Cuando escribo estas líneas ya se ha consumado el cambio en España. Uno más.
Afortunadamente despilfarro y cambio no dejan de tener un nexo mucho más fuerte de lo que se pudiera pensar.
Cuando el despilfarro es de dinero público, además de una nefasta gestión, es en la práctica un delito. Alguien dilapida la riqueza de un país, que no olvidemos es la de todos nosotros.
Si hay una característica con la que pudiéramos definir los momentos actuales, esta sería la de los cambios vertiginosos. Casi sin darnos cuenta un día nos despertamos y tenemos un nuevo gobierno, las cajas de ahorros ya no existen y en cuestión de un mes una entidad crediticia pasa de tener un moderado beneficio a unas perdidas catastróficas.
Lo que no puede cambiar son los principios y la ética. No deja de ser, al menos, inquietante que los máximos responsables de quiebras de entidades se vayan para sus casas con su generoso “premio” y lo que es peor aún que poco tiempo atrás recibieran el titulo de “doctor honoris causa” de una universidad o el de economista del año de un colegio profesional.
Como decíamos los cambios superan toda expectativa, al de hoy que nos toca cerca, hay que añadir en poquísimo tiempo muchos otros: Portugal, Grecia, Irlanda, Islandia, Italia, Egipto, Libia Túnez y quizás mañana Siria. Por una vez nos da la sensación de que se cumple aquello del que la hace la paga, aunque sea tarde y en algunos casos sangrante.
En todos hay un denominador común: el despilfarro por unos pocos del dinero de todos, en algunos casos con legitimidad democrática, en otros con la fuerza de las armas y en general, aun encima, con ostentación.
Si hay una frase más destacada que otras, en esta última campaña electoral, esta sería: NO SE PUEDE GASTAR MAS DE LO QUE SE INGRESA.
Esto es así desde siempre y a todos los niveles: individual, en pareja, familia, empresa, negocio, gobiernos de estado y aunque algunos no quieran verlo también de gobiernos autonómicos y municipales.
No falta quien dice y con cierto sentido, que el problema esta en que si no se gasta el ciclo económico se corta. Hay ejemplos sencillísimos que ocurriendo a diario casi ni nos enteramos.
Un señor ve disminuido sus ingresos y decide “meter la tijera” a sus gastos domésticos; en vez de sus tres cafés diarios decide tomar uno, vamos a suponer que compra barato y ahorra dos euros al día, pero también los deja de gastar. En España somos 48 millones de habitantes, no sería descabellado pensar que esa decisión la pueden tomar 10 millones de personas, teniendo en cuenta que 5 ya están en situación de desempleo, hablamos de un recorte de ingresos de 10 millones de euros “al día”. Evidentemente alguien lo va ha pagar: el camarero, el trasportista, el dueño de la cafetería el vendedor del café, el importador y desde luego hacienda con menos ingresos vía impuestos. Este ejemplo se puede multiplicar en infinidad de casos de consumo: coches, ropa, calzado, cultura. También en inversión: infraestructuras publicas, bienes de equipo en la empresa, etc. Esta claro el ciclo se rompe. Aun así no hay más cera que la que arde, no se puede gastar lo que no tienes, al menos eternamente aunque seas un gobierno.
¡Claro que hay que intentar mantener el sistema del bien estar! ¡Todos lo queremos! Siempre y cuando tengas dinero para hacerlo. Por muy progresistas que seamos los servicios sociales generan gastos y más si los queremos gratuitos.
La clave estará en la gestión adecuada del gasto y la fiscalidad.
Un gobierno tiene además la gran ventaja del endeudamiento que moderadamente es aceptable para regir un país. Pero la emisión de deuda publica no se puede convertir en “el mana del cielo” tiene límite y hay que utilizarla precisamente en los conceptos que al medio plazo pueden contribuir a mantener el famoso estado del bien estar: salud –incluyendo dependencia- educación, incentivación de empresas e innovación. Todo esto produce puestos de trabajo.
Cualquier ciudadano con sentido común quiere que el Estado gaste en crear trabajo, no en subsidiar el desempleo.
