sábado, 3 de diciembre de 2011

LA POLITICA Y SUS TIEMPOS


Si una persona tiene la poca fortuna -en este país demasiado habitual- de que le toque la “lotería” del desempleo y además tiene obligaciones financieras y familiares, le falta tiempo para buscar una solución. No dudará en hacer los máximos esfuerzos para negociar su reincorporación al mundo laboral y alcanzará acuerdos lo más pronto posible aunque no sean lo más ventajosos que pudiera esperar.

Si a un empresario se le va de las manos su negocio, la actuación será muy similar a la anterior. Negociará una nueva financiación, buscará nuevas estrategias comerciales o mejorará producto o producción. En España, además, lo primero que hará será acudir a la vía  fácil de reducir plantilla. En algunos casos también es posible que se busquen responsables de la situación y se produzcan cambios en determinados puestos.

A un emprendedor también le faltará tiempo para buscar capital, hacer trámites –compleja labor en nuestra sociedad- y arrancar con su idea para empezar a generar ingresos.

En todos estos casos la actitud es similar: ir al grano porque la situación afecta directamente a las necesidades más elementales. El tiempo es oro porque va en ello el poder tener ingresos y en consecuencia llevar una vida digna. Hay una situación  clave en todo esto, si no se buscan soluciones no se llega a fin de mes.

En estas circunstancias la serenidad, reflexión, contención del gasto, el trabajo, el esfuerzo y la imaginación son normas de comportamiento. La madurez y experiencia –hoy no valoradas- son la clave para salir adelante.

En estos momentos estamos ante una crisis, casi global, que muchos ya se han atrevido a calificar igual o mayor que el famoso derrumbe económico del 29 en el siglo anterior.

No deja de ser sorprendente que a la hora de buscar soluciones, ayuntamientos, comunidades autónomas, gobiernos y principalmente la Unión Europea no observen el comportamiento de los casos anteriores, al menos en lo que se refiere a los tiempos.

Son momentos en que los casos de despilfarro e incluso corrupción son noticia casi diaria de primera plana, principalmente en los países periféricos.

Mientras los especuladores hacen su particular agosto, la Unión Europea se eterniza en reuniones y discursos que hasta la fecha no han conseguido más que aumentar la ya de por si enorme desconfianza de los mercados hacia la Eurozona.

Dejando a un lado el eterno dilema, en el que ni los más expertos se ponen de acuerdo, de gastar más para reactivar el consumo o aplicar drásticos recortes. A estas alturas podemos ver que hay una profunda división entre los países, teóricamente, mejor gestionados por sus gobiernos y los que en principio podríamos denominar derrochadores.

Los primeros, no sin cierta razón, abogan por establecer unos presupuestos comunes de obligado cumplimiento mediante importantes sanciones y pérdida de derecho a voto de los infractores.

Los segundos se decantan por los Eurobonos, que no deja de ser un reparto de la deuda, de los más despilfarradores, con los que han llevado mejor las cuentas. De no haber controles en este caso, el resultado final podría ser que una vez “quemadas”  las deudas soberanas de los países en dificultades el mal se acabe contagiando a toda la Unión, con lo que, sin ninguna duda,  llegaríamos al final del Euro.

Lo que si está bien claro que para llegar a acuerdos en estos aspectos las prisas no parecen ser excesivas. Quizás unos pocos políticos involucrados, lejos de aplicar el sentido común, piensen que en el fondo esto no es su problema;  porque a diferencia de los casos anteriores, ellos si cobrarán a fin de mes –si habrá ingresos- pase lo que pase y además una mayoría tendrán su jubilación arreglada.

Desde luego hay que entender, como humanos que somos, que la situación personal de principio es bien distinta y a más de uno podría llevarlo a equívocos. Pero esos pocos deberían de  pensar que de seguir así la debacle podría ser de tal calibre que hasta ellos mismos vieran peligrar su futuro.

Sin olvidar  que el político tiene la obligación de encontrar soluciones, pues ya que es el primero en atribuirse  méritos, también  tiene que afrontar su responsabilidad en  los errores y no dejando de reconocer que alcanzar acuerdos entre diecisiete países con distintas culturas, historia, nivel de desarrollo y en consecuencia intereses es una compleja labor; el ciudadano medio europeo, doy por seguro, que  daría por bien empleado el retraso hasta la fecha si definitivamente la Unión pudiera ver la luz al final del túnel de una vez por todas.  La política y sus tiempos también tienen final.



1 comentario:

  1. No hay por qué preocuparse, la crisis del 2008 se solucionó dando al jugador de la ruleta la cantidad que había perdido. Ahora lo que ocurre es que todos los otros jugadores quieren también aprovechar la ocasión ya que la casa permite jugar sin riesgo. Sólo puedes ganar.
    ¿Quien pone el dinero? -esos insignificantes currantes que ante el miedo de perderlo todo se conforman con perder la mitad.
    Cuando se cansen de jugar, cuando lleguen al límite de las posibilidades de exprimir al pueblo podremos volver a empezar. Mientras hay que esperar o montar una revolución de ninis y viejos prejubilados.

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