EL PLAS, PLAS, PLÁS
Entre otros actos del golpe
secesionista no ha dejado de llamar la
atención la invasión de pasillos, escaleras centrales y vestíbulo principal de
la sede del parlamento autonómico por políticos
que en pie, con sonrisa de oreja a oreja y sin mediar palabra se dedicaban a
batir palmas en secuencias de tres en tres: Plas, plas, plás. El numerito
propagandístico se cerraba entonando “los segadores”
Ya en el siglo XV los payeses protestaban contra las severas
condiciones de vida y trabajo que les eran impuestas por la acomodada burguesía,
Obispo de Gerona y Generalidad Catalana. La intervención del Rey Alfonso el
Magnánimo logró, en parte, mejorar esas condiciones de opresión. Más
tarde esta canción se utilizó como
símbolo de la lucha campesina. Todos podemos ver la pinta de payeses y
oprimidos que tienen los que cantan hoy el conocido himno.
El nacionalismo, siempre minoría,
existió, existe y existirá, generalmente
acompañado de la corrupción y no deja de
ser una forma de pensar respetable, hasta que ante la imposibilidad de
convencer e intentos de imponer, rompe
en mil pedazos la libertad de expresión de los demás.
El nacionalismo se “mama desde la
cuna” tiene un largo proceso de adoctrinamiento basado en la tergiversación de la historia, geografía y medios de
comunicación, mientras la autoridad de turno mira para otro lado, y desemboca en un estado de fanatismo donde prácticamente ya no hay
vuelta atrás, situación actual de los individuos a la cabeza del intento de
tumbar la democracia y España.
El nacionalismo radical, muy al
contrario de su propaganda, no duda y utiliza en todo momento el odio, la xenofobia
y la violencia, tanto mental como física, hacia todo aquel que no piensa igual.
El boicot al certamen sobre Cervantes días atrás es una prueba más.
El nacionalismo nos da
abrumadores indicios de este comportamiento simplemente fijándonos en sus
máximos responsables. Definición del hombre andaluz difundida por el “muy
honorable” - si el de los ahorrillos en Andorra-. Escritos de su actual “honorable” sobre los
que hablan español o encabezar la
manifestación separatista en la última visita del Rey. Las palabras del
presidente de la cámara autonómica, literalmente: Serán semanas que lloverán hostias, pero si alguno duda que se aparte y
deje hacer..de alguna u otra manera vigilemos al de al lado.
El nacionalismo proclama que el
fin justifica los medios y la supremacía de unos pocos sobre los demás. Esta
lección la conocen bien otros países de
nuestra vieja Europa, ejemplos como el nacismo y sus consecuencias, recordemos
que marcaban a las personas de ascendencia judía; ahora sería
escandalosa esa práctica, pero se
pueden marcar ellos con un simple lazo para dejar claro “el hecho diferencial”.
La disolución de la antigua Yugoslavia de
Tito otro ejemplo no muy lejano o mucho más cercano las más de
ochocientas victimas que produjo otro nacionalismo de triste recuerdo.
Países de nuestro entorno han sabido acotar estas
tendencias políticas, no se han dejado llevar y han zanjado de raíz intentos de
referéndums separatistas o intentos de descentralizar competencias en
cuestiones clave como política educativa y social, sanidad o fuerzas de
seguridad del estado. Evidentemente son países con gobiernos fuertes y
economías desahogadas, lo que aquí nos falta y es caldo de cultivo para el
crecimiento de todo extremismo y populismo, que van de la mano.
Hoy tenemos problemas acuciantes sobre la mesa: un índice de
desempleo vergonzoso en Europa, que
impide que personas una vez formadas trabajen aquí, poniendo sus
conocimientos al servicio de otros, o margina a los profesionales con experiencia.
Una natalidad en horas bajas y en consecuencia un problema de servicios de dependencia y
prestaciones como las pensiones. Desbordado déficit público por el
mantenimiento de una enorme nomina política.
Un desfasado gasto sanitario, falta de presupuesto para la investigación.
Problemas que se marginan en el día a día político debido a la atención que hay que prestar a
los desmanes separatistas. El daño de estos individuos, al conjunto de la
sociedad española incluyendo a los catalanes democráticos, mayoría, es incalculable.
La situación sigue siendo propicia para que el circo continúe:
gobierno débil y una economía que no acaba de
arrancar. Pero no perdamos el humor, a ver si al menos, los palmeros le echan imaginación y en el próximo numerito en vez
del Plas plas plás nos bailan el Cha cha
chá.

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