(Publicado en Diario de Ferrol el 29/09/2.018)
Alguien, político extranjero,
dijo que España era un gran país, pues por mucho que lo intentan e intentamos,
no hay forma de tumbarlo. Ahora mismo hay unos cuantos en plena faena.
Desde luego lo que sí está claro
es que su historia es de lo más convulsa. Invasiones, monarquías, regencias,
dictaduras, golpes de estado, sediciosos, guerras internas. Escriben las
páginas de un libro que por complejo no deja también de ser apasionante.
Roma, nos conquistó, ya antes de
Cristo; cogieron el relevo los visigodos y posteriormente los árabes. Se puede
decir que el germen de la nación actual comenzó con la Reconquista y la
expulsión de estos últimos en el siglo XIII. Pero aun así pasarían dos siglos
de disputas entre los diversos reinos, Castilla, León, Navarra, Asturias,
Aragón, Valencia o incluso condados como el de Barcelona, hasta que el
matrimonio de Isabel con Fernando empezó la consolidación peninsular que no tomaría
formas actuales hasta bien entrado el siglo XVI, aun así, estamos hablando de
prácticamente cinco siglos de existencia de la nación más antigua de Europa.
Centrándonos en épocas más
cercanas, el siglo XX y lo que va de éste y recurriendo a trabajos de
hispanistas extranjeros -para no ser tachados de partidistas por nacionalistas
y populistas- veremos que la historia
es cíclica y recurrente.
A grandes rasgos, el siglo pasado
destaca por una verdadera cascada de acontecimientos sociales, políticos y
militares que da vértigo.
Dos circunstancias tendrán un
peso específico en su evolución, la perdida de las colonias dos años antes y el
crack del 29 que empezando en EEUU afecta a todo el mundo, como pasa en estos
momentos con la crisis del 2.008.
Regencia de la Reina Madre, el gobierno
de Alfonso XIII, desastre de Annual en Marruecos y las revueltas populares
contra la guerra; dictadura consentida de Primo de Rivera que acabará
costándole el exilio al propio Rey. La proclamación de la Segunda República de
Alcalá Zamora y borrador de nueva
Constitución, elecciones ganadas por el centro derecha y revueltas de Asturias
y Barcelona. Nuevas elecciones para la izquierda, desmanes de toda índole
incluyendo asesinatos, persecuciones políticas, intento de sedición –lo de
ahora no es nuevo- golpe de estado militar y fratricida guerra civil donde,
como en toda guerra, hubo héroes y villanos en los dos bandos, aunque algunos
todavía no lo quieren entender.
Dictadura militar hasta la
proclamación de la Monarquía parlamentaria del Rey Juan Carlos I. La nueva Constitución
del 78, intento de golpe de estado y transición de amplio consenso, admirada
por propios y extraños.
Después del agitado siglo, su
último periodo y lo que llevamos de este han sido, una de las etapas más
brillantes de crecimiento, desarrollo político y avances sociales hasta que una
vez más una crisis económica se interpone en el camino y da pie a viejos
fantasmas ya conocidos como el populismo, extremismos o nacionalismos
excluyentes y xenófobos, incluyendo la sedición.
Una vez más el ciudadano de a
pie, esa inmensa mayoría que no falsifica ni sus carreras ni masters, que no
busca más que una sociedad estable que le permita vivir, formar y no deformar a
sus hijos, tener trabajo racional y razonablemente retribuido para llevar una
vida digna, se pregunta si merecemos la clase política en la que confiamos la
gestión de España.
Se pregunta por qué las crisis
siempre las pagan los mismos; por qué una crisis económica perjudica duramente
al profesional que o bien pierde su empleo o acaba trabajando por la mitad del
sueldo, mientras que el político, pase lo que pase, cada vez ingresa más y
aumenta sus privilegios.
Se pregunta por qué en momentos
que nuevamente empiezan a ser críticos, no se abordan con valentía los
verdaderos problemas como el desempleo estructural, despilfarro de caudales
públicos, deslealtades institucionales, corrupción, abultada nómina de
políticos, reforma de la administración pública.
Se pregunta por qué cuando parece
que estamos saliendo de la presente crisis, solo comparable a la mencionada del
29, de nuevo la economía pierde fuelle, se quiere romper el límite de gasto público,
se crean cuatro nuevos ministerios, no se acaba de solucionar el último golpe
de estado y correspondiente malversación de fondos públicos o se esfuman, en
tres meses, once mil millones de euros de la bolsa española
No es de extrañar que el ciudadano
de a pie acabe pensado: hace un día esplendido, ya verás como viene uno y lo
jode.
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