Insisto en mis condolencias a los
perjudicados de esta pandemia, teniendo en cuenta que uno mismo ya tiene
allegados que han perdido la guerra.
Actualmente no pasan
desapercibidos los desencuentros de presidentes europeos a la hora de afrontar el
segundo problema que vendrá: el económico.
Aunque nadie a ciencia cierta conoce
el alcance del mismo, todos queremos no errar de nuevo en el próximo combate
como ya ha ocurrido, y no hace falta insistir más, en la gestión de Gobierno de
la preocupante crisis.
Los países del sur: España,
Francia, Italia, Portugal, exigen una solución global donde, también los
poderosos del norte, Alemania y Holanda paguen solidariamente el agujero contable
que ya está aquí.
La negativa, del norte a los eurobonos,
es decir mancomunar las perdidas, ha levantado espinas; más en nuestro
indignado y “experto gestor” presidente llegando a tachar a dichos países de
insolidarios.
Profesionalmente, tanto en buques
como en instalaciones portuarias, he trabajado con empresas, públicas y
privadas, de estos dos países. Dejando a un lado a Holanda, que aun con un holgado
superávit en sus cuentas públicas tiene un serio problema en las privadas,
hablemos de los alemanes.
Cargar un buque en sus puertos
era siempre una tranquilidad, tanto por la cooperación, la documentación,
cálculos de carga, como por la estiba a bordo de las mercancías; en una palabra,
por su eficiencia. La diferencia con otros países era palpable.
Ya dirigiendo una terminal marítima,
uno de nuestros clientes era una compañía alemana de línea regular semanal. A
la hora de sus exigencias de servicios y horarios, los principios fueron tensos
pero una vez “rodadas las relaciones” el entendimiento y clima laboral fue
impecable.
En un duro invierno, un buque en
ruta de África al norte de Europa entró de arribada con una seria avería en su
cubierta: contenedores sueltos y bobinas
de acero rodando fuera de los mismos que abrieron como latas de sardinas. Pidieron
presupuesto para descargar la mercancía dañada, clasificar la salvable y
estibarla en nuevos contendores hasta que otro buque procediera a su carga. Recibí
veinte folios de instrucciones para el trincaje de las bobinas. Envié un
presupuesto elevado pero ajustado a lo que se demandaba, aceptaron sin
rechistar. La operación se hizo bien, pagaron religiosamente y por segunda vez
recibimos felicitaciones por la operativa de la terminal.
En una renovación del contrato de
servicio, en plena crisis, los números en nuestra empresa no cuadraban; sí no incrementábamos
tarifas, al menos, en un 4,5% la continuidad de la misma era inviable.
Revisé escrupulosamente los
ingresos y gastos de la cuenta de resultados y viajé a Hamburgo. Negociar no
fue fácil, contrastaron los números, servicios prestados, preguntaron y
finalmente volví a España con un incremento de tarifas del 10 %. Recuerdo dolorido, una frase de uno de sus
ejecutivos: “aquí, en los negocios, cuando se menciona España es como hablar de
Marruecos”.
Hablemos de política. Alemania es
un país trabajador y cumplidor que se dedica a invertir en I + D + i y a
producir bienes. Con lo que tiene un saneado superávit en sus cuentas que le
permitirá emitir deuda para ayudar a remontar a sus empresas y producción.
Además, por supuesto, cuenta con un gobierno con “experiencia” honesto,
respetable con el poder judicial y con las leyes que emanan de su parlamento. Los
resultados saltan a la vista.
¿España? Hemos dejado la producción de bienes en manos
de terceros. De “I + D + i” es mejor ni hablar. Un elevado porcentaje de
nuestro PIB viene por servicios y turismo.
La deuda alcanza el 97,1 % y
nuestro Gobierno, incrementa el déficit escandalosamente, desde el famoso Plan
“E”, hasta los 22 ministros de hoy en día con sequito de políticos en aumento,
que triplica al de Alemania que nos dobla en habitantes. Aparte asesores,
coches oficiales que superan a los de EE.UU.
una administración burocratizada y numerosas leyes que favorecen la
corrupción, dificultan el emprendimiento y al empresario.
El alemán -como hemos visto- no
es tonto no le gusta dar su dinero a quien sabe que lo despilfarra; es austero
e incluso solidario. Esta vez también lo será, pero no se dejará engañar por el
pícaro.
Su ayuda vendrá con un exigente
plan de austeridad y estrictos controles. Francamente esperemos que llegue más
pronto que tarde. Siempre estaremos mejor dentro del Euro que no siguiendo los
“exitosos” pasos de una república bolivariana que algunos predican.

Esto se parece cada vez mas a lo que paso en Grecia. No me puedo imaginar a Iglesias negociando si se carga a su enemiga Calviño.
ResponderEliminarMuy bien escrito, muy acertado y muy claro en pocas palabras. Enhorabuena si señor.
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