lunes, 5 de septiembre de 2011

FERROL Y LOS CAMBIOS

Era el paseo vespertino del Ferrol de siempre en un día soleado –casi excepción este verano-
Un anciano me vio enfrascado en la foto,  con el móvil  como herramienta.
-Que ¿le gusta la plaza?
-Si, me gusta mucho. Siempre me gustó, jugaba aquí de pequeño; además el cambio de este sendero ha quedado bien.
-¡Claro! Ha quedado bien porque no es un cambio –respondió. La plaza de Amboage  ya estaba así cuando yo era joven y “también jugaba”. Aquí los cambios siempre lo jodieron todo.
-¡Hombre! Los cambios no son malos.
-Depende de que cambios y quien los haga –sentenció. Si quiere vamos hasta la plaza de España.
La ya famosa plaza es un claro ejemplo de cuando el interés de unos pocos se impone al de la mayoría. Es un claro exponente del conocido: “el fin justifica los medios” o “el todo vale”
En su origen destacó en toda España por su amplitud y uso como entrada al centro histórico y distribuidor del tráfico con los diversos barrios. También su  fuente original no pasó desapercibida.
Ocho calles con doce flujos de transito confluían o se distribuían en ella.
La obsesión, en este caso nacionalista, por retirar la estatua no reparo en los daños que pudiera causar o en soluciones alternativas.
La concesión de la construcción y explotación de  un aparcamiento subterráneo sin la obligación de concluir la superficie fue el principio del disparate.
No se pensó en retirar la estatua, volviendo a la fuente original. No se analizo la alternativa del aparcamiento en la vecina plaza de Sevilla. No se busco un uso racional de tráfico y peatones. El fin lo justificó todo.
Más de nueve años de trabajos -4 de julio del 2002- y la obra sin acabar. Dudas de los usos definitivos del subsuelo harán que tampoco se termine a los  diez.   
Diez años sin uso para los ciudadanos, diez años sin tráfico que han arruinado cantidad de negocios de la misma plaza y calles adyacentes.
Lamentablemente, el disparate   lo acaba pagando   siempre el ciudadano nunca  el responsable.





1 comentario:

  1. La plaza de Amboage (Ramón Plà i Monge) conserva el encanto de los años 50, la de Armas con su sky-line bastante deteriorado y el espanto de elevación que se le hizo ya no tanto, pero la plaza de España es el fiel reflejo de lo que somos en este momento. Por cierto, el propietario del solar del lado derecho según se sale lo donó a la ciudad para ampliar la plaza. Ahora está ocupado por un edificio de viviendas militares. Un día de estos me pasaré a reclamar mi parte (y la de la herencia de marqués)

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