A primera vista, no deja de llamar
la atención por su sencillez y realismo - especialidad del artista- y nos puede
sugerir, en los rostros, sobriedad y
posturas, lo difícil que resulta la vida reciente de este país del siglo XXI.
A uno, que le gusta la pintura
como neófito e inexperto, le sorprende, en cierta medida que el pintor empleara veinte años en su obra, pero
la vorágine de acontecimientos en ese tiempo la convertirán en el mejor testigo.
Los expertos en arte nos explicarán la inmensa
lectura que se puede sacar de un cuadro y la intensidad del mensaje que el
autor quiere trasmitir.
Un recorrido por pintores y pinturas Reales de nuestra España
convulsa nos puede guiar por la sinuosa trayectoria de un país que no dejará de sorprender a propios y extraños en cuanto
se empieza a profundizar en su azarosa vida.
Ya desde los Reyes Católicos los
pintores de La Corona destacan por su excelente calidad. Entre otros muchos y
quizás por más conocidos, podemos citar a Pedro Pablo Rubens y Diego Velázquez
en la corte de Felipe IV o al mismísimo Francisco de Goya en los tiempos de
Carlos III y Carlos IV.

La Familia de Felipe IV, más conocida como Las Meninas de Velázquez -tiene entre otros méritos el de recopilar todas las técnicas pictóricas en un solo lienzo- es representativa del siglo XVII. Goya, con el majestuoso retrato de la Familia de Carlos IV, nos deja una de las mejores obras de la pintura de cámara española dos siglos después en el XIX.
Los críticos de arte no dudan en
afirmar que los retratos reales son una fuente de conocimiento de las
circunstancias históricas de cada momento. Se dice que las Meninas reflejan
tiempos difíciles para la Monarquía, tiempos en los que se pierden territorios
y se asiste a su reparto entre Inglaterra y Francia como ocurrió con los de Flandes.

En la pintura de Goya, destaca la figura de la Reina sobre el mismo
Rey y refleja por la regia vestimenta, condecoraciones y joyas el ambiente burgués
y al mismo tiempo trasmite la tranquilidad de la sucesión real que representan
los más jóvenes de la composición. Tampoco
los ojos de los personajes dejan de ser comentados.
En estos días estamos asistiendo
al nacimiento de una obra que se unirá a las dos mencionadas, otros dos siglos
después, por su oportunidad en el tiempo
histórico que vivimos y por la innegable calidad. En pocas palabras un lienzo que
marcará historia en un futuro; un cuadro que será testigo de continuidad de unión y esfuerzo común de una
mayoría para superar otros duros momentos o de un fracaso guiado por unos pocos
dispuestos a imponer criterios e intereses personales y su propia minoría excluyente,
xenófoba y reaccionaria.
El cuadro -volviendo al mismo y
aun viéndolo en lejanía fotográfica- desborda sobriedad, paciencia, sinceridad; en
una palabra serenidad, trabajo y esfuerzo por un futuro posible.
En el retrato de la familia real, nos podemos ver representados
una mayoría de españoles que
busca ansiosamente un mañana digno, que
no se basa más que en una convivencia tranquila y la posibilidad de un trabajo
también digno que ahora se resiste. Que
quieren vivir y progresar asumiendo las
reglas de juego que han aprendido -e intentan trasmitir a las nuevas
generaciones- en una juventud no muy
lejana y que ahora ven que un mínimo porcentaje de gobernantes, políticos y “gente de cartel”
dejan a un lado con fines personales y de lucro.
Sentencia una teoría sociológica
que de no existir políticos este país es tan homogéneo que “el hecho diferencial”, la superioridad y los
privilegios por nacimiento y circunstancias sociales no merecerían atención. No
deja de ser una triste paradoja que paguemos a políticos empeñados en buscar y
afianzar nuestras diferencias, ignorando y ocultando lo que nos une.
Antonio López ha plasmado en este lienzo un episodio más de nuestra
historia. Es cuestión de tiempo para que cantidad de expertos nos enriquezcan
con sus comentarios.
Lejos de la distante suntuosidad
de escenarios y vestimentas de los siglos pasados, la sencillez actual no puede
pasar desapercibida. Contraste que rezuma cercanía, humanidad y trasparencia
ante errores reconocidos en un momento,
desde la transición a nuestros días futuros, que sentará las bases de
convivencia en uno de los países llamados a ser ejemplo de tolerancia, progreso
social y desarrollo humano a pesar de la intransigencia de unos pocos.

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