Reordenar la función pública puede evitar las bajadas de salarios o los despidos y además incrementar la eficiencia. Pero desde luego no se puede estar pagando a alguien que no trabaja. Algo se tiene que hacer.
Regular la función política, creo que no es necesario ni comentarlo.
Buena labor queda para pensar que hacer con aeropuertos y universidades a la carta del localismo de turno, museos, centros culturales, palacios de congresos, auditorios, coches oficiales, viajes, dietas, pensiones vitalicias - Italia ya reaccionó- asesores, despachos, etc.
Incentivar al emprendedor y a la empresa privada es una de las claves de reactivación ¡al verdadero emprendedor y al verdadero empresario! La mala gestión de un individuo, que lleva años sin pisar una escuela de negocios no la puede pagar el Estado en prestaciones de desempleo a los trabajadores que deja en la calle.
Las prejubilaciones de una entidad bancaria, que aun encima ha sido saneada con dinero publico, no las podemos pagar el resto de los ciudadanos. Una entidad que ha sido rescatada de la quiebra con el dinero de todos tiene un compromiso con todos que el Estado debe establecer.
Puede que todo esto se pueda resumir en profesionalidad, eficiencia, esfuerzo, responsabilidad y sentido común, cualidades difíciles de encontrar en cualquier persona y más si carece de experiencia.
Hace años este país llegó a tener una importante tradición marítima. El profesional pasaba por la escuela, hacia prácticas –donde aprendía del veterano- volvía a la escuela, más prácticas, más escuela y después de años de navegación –donde seguía aprendiendo- podía mandar un buque, era realmente un Capitán.
Hoy, todo cambia, no solo se puede ser Capitán, también ministro o presidente de gobierno ¡sin escuela ni prácticas!
El político, como el conferenciante, son importantes cuando hablan; cuando no cumplen frustran. Una, dos, tres veces hasta que el ciudadano se cansa, se desilusiona y “pide el cambio” Hablar, aunque necesario, no es suficiente.
En una ocasión, una persona callada y prudente rechazaba un puesto publico, agradecía el ofrecimiento y reflexionaba en voz alta: de cualquier forma y visto lo visto si yo fuera político hablaría más y seguiría cumpliendo como lo hago.
Todavía queda mucho por hacer, empezando por ponerse de acuerdo en la propia Unión Europea; los resultados no se van a ver mañana y se tendrán que tomar muchas y más rotundas medidas, pero al menos, hemos dado un paso más.
Mientras deberemos seguir padeciendo “la insoportable levedad del cambio”.
(Socorro el banco se hunde. -Dirá barco Capitán. -¿Tu quieres que nos rescaten o no?)
(Autor Kiko da Silva, La Voz de Galicia 20/11/11)

¿Cambio?, sí, nos gobernaba el Banco de Santander y ahora lo hará el BBVA.
ResponderEliminarNo se quien nos quiere vender que la Seguridad Social es gratuita, yo la he
estado pagando toda mi vida laboral y no he recuperado el gasto, ahora que
por razones biológicas puedo empezar a necesitarla me va a tocar volver a
pagar. Me parece muy bien, pero entonces que me devuelvan la inversión
con los correspondientes intereses.
El paro no es pagar a alguien que no trabaja. Para acceder a él primero has de
ser trabajador y después de XX años de dar una parte de tu sueldo te corresponde
un máximo de 2 años con un tope salarial independientemente de tu nivel anterior.
El paro viene a compensar la práctica empresarial española consistente en poner
en la calle al personal mas cualificado por razones de edad, sexo, o ideología y
contratar eternamente aprendices. Una forma suicida de competir con las multinacionales
(aunque ya pronto estaremos a nivel de competir con los chinos de China).
Lo que no se puede soportar es alargar la jubilación a los 67 años y que nadie te contrate
a partir de los 35 por ser demasiado viejo; eso es una bomba que va a acabar explotando,
claro que a las edades que nos tocará la revolución poco caso nos van a hacer.
Hemos dado un paso más. Como en aquel chiste de Franco: “Españoles, España estaba la borde del abismo y ahora hemos dado el paso definitivo”
La Historia se repite.
(De la España azul que ha quedado este 20N yo estoy en la zona roja del norte. ¡No pasarán!)