lunes, 29 de diciembre de 2014

DICHOSO 25 POR CIENTO (Articulo publicado en Diario de Ferrol 02.11.2014)


Con alguna frecuencia se suele escuchar que España -o este país para que cada uno elija- es tan grande, fuerte, extraordinaria o rica, que a pesar de los muchos intentos a lo largo de la historia y con pena de una parte del mundo anglosajón, no hay forma de tumbarla.

Lo que sí es un hecho reconocible es que la Nación, envidia de unos pocos y admiración de muchos, ha evolucionado  tanto que   ha logrado una de las sociedades con  mayor  bienestar  y  más liberal del mundo.

Precisamente esta última circunstancia, la sociedad tolerante, permite que unos pocos con posiciones personales y viscerales destaquen y abusen de “unos muchos”  inmensa mayoría silenciosa de población paciente  dedicada a su trabajo y esfuerzo contribuyendo  al progreso común.

La más profunda y prolongada -van siete años- crisis económica y también moral, no nos engañemos. Los intereses personales de una minoría soberanista y sus manipulaciones, los “muy honorables”, los referendos del “no al petróleo” y el otro, las tarjetas opacas, el episodio del ébola afortunadamente ya encauzado, el perro Excalibur, el político que suprimirá el Ministerio de Defensa,  el turismo sanitario, la burbuja inmobiliaria, la bancaria y la próxima que será la del futbol; aun siendo una gran preocupación tampoco tumbarán esta gran empresa, insisto, llamada España.

También es cierto,  que aunque los múltiples problemas no nos tumben nos complican la existencia y en consecuencia hay que solucionarlos; unos tienen fecha de caducidad cercana, como los comentados, pero otros, quizás  más importantes, no la tienen tan cerca y abordarlos puede ser la clave para ver  “futuro”.

Después  de los cuantiosos rescates, con el dinero de todos, la continuista y admitida política bancaria difícilmente tiene explicación. La siempre esperada reforma de la administración, entendiéndola como una adecuada utilización de sus recursos buscando la eficiencia, continúa pendiente. La apuesta por el emprendedor y el I + D + i es testimonial.

 Llevando ya años con la reforma laboral, que también nos cuesta a todos, habría que preguntarse para cuando la reforma  de la patronal. La pérdida de competitividad y fracaso empresarial tienen mucho más que ver con una gestión deficiente y poco con el trabajo de profesionales que obligados por las circunstancias triunfan en la emigración.

Tampoco olvidemos otra burbuja: la política.

Por el mundo adelante no deja de sorprender el enorme contraste que supone una sociedad con el mayor desempleo y emigración de talento de los países desarrollados, conviviendo con las mejores infraestructuras, sistema sanitario ejemplo de muchos, calidad de vida en general envidiable o grandes empresas multinacionales que triunfan en todo el planeta, gestionando concesiones estatales, construyendo infraestructuras del mañana o  vistiendo a medio mundo.

Aquí también nos deberían de sorprender otras cifras que dan vértigo. Los españoles, con nuestros impuestos mantenemos más de 445.000 políticos, más de 5.000 empresas públicas y 8.120 ayuntamientos.

Alemania, país federal, necesita 150.00 políticos para administrar una población de cerca de 82 millones de personas, nosotros somos 47.

A pesar de los sacrificios en carga fiscal, pensiones, salario mínimo (el  nuestro, 785 € es el 63% de la media de la UE de los quince, en Irlanda es de 1.653 €),  el déficit y la deuda pública son escalofriantes. Es decir, para entendernos, el aparato del Estado incluyendo todas las administraciones, debe prácticamente tanto como la riqueza de todo el país y además continua gastando más que lo que ingresa, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta el “personal en nómina” a mantener.

El actual sistema público estatal, autonómico, provincial y local, ha servido en su momento, pero es ahora de plantear cambios, no es cuestión de rebajar libertades y si de gestionar bien.

El conjunto de la sociedad debe ser consciente de que mientras no abordemos estos   problemas,  el drama de la falta de oportunidades, la pérdida de calidad de vida, la cada vez mayor desigualdad social, no acabarán.

“Pinchar la burbuja” es el principio de la  solución para una situación que atenta directamente contra la dignidad personal de casi cinco millones de personas -1/4 de la población activa-. Mientras no atajemos esta escandalosa y vergonzosa cifra viviremos  en continua angustia debido al “dichoso 25 por ciento”.

 

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