sábado, 22 de diciembre de 2018

Noruega y su fragata

Artículo publicado en Diario de Ferrol el 22 de diciembre de 2.018






Los países nórdicos son las sociedades más avanzadas del mundo; monarquías parlamentarias, cunas de la socialdemocracia, un sistema político allí eficiente. Pero como siempre y como en todas partes, no es “oro todo lo que reluce”

Unos doce mil marinos españoles, la asociación “Long Hope”, reclaman sin éxito sus pensiones en Noruega, pagadas en ese país durante años de trabajo en su Marina Mercante.

Navantia, con más de dos siglos y medio de historia, es un referente en la construcción naval. El astillero, ha evolucionado desde la madera y propulsión a vela, al casco de acero y máquina de vapor, con una apuesta constante en I + D + i que le ha llevado, entre otros éxitos, a la construcción por bloques y afronta en estos momentos el desarrollo del astillero 4.0, fundamental para sus retos internacionales.

Construye, desde siempre, buques para la Armada, exportando también   a Tailandia, Venezuela, Turquía, Noruega, Australia y participa, actualmente, en concursos para las marinas de Estados Unidos, Inglaterra y Canadá.

En noche cerrada y   mar calma, el día 8 de noviembre, la fragata noruega “KNM Helge Ingstad”, construida en estos astilleros, se hundía tras colisionar con el buque tanque “SOLA TS” en el fiordo de Hjelte.

Como profesional,   –Capitán de la Marina Mercante- soy partidario de no opinar   sobre una catástrofe marítima hasta conocer el resultado de las investigaciones. Aun así, ante la apresurada conclusión, achacando a fallos de estanqueidad el hundimiento del buque, y basándome en datos de prensa, no siempre exactos, veo oportuno hacer algunas reflexiones y preguntas a los expertos noruegos.

En entradas, salidas de puerto y navegación por canales angostos –2,5 millas es la anchura máxima del fiordo-, es norma navegar a velocidad de maniobra –la mínima a la que el buque obedece al timón- en este caso la del petrolero 6,5 nudos. La del militar, 17,5 es un riesgo innecesario.

El buque mercante llevaba práctico a bordo y dos remolcadores de apoyo, habría que preguntarse sí además navegaba con capacidad de maniobra restringida  por sus dimensiones.

La navegación era supervisada por  la torre de control de tráfico marítimo  y se le advirtió a la fragata que mantenía rumbo de colisión. Posteriormente sus mandos declaran como causa de la misma una confusión de luces de puerto con el buque petrolero; un incomprensible error profesional.

El buque petrolero de 250 metros de eslora y 112.934 TNS. de desplazamiento tiene una capacidad de maniobra mucho más reducida que una fragata de 113 metros, 5.310 TNS. y una potencia de maquina infinitamente superior. Difícil comprender la falta de respuesta de esta última.

Debido a la inercia de ambos buques, tanto por desplazamiento de uno como por la elevada velocidad del otro, la colisión tuvo que ser de gran violencia, como lo demuestra la brecha de unos veinte metros en el costado de estribor de la fragata. Avería que probablemente superó los márgenes de la eslora máxima de inundación soportable y dañó estructuralmente al buque.

En el 2.017 los destructores   americanos USS Fitzgerald y USS John S. Mc Cainmo sufrieron siniestros similares, pero según  la investigación: “Los esfuerzos desesperados de control de daños por parte de la tripulación lograron salvar las naves”. En el caso noruego, ¿la tripulación tenía la suficiente preparación? ¿se hicieron los esfuerzos necesarios para salvar el buque  o su abandono fue precipitado?

Las responsabilidades recaerán, en gran medida, sobre el gobierno noruego, al asumir un Estado los seguros de daños y responsabilidad de sus buques militares.

El coste del buque fue en su momento de 275 millones de euros, además habrá que tener en cuenta la factura de las maniobras de salvamento, la lucha contra la contaminación y las demoras del buque mercante al regresar a puerto para su inspección.

 Como medida de seguridad se cerraron al tráfico, una terminal petrolera y una de gas. Esta decisión precipitó la  paralizaron de cinco yacimientos de petróleo; su producción es de dos millones de dólares “a la hora” de los cuales Noruega ingresa más del 70 % vía impuestos.

 Siempre en cualquier catástrofe hay cuantiosas pérdidas económicas y no quiero pensar que esto influya en las precipitadas acusaciones de las autoridades a la calidad de construcción del buque.

Independientemente del resultado de la investigación, el daño comercial a un astillero inmerso en concursos internacionales ya está hecho, ¿asumirá Noruega también esta responsabilidad?

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