jurídica; todo un sistema pensado y necesario para alimentar 18 gobiernos con
correspondientes políticos, funcionarios
y leyes en un país de 46 millones de habitantes con una Administración Publica pendiente de
profundas reformas.
Pero seamos optimistas, algo está
cambiando, cuestión a tratar en el próximo artículo: la España desempleada (2).
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