“La gente inteligente habla de ideas, la gente común habla de cosas, la
gente mediocre habla de gente.”
Esta reflexión del escritor francés Jules Romains, me vino a la memoria,
aguantando el debate de los líderes
políticos en la antesala de las últimas elecciones donde se escucharon muchos reproches y descalificaciones, pero muy
pocas ideas para sacar al país de la “gran liada” en que se encuentra.
En una situación como la actual,
con claros síntomas de nuevo estancamiento de la economía y una sociedad cada
vez más convulsa, lo que se necesitan son ideas claras, y su puesta en práctica
aportando soluciones.
¿Cuándo se planteará la reforma
de la administración pública? buscando la eficiencia con la implementación de nuevas tecnologías y la
reordenación que permita equilibrar la falta de recursos en sectores como la Sanidad o la Justicia
con el exceso en otras Administraciones.
¿Para cuándo? una verdadera
apuesta por el emprendedor y la inversión en I + D + i, que permita al país
estar a la altura de los demás y competir con éxito en el mercado global. ¿Dónde
están las medidas para fomentar la unión
y fusión de las pequeñas empresas que debido a sus dimensiones se ven limitadas en inversiones y nuevas tecnologías
que les faciliten competir en la situación actual? –la unión y dimensión hacen
la fuerza y es imprescindible, a pesar de la opinión de separatistas y otros políticos-
¿Cuándo volveremos a lograr un
mercado único doméstico, evitando diecisiete legislaciones que provocan
burocracia y corrupción dificultando la producción y el consumo interno?
¿Quién? hasta el momento plantea
seriamente una solución a las pensiones, el envejecimiento y la baja natalidad,
con una regulación seria, humanitaria, controlada y organizada de la
inmigración, como ya ocurre en el resto de países occidentales.
La evolución del ser humano se
escribe en las distintas revoluciones sufridas, la Copernicana en su momento,
la industrial, la muy reciente que supuso la globalización vía internet, y
ahora afrontamos la que las nuevas tecnologías están ya provocando tanto en el
modelo productivo y como consecuencia en
el laboral. ¿Qué dice el político, cómo afrontarla, partiendo del gran problema
de continuar en un catorce por ciento de desempleo en un entorno donde los
países semejantes están en el cuatro?
¿Se planifica el próximo cambio energético con la aparición de
nuevas fuentes: solar, eólica, geotérmica o de mareas? ¿Se afronta la
situación y repercusiones para las empresas electro intensivas que supone el coste desproporcionado de la electricidad? ¿Qué
planes alternativos hay para las centrales de carbón? Abundantes ejemplos
tenemos en nuestro entorno cercano.
Reconocer y afrontar estas
medidas siempre se encontrará con el gran muro que suponen los todavía monopolios encubiertos,
las comentadas oligarquías que buscan
sus propios reinados y conllevan al nepotismo y corrupción bien conocidos por
todos los españoles.
En estos momentos la enorme
Administración Española necesita unos
doscientos mil millones de euros anuales para cubrir el déficit que provoca y
refinanciar su deuda. El FMI, La OCDE, el BCE y el propio Banco de España, lo
están avisando en voz alta, es difícil entender que el único que no lo ve sea
nuestro Gobierno.
La difícil y trascendental
situación actual requiere líderes -y no políticos tertulianos- que piensen en
la salida satisfactoria de todo el país, negociando pactos
de Estado y constitucionales que toda la sociedad les reclama. Solo falta que
de una vez se enteren de lo que quiere el pueblo que les ha votado.
Como decía un amigo de tertulias, el ejército industrial de Marx está
servido para que los oligarcas continúen haciendo de las suyas, incluso la ensoñación de una república pulcra y virginal.
Decía que nunca podría ser político porque siempre apostaría por el ciudadano y
no por las siglas, por lo que en el partido de turno lo correrían a gorrazos.
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