sábado, 10 de diciembre de 2011

LA POLITICA Y LA ETICA


Hace no mucho tiempo escuché  a un hombre   diciendo que él no podía ser político porque pensaba en los demás y no en sí mismo, con lo que no tendría ningún futuro en la situación actual de España.

Hay días que sin saber por qué, nacen torcidos. Yo uso la estrategia de dejar lo que estoy haciendo y dedicarme a otra cosa.

Hoy sábado, uno de esos días, a media mañana paseaba con ayuda de un sol esporádico. Finalmente entré en una cafetería con la idea de leer más  prensa y evadirme en lo posible. Me di cuenta de la poca gente que había y también del buen hacer del único camarero.

Acabamos entablando conversación y siempre con un gesto agradable y maduro me terminó confesando que había estudiado ingeniería técnica industrial y siendo imposible trabajar en lo suyo hacia lo que podía en cualquier cosa. A pesar de su situación a los veintitrés años la mayor preocupación le venía por el hecho de que ya también era difícil trabajar de camarero para lo cual se había formado después de acabar sus estudios en la universidad.

Su padre trabajador autónomo y con cincuenta y dos años estaba sin trabajo y sin posibilidades de emprender por falta de financiación. Su madre de cincuenta y cuatro llevaba dos desempleada desde que habían mermado las ventas de la inmobiliaria donde trabajaba. Situación de miles de personas que cada día nos va resultando familiar y en algunos casos más cercana.

Esto me trajo a la memoria los comentarios de un pariente que insistía que los políticos habían logrado que en este país hasta los treinta y cinco años eres joven para entrar en el mercado laboral, a partir de los cincuenta estas viejo y además deberás arreglártelas para cotizar cuarenta años y trabajar hasta los sesenta y siete.

El día no se acababa de enderezar, aunque me quedé con el espíritu de lucha y la serena madurez con la que el muchacho afrontaba la situación.

La indignación, en estos momentos de zozobra e inquietud, nos viene al encuentro casi a diario. Por ejemplo, estamos estos meses sacudiéndonos el estupor que nos dan las noticias de banqueros que han arruinado entidades y que aun encima se les premia con reconocimientos sociales, esplendidas indemnizaciones y jubilaciones. Este malestar es generalizado en el país –en otros al banquero se le detiene y exigen responsabilidades- hasta el punto que los propios políticos se manifiestan abiertamente desairados con la situación.

El mal comienzo de la mañana, tuvo algo que ver con esos políticos. Siguiendo el consejo de un amigo entré en” You tuve” para ver un video titulado “sueldos de Leire Pajin, ministra de sanidad”. Se escuchaba a la señora ministra abogar por: una economía que  impida como hasta ahora que unos pocos ganen mucho a costa de que la mayoría gane poco. Al mismo tiempo y en sobreimpresión se nos mostraban los cuatro sueldos y las dietas que cobra el personaje por un monto de prácticamente 29.000 euros “al mes”. Para no echar más leña al fuego, no quise seguir la sugerencia del amigo y leer el interesante currículo y años de experiencia de la susodicha servidora del bien común.



Me preguntaba con qué fuerza moral este personaje político podría convencer a la familia antes mencionada de que no aceptara un trabajo que fuera retribuido en dinero negro. Viendo la actitud de algunos políticos  no es difícil llegar a la conclusión de que el problema de este país, además de económico, es un problema social  de falta de valores y principios
Siguiendo con el mal día uno no dejaba de pensar que además esto lo hace alguien de los autoproclamados progresistas, cultos, obreros, solidarios y con talante. No quiero ni pensar lo que nos queda al resto.

A costa de levantar el ánimo  decidí volver a leer la noticia que daba cuenta que las duras medidas  de austeridad anunciadas en Italia por su nuevo, pero maduro y experimentado,  primer ministro Carlo Monti venían acompañadas por la renuncia personal a uno de sus “dos únicos sueldos”.

En fin, así las cosas, decidí escribir estas líneas, que no deja de ser una buena forma de desahogarse.

Afortunadamente en la clase política, como en todas, hay de todo y las urnas y la ética siempre acaban marcando los límites, aunque lleve su tiempo.

1 comentario:

  1. Hace ya unos cuantos años estuve en un país pasando una temporada y pude vivir entre las dos clases sociales unos días inolvidables.

    Por un lado, en una cena con el gobernador nos comimos una ternera asada y bebimos hasta caer en la piscina. Todos los invitados eran médicos y enfermeras de pago (que se habían comprado el título, vamos)

    Por otro lado invité a cenar a medio pueblo con 1/4 de pollo, no pudieron beber cerveza porque el alcohol estaba prohibido.

    Vamos en ese camino y el problema es que los que pueden y deben cambiarlo son los que están en casa del gobernador.

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