Las últimas elecciones han venido a confirmar que una inmensa mayoría de españoles estaban hartos.
No podemos dejar de recordarle a los políticos que asumen una libre y bien pagada responsabilidad, tanto cuando los vientos van a favor como cuando van en contra.
El temido cambio para unos pocos privilegiados de una situación económica y social insoportable era esperado por todos.
El perfil del nuevo gobierno, con un marcado sentido de la sensatez, dejando a un lado frivolidades y cupos y sobre todo avalado por una larga experiencia y veteranía, tanto en la función pública como en la privada, se echaba de menos por casi todos desde hace tiempo.
Perfiles que parecían olvidarse, casi demonizarse en estos últimos años de corriente política que nadie era capaz de entender.
Perfiles que conjugan edad, formación y practica en el mundo laboral. Tener la responsabilidad de pagar nominas a final de mes y a la vez poder cobrarlas marca carácter y hace poner los pies en el suelo.
Muchas cosas deberemos cambiar en un país en que el 70% de los universitarios al final de su primer ciclo formativo deciden opositar.
En países como Suecia o Inglaterra, no precisamente atrasados, el porcentaje es justamente el contrario, aunque también la función pública poco tiene que ver con la nuestra; no existe nuestro sistema de oposición pero tampoco el trabajo garantizado hagamos lo que hagamos.
Más inversión en educación y mantenimiento de las pensiones son buenas noticias que despejan los temores que unos pocos intentaban inculcarnos para defender su desafortunada gestión.
Observar a nuestros hijos y padres nos hará comprender que la edad ni es una virtud ni un defecto, es una circunstancia.
La formación, principalmente en la primera etapa de la vida, con el merecido descanso y ayuda al final del camino son derechos irrenunciables de los ciudadanos
Control del gasto y el despilfarro en inversiones politizadas claramente prescindibles, ahorro en prejubilaciones o freno de la oferta de empleo publico acompañado de la necesaria reforma, entre otras medidas; como utilizar los recursos para incentivar investigación, exportación y emprendedores nos darán la financiación necesaria para salvar el manido estado de bienestar que no se acabará. Otro temor extendido y utilizado por el político incapaz
Porque no olvidemos que precisamente el estado de bienestar se basa en tener medios para poder sostenerlo y estos solo se obtienen con gestión eficaz y discursos: los justos.
Vienen aires nuevos, que como mínimo ya nos han transmitido, después de mucho tiempo, algo de esperanza.
Aunque claro está no todo se puede tener: ya no estaremos atentos –nos advertía experimentada ministra- a acontecimientos histórico planetarios como la coincidencia de los soberbios gobernantes progresistas –Zapatero y Obama- en ambas potencias mundiales a los dos lados del atlántico
Sí, por fin llegan nuevos aires de esperanza: vemos que como siempre el que estuvo antes lo dejó tan mal que el que está ahora no puede hacer nada más que quitar al que ya no tiene. Vemos que como siempre las promesas electorales se empiezan a incumplir el día siguiente a las elecciones. Vemos un vacío de ideas que se concentra en dejar todo como está o volver al camino iniciado por el PSOE. Vemos en que consisten la seriedad y la competencia de los profesionales: en quitarnos el utópico estado de bienestar que nunca existió.
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